Hay una imagen icónica de la Ciudad de México que muestra una realidad difícil de ignorar en Santa Fe. De un lado se levantan algunos de los edificios corporativos más modernos del país con algunos de los despachos más reconocidos; del otro, separados solo por una barranca, comunidades con carencias de desarrollo evidentes. Esa imagen nos recuerda que la desigualdad divide más que personas, pues condiciona la posibilidad de crecimiento de muchas maneras. Hoy esa misma lógica se reproduce en un nuevo territorio: el digital. Según el Stanford AI Index Report, en los últimos años Estados Unidos ha concentrado cerca del 90% de la inversión privada en inteligencia artificial realizada por las tres principales economías del sector. Esto se traduce en más de 109 mil millones de dólares, lo que representa 12 veces más de lo que invirtió China, por ejemplo. No sorprende entonces que el Primer Informe Científico Internacional sobre la Seguridad de la Inteligencia Artificial, presentado por Naciones Unidas, advierta que el desarrollo de esta tecnología se encuentra altamente concentrado. La advertencia es clara: la siguiente gran brecha entre países probablemente ya no solo sea económica, sino tecnológica. Esta realidad obliga a mirar el problema desde tres dimensiones: el impacto de la brecha tecnológica en la reproducción de desigualdades, la dependencia que puede surgir cuando pocos países concentran el desarrollo de nuevas tecnologías, y la importancia de preservar la soberanía tecnológica como forma de conservar la capacidad de decisión. La tecnología se ha convertido en uno de los principales motores de crecimiento económicos. Los países que lideran estas industrias suelen ser los que concentran mayor inversión, generan la mayor cantidad de empleos altamente especializados, registran más propiedad intelectual y atraen más talento. En consecuencia, la brecha tecnológica termina reproduciendo otras desigualdades: mayores ingresos, más innovación y mejores oportunidades laborales. Así como la desigualdad geográfica suele traducirse en diferencias de movilidad, educación o accesos a servicios, la desigualdad tecnológica comienza a reflejarse en la capacidad de generar más tecnología y riqueza. Si solo un grupo reducido de países desarrolla las tecnologías que impulsarán la economía del futuro, el resto inevitablemente dependerá de ellos para seguir siendo competitivos. Cada modelo de IA, cada plataforma, cada infraestructura computacional tendrá un propietario, un precio y condiciones de uso que serán definidas por quienes lleguen primero. Es decir, parte importante del desarrollo económico de muchos países dependerá de tecnologías sobre las que nunca participaron ni en el diseño ni en la definición de reglas. La soberanía tecnológica no significa que produzcamos absolutamente todo y que cerremos la puerta a la cooperación internacional, sino que existan las condiciones suficientes para conservar la capacidad de decidir. Decidir qué tecnologías desarrollar, cuáles adoptar, bajo qué condiciones utilizarlas y cómo proteger los intereses nacionales, incluidos los datos de la población. En esta nueva era, la soberanía ya no solo se ejerce sobre el territorio físico, también se construye participando en la definición de las reglas del entorno digital. Las desigualdades evidentes de Santa Fe nos recuerdan que en la economía digital también pueden existir barrancas entre países, unas construidas con infraestructura tecnológica, conocimiento técnico y capacidad de innovación. Reducir esa distancia no será solamente una responsabilidad científica, será una condición necesaria para que nuestro desarrollo futuro no dependa de las decisiones que otros tomen por nosotros. Con ello, hagamos lo que nos corresponde. Especialista en protección de datos, ciberseguridad y gobernanza de IA X: @lauraenriquezr Instagram: @laura.enriquezr Tiktok: @lauraenriquezr Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.
Las barrancas de la era digital: la nueva geografía de la desigualdad tecnológica, escribe Laura Lizette Enríquez Rodríguez
Hay una imagen icónica de la Ciudad de México que muestra una realidad difícil de ignorar en Santa Fe. De un lado se levantan algunos de los edificios corporativos más modernos del país con algunos de los despachos más reconocidos; del otro, separados solo por una barranca, comunidades con carencias de desarrollo evidentes. Esa imagen nos recuerda que la desigualdad divide más que personas, pues condiciona la posibilidad de crecimiento de muchas maneras. Hoy esa misma lógica se reproduce en un nuevo territorio: el digital. Según el Stanford AI Index Report, en los últimos años Estados Unidos ha concentrado cerca del 90% de la inversión privada en inteligencia artificial realizada por las tres principales economías del sector. Esto se traduce en más de 109 mil millones de dólares, lo que representa 12 veces más de lo que invirtió China, por ejemplo. No sorprende entonces que el Primer Informe Científico Internacional sobre la Seguridad de la Inteligencia Artificial, presentado por Naciones Unidas, advierta que el desarrollo de esta tecnología se encuentra altamente concentrado. La advertencia es clara: la siguiente gran brecha entre países probablemente ya no solo sea económica, sino tecnológica. Esta realidad obliga a mirar el problema desde tres dimensiones: el impacto de la brecha tecnológica en la reproducción de desigualdades, la dependencia que puede surgir cuando pocos países concentran el desarrollo de nuevas tecnologías, y la importancia de preservar la soberanía tecnológica como forma de conservar la capacidad de decisión. La tecnología se ha convertido en uno de los principales motores de crecimiento económicos. Los países que lideran estas industrias suelen ser los que concentran mayor inversión, generan la mayor cantidad de empleos altamente especializados, registran más propiedad intelectual y atraen más talento. En consecuencia, la brecha tecnológica termina reproduciendo otras desigualdades: mayores ingresos, más innovación y mejores oportunidades laborales. Así como la desigualdad geográfica suele traducirse en diferencias de movilidad, educación o accesos a servicios, la desigualdad tecnológica comienza a reflejarse en la capacidad de generar más tecnología y riqueza. Si solo un grupo reducido de países desarrolla las tecnologías que impulsarán la economía del futuro, el resto inevitablemente dependerá de ellos para seguir siendo competitivos. Cada modelo de IA, cada plataforma, cada infraestructura computacional tendrá un propietario, un precio y condiciones de uso que serán definidas por quienes lleguen primero. Es decir, parte importante del desarrollo económico de muchos países dependerá de tecnologías sobre las que nunca participaron ni en el diseño ni en la definición de reglas. La soberanía tecnológica no significa que produzcamos absolutamente todo y que cerremos la puerta a la cooperación internacional, sino que existan las condiciones suficientes para conservar la capacidad de decidir. Decidir qué tecnologías desarrollar, cuáles adoptar, bajo qué condiciones utilizarlas y cómo proteger los intereses nacionales, incluidos los datos de la población. En esta nueva era, la soberanía ya no solo se ejerce sobre el territorio físico, también se construye participando en la definición de las reglas del entorno digital. Las desigualdades evidentes de Santa Fe nos recuerdan que en la economía digital también pueden existir barrancas entre países, unas construidas con infraestructura tecnológica, conocimiento técnico y capacidad de innovación. Reducir esa distancia no será solamente una responsabilidad científica, será una condición necesaria para que nuestro desarrollo futuro no dependa de las decisiones que otros tomen por nosotros. Con ello, hagamos lo que nos corresponde. Especialista en protección de datos, ciberseguridad y gobernanza de IA X: @lauraenriquezr Instagram: @laura.enriquezr Tiktok: @lauraenriquezr Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.








