Hoy entra en vigencia el DNU que habilita expulsar o impedir el ingreso de extranjeros por supuestos "mensajes de odio" contra la Argentina. La medida constituye el ingreso del gobierno de Javier Milei en un nacionalismo oportunista, superficial y contradictorio. El presidente, que llegó al poder embanderado en el anarcocapitalismo y denunciando el colectivismo, ahora abraza un chauvinismo bobo, como bien señala la tapa de Noticias que estamos mostrando, que necesita enemigos externos para compensar el desgaste interno de su gestión y la falta de respuestas económicas y sociales. Si algo caracterizó al Milei previo a la presidencia fue precisamente su escasa preocupación por los consensos nacionales. A tal punto que le queda muy bien el mote de “Cipayo”. Insulta a mandatarios extranjeros de signo político opuesto al suyo, califica a países vecinos con términos despectivos, recomendó a jóvenes argentinos emigrar porque vivían en un "país de mierda" y aseguró que la patria no debía ser un límite para los individuos que buscan progresar. Pero ahora aparece una versión renovada del Presidente: un guardián del orgullo argentino, preocupado por los agravios contra la Nación y dispuesto a utilizar el poder del Estado para defenderla de supuestos ataques externos. La pregunta inevitable es: ¿desde cuándo Javier Milei se convirtió en nacionalista? El problema no es que un gobierno defienda la identidad de un país. Y más en un país como Argentina, que tiene parte de su territorio ocupado por Inglaterra, las Islas Malvinas. Todas las sociedades necesitan símbolos, tradiciones y una idea compartida de pertenencia. La contradicción aparece cuando ese nacionalismo surge como una herramienta circunstancial, activada cuando conviene políticamente y abandonada cuando entra en conflicto con otros principios del propio discurso oficial. El nuevo chauvinismo mileísta no parece surgir de una convicción histórica o doctrinaria, sino de una necesidad coyuntural: encontrar nuevos enemigos, ordenar a la propia tropa y desplazar la conversación desde los problemas concretos de la economía hacia una batalla cultural donde siempre haya un adversario al que combatir.
Día 961: El chauvinismo bobo de Milei es anti Argentina
Entre la necesidad de recuperar iniciativa política y la búsqueda de nuevos enemigos externos, el Gobierno adopta un chauvinismo de ocasión que contradice las bases del discurso libertario y enciende alarmas por su inconstitucionalidad.













