No es quizás de los destinos más turísticos de España, pero probablemente sea por error, por una omisión del destino o porque el país tiene muchos atractivos. Porque la verdad es que tiene argumentos de sobra con los que atraer visitantes: ciudades de cascos medievales rodeadas por murallas, antiguas iglesias, conventos, palacios y monasterios de piedra y una veintena de bodegas, todo en un territorio de suaves colinas y sierras.Se trata de la Ruta del Vino de Arlanza, que corre a orillas del río Arlanza, aproximadamente entre Santo Domingo de Silos en el este y Torquemada en el oeste, continuando luego por Palencia y Valladolid. Si se hiciera de un solo tirón, el viaje sería de unos 200 km y demandaría casi dos horas y media.Pero claro, eso no tendría mucho sentido, porque lo lindo de recorrer esta zona del norte de España, en la región de Castilla y León, es detenerse a cada paso: saborear buenos vinos con quesos y jamón serrano en alguna bodega cavada en la roca, sorprenderse con las tradicionales bodegas familiares subterráneas, escuchar a monjes entonando cantos gregorianos en antiguos monasterios, caminar por pasarelas entre las altas paredes de un desfiladero, admirar la reconstrucción de un pueblo típico hecho a mano por un artesano, y hasta jugar a ser Clint Eastwood reconstruyendo una escena de la famosa película Feos, sucios y malos. Allá vamos.De la bodega al Palacio Ducal“Estamos entre dos zonas vinícolas muy reconocidas de España, que son Rioja al norte y Ribera del Duero al sur, pero somos distintos, porque Arlanza es quizás la única zona del país donde se puede ver viticultura familiar; es una zona de viñedos pequeños y métodos muy tradicionales, no industriales”, nos cuenta Ramiro García, de la bodega Palacio de Lerma, antes de entrar a hacer un recorrido entre lagares y barricas y finalizar con la divertida experiencia “Crea tu popio vino”.Primero degustamos un rosado y dos tempranillos; uno fresco, joven, y otro que pasó 12 meses en barrica de roble, con más cuerpo y aromas más complejos. Cada equipo debe luego crear su propio blend con los tres, para que un jurado evalúe quién logró la mejor combinación. Buenísimo.Actualmente, la Denominación de Origen Arlanza cuenta con unas 15 bodegas, todas ubicadas en la provincia de Burgos, aunque nuestro recorrido pasará también por la vecina provincia de Palencia. “Nuestra ventaja es la altitud”, dice Ramiro, y agrega: “Con el calor y el cambio climático, las mejores zonas para producir vino son cada vez más las de cierta altitud. Aquí tenemos viñedos a 1.200 msnm, con un paisaje muy interesante de montañas, colinas y gran biodiversidad. Nuestras bodegas tienen todas muchos árboles frutales y hierbas aromáticas, y eso le da al vino un sabor increíble”. Comprobado.Lerma, 45 km al sur de la ciudad de Burgos, y 200 al norte de Madrid, es un pueblo de menos de 3.000 habitantes cuyo centro medieval está protegido por una gruesa muralla, y cuya preservación le ha valido el título de uno de los pueblos más bonitos de España.Atravesando el Arco de la Cárcel ingresamos al casco medieval y desandamos la hermosa Calle Mayor, de pisos empedrados y salpicada de bares tiendas y restaurantes aquí y allí, para llegar a la Plaza Mayor, presidida por el imponente palacio del duque de Lerma, construido en el siglo XV y ahora hotel, de la cadena Paradores de España.El edificio tiene una historia impresionante: levantado como fortaleza medieval, en el siglo XVII se transformó en palacio ducal, durante las invasiones francesas fue base del ejército francés, y también ofició de base militar y cárcel durante la guerra civil española.Es uno de los grandes patrimonios de esta ciudad rodeada por una muralla en uno de cuyos lados discurre un pasadizo elevado, que es por donde caminaba el duque entre su palacio y la Iglesia Colegial de San Pedro Apóstol, para no tener que mezclarse con el pueblo. Allí la Colegiata, una abadía que se consagró en 1617 con grandes festejos para la Corte y los nobles, y que ya desde el comienzo dependía directamente de Roma, es otro de los tesoros del lugar.Hoy resguarda la Oficina de Turismo, un museo y el Centro de Interpretación de la Villa de Lerma, que a través de maquetas, recreaciones de trajes y una bodega original de época, revela el esplendor del siglo XVII, cuando el duque de Lerma Francisco de Sandoval y Rojas, por su amistad de la infancia con el entonces rey Felipe III, convirtió a la localidad en un centro de poder.Extra muros, frente al Arco de la Cárcel, vale la pena visitar el Monasterio de Lerma, habitado por monjas de la orden Carmelitas Descalzas hasta 2016, quienes hacían votos de pobreza y no salían de los altos muros que rodean el lugar.Entrando por el amplio jardín que antes era una gran huerta y ahora luce cubierto de césped y con los preparativos para una boda, Diego Peña nos cuenta que junto con su esposa están a cargo del lugar para ofrecer visitas que invitan a conocer sus espacios y habitaciones y a vivir una experiencia inmersiva en la vida de época; no sólo explican cómo era la dura vida en clausura desde el siglo XVII, sino también nos invitan a preparar comidas típicas.“Hasta 2017 las monjas no salían nunca ni entraba nadie, excepto por el médico”, dice Diego mientras nos guía hacia la amplia cocina a leña donde vamos a preparar un cocido con habas, carne de vaca y cerdo y verduras, que mezclamos en unos cuencos de cerámica, con agua, y los dejamos sobre una losa caliente para que vayan cocinándose.En un patio interior contiguo, mientras se cocina todo, aprendemos a preparar las famosas morcillas de Burgos, que se destacan por incluir arroz, además de cebolla, manteca de cerdo, pimienta, orégano y otras especias. Enseguida van también al fuego, y un rato más tarde saboreamos todo en el comedor que por tantos años usaron las carmelitas descalzas.Lo cantos gregorianos de SilosClaustro románico, cantos gregorianos y una abadía medieval conforman un menú inicial -hay más para ver- más que atractivo para hacer 30 km al este de Lerma y llegar hasta la villa de Santo Domingo de Silos que, recostada sobre una ladera, roza los 300 habitantes.Llegamos al atardecer a nuestro hotel, en el que por años y años fue el Convento de San Francisco, abandonado forzosamente en 1836 por la desamortización -cuando el Estado expropió bienes de la Iglesia- y, luego de años de abandono, fue adquirido por los monjes de Silos y convertido en hotel.De aquí al monasterio de Santo Domingo son menos de mil metros, unos 10 minutos a pie. Ingresamos en silencio porque los monjes ya están cantando: este monasterio es el único de España que mantiene sus oficios religiosos y plegarias totalmente cantados en gregoriano, del grupo que en 1994 alcanzó fama mundial con su álbum Chant, que vendió millones de copias. Hoy se disfruta varias veces al día de sus misas cantadas.En el monasterio se visita un museo, la espectacular Botica -enormes estanterías con antiguos remedios- y su gran tesoro, por el que mucha gente llega hasta aquí: el claustro románico, construido entre la segunda mitad del siglo XI y comienzos del siglo XIII y considerado uno de los más extraordinarios del mundo.Solo un recorrido por el claustro inferior, de la segunda mitad del siglo XI y principios del XII, es para el asombro, con sus columnas y arcos decorados con bajorrelieves. La Ascensión, Pentecostés, La Sepultura y la Resurrección son algunas de estas obras maestras, aunque posiblemente la que capta más miradas sea el conjunto de La duda de Santo Tomás. Eso sí, cada capitel puede demandar mucho análisis y contemplación.Nos queda por mencionar otra razón por la que los visitantes llegan a Santo Domingo de Silos: La Yecla, un desfiladero ubicado en el Parque Natural Sabinares del Arlanza, recorrido por una angosta pasarela que zigzaguea entre altos acantilados de piedra, a varios metros sobre el arroyo Del Cauce, que ruge con fuerza después de una buena lluvia. Caminamos despacio buscando en lo alto a los buitres leonados, que anidan en las alturas de las paredes de piedra caliza.La particular formación dio lugar a una gran biodiversidad que permite ver también águilas reales, halcones peregrinos, búhos, zorros, gatos monteses, tejones y varios animales más. Un recorrido de casi una hora ida y vuelta que asombra con los paisajes y refresca el alma del calor del verano.Covarrubias y más alláOtro excelente refugio para el calor son las entrañas de la tierra, claro. Por eso entrar a la bodega Covarrubias es un alivio inmediato, seguido por el asombro: la bodega se extiende a lo largo de un túnel curvo excavado, literalmente, en la roca. El brindis con vino, jamón serrano y queso sabe a gloria.“A Covarrubias se la conoce como ‘La cuna de Castilla’”, nos explica nuestra guía, Mercedes Villanueva, mientras accedemos a la Plaza de Doña Sancha, donde se destaca uno de sus tesoros: el Torreón de Fernán González, la única torre defensiva de origen altomedieval castellano anterior al siglo XI que se mantiene en pie. Enfrente, la Casa de Doña Sancha, del siglo XV, considerada el máximo exponente de la arquitectura tradicional de la villa.Con poco más de 500 habitantes, Covarrubias es famosa porque en el siglo X se convirtió en capital del Infantado de Castilla, bajo el primer conde independiente, Fernán González, y luego su hijo García Fernández; eso la transformó en un importante centro del poder político y religioso. En 1965 su casco antiguo fue declarado conjunto histórico-artístico nacional.Es una delicia caminar por su calles empedradas, recorrer el Paseo de la Solana, a orillas del río Arlanza, cruzar el puente medieval de San Pablo, visitar la colegiata el siglo XV o la curiosa ermita de San Olav, que habla de la relación de la villa con la princesa Kristina de Noruega. Otro pueblo considerado entre los más bonitos de España.Para el final quedan dos escalas en la provincia de Palencia, que tienen que ver con tradiciones centenarias. Primero, un paso breve por Torquemada, tristemente célebre porque allí nació el más cruel de los inquisidores medievales, pero también por una razón mucho más amable: los Barrios de Bodegas (www.bodegastorquemada.es), que albergan un conjunto de pequeñas bodegas familiares subterráneas que hablan de la importancia que tuvo aquí la vitivinicultura desde finales del siglo XVI.Y la última escala es en las bodegas de Baltanás, a 13 km de Torquemada, donde las antiguas puertas de las bodegas familiares se suceden una al lado de la otra sobre un pequeño cerro (“El Cerrato”) en el que aquí y allá asoman viejas chimeneas de piedra de ventilación, casi como un paisaje de Gaudí.Descendemos varios escalones blanqueados a la cal para recorrer una de estas bodegas subterráneas, que muchas familias de la zona tienen desde siempre, antes para almacenar vinos y hoy con una función más recreativa.Y terminamos la visita en otra antigua bodega, ampliada y transformada en el restaurante La Zarcera, donde Patxi y Julia celebran la vitivinicultura con comidas, meriendas y picoteos de productos locales. Un blanco por aquí, un tinto por allá y ¡salud!Sad Hill, o cómo ser Clint Eastwood por un ratoMuy cerca de Santo Domingo de Silos, en el corazón del Valle del Arlanza, hay un escenario muy particular que vale la pena visitar, porque más de uno se lleva una gran sorpresa. Se trata de Sad Hill, localización de la escena final de El bueno, el malo y el feo, película que se rodó en 1966, dirigida por Sergio Leone y protagonizada por Clint Eastwood, Eli Wallach y Lee Van Cleef y hasta hoy es considerada uno de los grandes clásicos del “Spaghetti western”.En este sitio, donde se rodó la famosa última escena, la del duelo, la Asociación Cultural Sad Hill (@acsadhill) recuperó el cementerio tal como aparece en la película, y su presidente, Sergio García Hernández, recibe a los visitantes, reparte sombreros de cowboy y muestra una carpeta con imágenes del célebre filme en los que se ven de fondo los paisajes que nos rodean. “Este 2026, la película cumple 60 años”, avisa, antes de pedir tres voluntarios para reconstruir la escena final, en la que los protagonistas se baten a duelo para quedarse con el botín de 200.000 dólares enterrado en una de las tumbas.La asociación, además, impulsa proyectos culturales, turísticos y audiovisuales -exposiciones, conciertos, rutas teatralizadas, proyecciones, conferencias- que buscan mantener vivo uno de los rodajes más emblemáticos en la historia del género.Cómo llegarA Madrid tienen vuelos directos Aerolíneas Argentinas, Iberia, Air Europa y Plus Ultra. Ida y vuelta para septiembre, desde US$ 1.508.De Madrid a Lerma son 209 km por la autopista E-5/A-1.No hay trenes directos desde Madrid, por lo que la mejor opción a Lerma es en bus (2h 10’), desde 14 euros (ida).Dónde alojarseEn Lerma, Parador de Lerma: desde 135,26 euros la habit. doble. Con desayuno, 172,56.En Santo Domingo de Silos, Convento San Francisco: doble con desayuno, 127 euros.Cuánto cuestaExperiencia de cocina y visita al Monasterio de Lerma (6 hs), 120 euros por persona; grupos de 4 o más, 100 por persona.Entrada de la visita al monasterio Silos, 4 euros.Precios en restaurantes de Lerma: entradas desde 5 euros; pizzas desde 10; tabla de jamón ibérico, 13; hamburguesas, de 8 a 18; cervezas, 2,20; parrilladas para dos, 52 euros; p/cuatro, 72.Dónde informarse