Incertidumbre. Esa es la palabra que mejor define a los mercados en los últimos meses. Pese al ruido geopolítico y a las dudas sobre la evolución de los tipos de interés, las Bolsas han seguido avanzando y encadenando máximos históricos, mientras la economía ha mostrado una resistencia mayor de la prevista. Sin embargo, el mercado de deuda empieza a lanzar señales menos complacientes. Las dudas sobre la inflación, los tipos de interés y la situación en Oriente Próximo han devuelto la tensión a la renta fija. Con este telón de fondo, el Tesoro español ha inaugurado agosto con una subasta de letras a seis y doce meses, en la que ha captado 6.215,6 millones de euros. En sintonía con el comportamiento del mercado secundario en las últimas jornadas, las expectativas de inflación y de tipos más altos durante más tiempo han llevado al Tesoro a elevar la remuneración ofrecida a los inversores. Los rendimientos suben un nuevo escalón y, en el caso de la referencia a 12 meses, alcanzan máximos de septiembre de 2024. A pesar de las crecientes dudas sobre la evolución de los tipos, la fortaleza de la economía española sigue respaldando el interés por la deuda del Estado. Los buenos datos macroeconómicos, con un mercado laboral que continúa mostrando resistencia, se han reflejado en la demanda. Las órdenes de compra han superado los 11.079 millones de euros, lo que sitúa la ratio de cobertura cerca de las dos veces el importe adjudicado y evidencia que los inversores mantienen su confianza en el papel español.El grueso de la emisión, unos 4.350 millones de euros, corresponde a las letras a 12 meses. Las dudas sobre la evolución de los precios y la posibilidad de que el BCE se vea obligado a mover ficha de nuevo tras el verano se han traducido en unos rendimientos 16 puntos básicos superiores, hasta el 2,679%, su nivel más elevado desde septiembre de 2024. A diferencia de entonces, cuando la institución presidida por Christine Lagarde acababa de iniciar el ciclo de bajadas de tipos, el mercado vuelve ahora a valorar el riesgo de un nuevo endurecimiento monetario. El temor a que el encarecimiento de la energía termine trasladándose a salarios y costes empresariales, alimentando nuevas subidas de precios, ha reavivado el riesgo de los denominados efectos de segunda ronda, un escenario que podría obligar al BCE a mantener una postura más restrictiva durante más tiempo.La subida de los rendimientos también tiene su lado positivo. El ahorrador más conservador, que durante años tuvo que conformarse con depósitos de escasa remuneración, ha encontrado en las letras del Tesoro una de las alternativas más atractivas para obtener algo más de rentabilidad sin asumir grandes riesgos. Sin embargo, el repunte de los intereses no basta para compensar la escalada de los precios. Con una inflación que en julio alcanzó el 3,5%, su nivel más alto desde mayo de 2024, la rentabilidad real que ofrecen las letras sigue siendo negativa.A pesar de ello, los inversores continúan apostando por este producto y las peticiones no competitivas en las letras a doce meses alcanzaron los 977 millones de euros. Hay que tener en cuenta que la demanda de los ahorradores suele presentar un importante componente estacional. En los meses de mayor gasto, como el verano o la campaña navideña, los minoristas tienden a reducir sus inversiones y a reservar una mayor parte de su ahorro para afrontar el consumo.En letras a seis meses se han adjudicado 1.686,55 millones de euros al 2,512%, superior al 2,4% registrado el pasado julio, y el tipo más alto desde enero de 2025. La demanda de los pequeños ahorradores ha alcanzado los 659,7 millones. Más allá de la subasta, el resultado sirve además para tomar el pulso al mercado de deuda después de que la reunión de la Reserva Federal de la semana pasada reforzara entre los inversores la idea de que los tipos de interés podrían mantenerse elevados durante un periodo más largo. Desde entonces, los bonos han registrado una mayor volatilidad y las rentabilidades han repuntado ante la perspectiva de que el proceso de desinflación avance más lentamente de lo esperado. A corto plazo, la evolución de la situación en Oriente Próximo, su impacto sobre el precio del petróleo y las declaraciones de los responsables de política monetaria seguirán marcando el pulso de los mercados y el coste de financiación de gobiernos y empresas. Hasta ahora, la abundante liquidez ha permitido absorber el creciente volumen de emisiones de deuda y ha facilitado que las Bolsas continúen avanzando. Sin embargo, los expertos advierten de que un repunte sostenido de los costes de financiación podría poner a prueba ese equilibrio en un momento en el que los desequilibrios de las cuentas públicas, el aumento del gasto en defensa y las multimillonarias inversiones en inteligencia artificial emprendidas por las grandes tecnológicas figuran entre las principales fuentes de preocupación para los inversores.Para conocer con mayor precisión las intenciones de los bancos centrales, los mercados tendrán que esperar a la reunión de Jackson Hole, prevista para la última semana de agosto. Aunque el presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, ha demostrado que no es partidario de dar pistas sobre la evolución de los tipos de interés, sí ha adelantado que el encuentro traerá novedades. Por ahora, la Fed ha anunciado la creación de cinco grupos de trabajo que analizarán cuestiones como los indicadores utilizados para la toma de decisiones, la gestión del balance o el impacto de la inteligencia artificial. Los inversores seguirán de cerca estas iniciativas en busca de señales sobre el rumbo futuro de la política monetaria y sus efectos sobre las condiciones de financiación de gobiernos y empresas.
El Tesoro paga el 2,68% por las letras a 12 meses, el tipo más alto desde septiembre de 2024
Las expectativas de inflación y de tipos más altos durante más tiempo elevan el coste de financiación










