Fue el propio Pablo Vázquez quien me dijo, un domingo a la salida de misa, que la enfermedad había reaparecido. Lo hizo como siempre hacía todo en la vida: con una sonrisa, hablar pausado y mucha templanza. Incluso en ese duro momento, en el que cualquiera de nosotros estaría al borde de las lágrimas, él transmitía paz y confianza, dos cualidades que siempre definieron todos sus pasos. Una trayectoria marcada por su enorme vocación de servicio, la auténtica, la que huye de los focos y busca que la fortuna le encuentre trabajando. Hombre de profundos valores cristianos y con una fe inquebrantable, su vida es mucho más que un ejemplo para todos los que tenemos la suerte de haberle conocido, es un referente moral y un regalo. Digo es, y no era, porque creo profundamente que sigue vivo. Sencillamente, él ya ha llegado a la meta. Una meta a la que, como todo jugador de baloncesto sabe, se llega en equipo. Y Pablo, gran amante de este deporte, tiene una selección entera detrás de él: su mujer, su perfecta horma del zapato, y sus cuatro hijos. Imposible dejar un legado mejor. Los éxitos personales de Pablo superan en mucho a cualquiera de los profesionales, y eso que deja, a sus 60 años, una dilatada carrera, siempre al servicio de España y del bien común, donde jugó la partida en las filas del equipo que más representaba sus colores, el Partido Popular, pero en la que siempre defendió las máximas de la deportividad y el respeto al rival. TE PUEDE INTERESAR Su mente privilegiada y su espíritu profundamente democrático han sido dos tesoros de los que nos hemos beneficiado todos los españoles, casi siempre sin saberlo, porque, a pesar de sus cerca de dos metros de altura, la discreción ha sido una de sus grandes señas de identidad. Fue asesor de la Oficina Económica del presidente del Gobierno durante los primeros años de gobierno de José María Aznar y, posteriormente, subsecretario del Ministerio de Sanidad. En 2005, dio el salto a la empresa privada como director ejecutivo del 'think tank' Fedea, donde se volcó en localizar talento patrio dispuesto a aportar ideas y soluciones para salir de la crisis cuando estalló la burbuja de 2008. Entonces, demostró su enorme espíritu constructivo buscando perfiles que dejaran de lado las diferencias para centrarse en lo importante: ayudar al país. El propio Luis Garicano, uno de los llamados por Pablo, lo recordaba la mañana de este lunes, poco después de conocer su fallecimiento, en un 'post' en el que destacaba la libertad de cátedra que siempre practicó su "queridísimo amigo", como él mismo lo ha definido. Pablo Vázquez en su etapa como presidente de Renfe Pablo Vázquez tuvo que aplicar todas esas ideas cuando el PP volvió al Gobierno y Ana Pastor, entonces ministra de Fomento, le nombró presidente de Ineco, primero, y de Renfe, después. En ambas empresas llevó a cabo un profundo trabajo de transformación de la cultura y la operativa que, en el caso de la ingeniería pública, terminó inspirando un caso de estudio de la escuela de negocios IESE. Aunque estas posiciones sean hoy las más recordadas, la trayectoria profesional de Pablo siempre ha estado marcada por su vocación docente, la misma con la que dio sus primeros pasos en la Universidad de Cantabria o, los últimos, en la Universidad Complutense de Madrid. También fue decano de CUNEF durante dos años, tras dejar la presidencia de Renfe, y asesor sénior de la consultora estratégica McKinsey, cuna de numerosos primeros espadas del panorama empresarial patrio, durante cuatro años. La carrera de Pablo Vázquez está marcada por su auténtica vocación de servicio, la que rehuye los focos y busca que la suerte le encuentre trabajando Cuando estalló la pandemia del covid, volvió a priorizar el servicio público con el arranque de Madrid Futuro, entidad nacida para transformar la economía de la capital y atraer inversiones en un momento en el que la incertidumbre tenía paralizada a la sociedad y solo los valientes se atrevían a dar pasos al frente. Pablo siempre fue uno de ellos. Con este mismo espíritu, se unió a Alberto Núñez Feijóo hace tres años, cuando asumió la presidencia de la Fundación Reformismo 21 y trabajó por construir los pilares ideológicos que necesita una sociedad tan herida en muchos de sus valores e instituciones como la española. Entonces, nos dio una lección de vida a todos, aceptando trabajar en primera línea cuando el cuerpo ya le había desafiado. Pero sus ansias por construir una sociedad mejor y ayudar a los demás eran superiores a cualquier obstáculo que se le pudiera poner por delante. También su amor por el deporte y la familia eran capaces de superar cualquier desafío, como demostraba cada verano, cuando se lanzaba a la aventura a hacer las mejores rutas, ya fuera en bici o andando. Pero siempre en equipo. La última vez que le vi fue hace poco más de un mes, recibiendo a los niños que llegaban del campamento de verano. Estaba junto a Cristina, su mujer, resguardándose del sofocante calor bajo una sombra, en una esquina de la parroquia a la que tanto ayudó, y en ese discreto segundo plano desde el que siempre quiso trabajar por el bien común. Fue el propio Pablo Vázquez quien me dijo, un domingo a la salida de misa, que la enfermedad había reaparecido. Lo hizo como siempre hacía todo en la vida: con una sonrisa, hablar pausado y mucha templanza. Incluso en ese duro momento, en el que cualquiera de nosotros estaría al borde de las lágrimas, él transmitía paz y confianza, dos cualidades que siempre definieron todos sus pasos.
El legado de Pablo Vázquez: al cielo se llega en equipo
Pablo Vázquez, expresidente de Renfe y asesor de cabecera de Alberto Núñez Feijóo, es mucho más que un ejemplo para los que tenemos la suerte de haberle conocido, es un referente moral y un regalo











