Abrir una cuenta en redes sociales se ha convertido en un rito de iniciación cada vez más temprano. Para muchos chicos, ocurre a los 10 u 11 años, cuando comienzan a utilizar Instagram, TikTok, Facebook u otras plataformas para comunicarse con amigos, consumir videos o seguir a creadores de contenido. Sin embargo, una nueva investigación sugiere que ese ingreso temprano al universo digital podría tener consecuencias que se extienden más allá de la pantalla.Un estudio publicado en la revista Nature Human Behaviour encontró que los adolescentes que crearon una cuenta en redes sociales durante los primeros años de la secundaria obtuvieron peores resultados académicos en los años posteriores que aquellos que postergaron ese paso hasta los 14 o 15 años.La investigación fue realizada por especialistas de la Universidad de Milano-Bicocca, la Universidad de Brescia, el Centro de Estudios Socialis y la asociación Sloworking. Para ello analizaron información de 5227 estudiantes de 28 escuelas del norte de Italia y la compararon con los resultados obtenidos por esos mismos alumnos en las pruebas nacionales estandarizadas Invalsi de italiano, inglés y matemática.Los investigadores estudiaron cuándo cada alumno había abierto su primera cuenta en redes sociales y siguieron su desempeño académico a lo largo de distintas etapas de la escolaridad. Los resultados mostraron una tendencia consistente: cuanto más temprano había sido el ingreso a las plataformas, peores eran los resultados posteriores en italiano y matemática.En particular, los estudiantes que abrieron una cuenta entre los 11 y 12 años registraron desempeños significativamente más bajos que quienes esperaron hasta los 14 o 15 años o más. Al llegar a los 15 y 16 años, la diferencia observada equivalía aproximadamente a seis meses de escolarización. En matemática, incluso, la brecha tendió a ampliarse con el paso del tiempo.El estudio no encontró, en cambio, diferencias significativas en inglés. Los autores plantean que esto podría estar relacionado con la gran cantidad de contenido en ese idioma disponible en redes sociales, que funciona como una forma adicional de exposición y práctica para los adolescentes.Uno de los hallazgos más llamativos surgió al analizar los hábitos cotidianos de los participantes. Los alumnos que decían revisar el teléfono con mayor frecuencia eran justamente quienes tenían más probabilidades de haber abierto una cuenta a edades tempranas y también quienes obtenían peores resultados en italiano y matemática.Para Marco Gui, investigador de la Universidad de Milano-Bicocca y autor principal del trabajo, la explicación más probable no pasa necesariamente por el tiempo total que los adolescentes permanecen conectados, sino por la interrupción constante de la atención.“Parece que estamos frente a un problema complejo relacionado con la forma en que estas plataformas están diseñadas”, sostuvo Gui al presentar los resultados.En declaraciones a la agencia ANSA, el investigador señaló que la hipótesis más consistente es que las calificaciones terminan afectadas por la consulta permanente de las redes sociales a lo largo del día. “De todas las posibles explicaciones analizadas en nuestro estudio, la más plausible es que las calificaciones se ven afectadas por el impacto de consultar constantemente las redes sociales a lo largo del día, lo que provoca sobreestimulación y una distracción prolongada”, afirmó.Los autores destacan que, aunque se trata de un estudio observacional y no puede demostrar una relación causal absoluta, el análisis controló numerosos factores que podrían haber distorsionado los resultados, como el desempeño académico previo, el nivel educativo de los padres y otras variables familiares. Por eso sostienen que la evidencia obtenida aporta indicios sólidos sobre el efecto del uso temprano de las redes sociales en el rendimiento académico.A la luz de los resultados, Gui considera que las medidas de alfabetización digital deberían complementarse con una revisión de ciertas características de diseño que fomentan el uso compulsivo de las aplicaciones. También sostuvo que retrasar el acceso de los menores a las redes sociales podría resultar beneficioso.“Debemos trabajar en la alfabetización digital y en las competencias básicas. También es importante revisar las características de diseño de las plataformas que fomentan un uso compulsivo. Por último, sería beneficioso retrasar el acceso de los menores a las redes sociales, incluso mediante la regulación”, concluyó.