En un año atravesado por la campaña electoral, conviene detenerse en algunas de las posiciones que viene adoptando Javier Milei y en las contradicciones que aparecen detrás de su discurso. La reciente polémica por las críticas a la Argentina, la ofensiva contra los estudiantes extranjeros y el decreto vinculado con el llamado discurso de odio forman parte de una misma discusión: hasta dónde puede avanzar el Gobierno cuando lo que está en juego son las libertades y el modo en que el país se relaciona con el mundo. Estamos en un año de modo electoral y conviene revisar en qué está Milei. Pensemos en la campaña antiargentina que se produjo al final de la Copa del Mundo, cuando comenzaron las críticas a la Argentina por racismo. Fueron críticas delirantes, producto de cuatro o cinco personas que dijeron barbaridades y que, como consecuencia de los algoritmos, se dispararon a la estratósfera. Los algoritmos están pensados para eso. Si el comentario de Samuel Jackson o de Rosalía hubiese sido halagador respecto de las virtudes de la Argentina, eso no se hubiese viralizado. Pero como han dicho barbaridades, las barbaridades se viralizan rápidamente. De hecho, no conozco ninguna viralización de algo que no sea una barbaridad. Así funciona esto. Entonces, el presidente aprovechó esa supuesta campaña contra la Argentina para plantear que estaba financiada por Lula, por el wokismo y por el multiculturalismo. Eso derivó rápidamente en una campaña contra los estudiantes extranjeros que vienen a la Argentina, acusándolos de aprovecharse de nosotros y planteando que hay que cobrarles todo. Al mismo tiempo, en el Senado se está discutiendo la Ley de Tierras, para darle la bienvenida a los extranjeros que puedan comprar la mitad de la Patagonia. Doble discurso.
La doble vara de Milei ante la Ley de Tierras y los discursos de odio
El Gobierno cuestiona a los extranjeros que llegan al país mientras avanza una iniciativa que facilita la compra de tierras por parte de extranjeros. A la vez, el discurso de odio aparece como argumento para limitar el ingreso de quienes critican a la Argentina.












