Las manos de técnicos y operarios ensamblaron durante meses piezas, explosivos y sistemas que debían funcionar con precisión dentro de un arma inédita. La bomba de Hiroshima nació del programa atómico impulsado por Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial y fue lanzada cuando Washington buscaba acelerar la rendición japonesa.

El ataque se decidió en una fase final del conflicto, después de que el desarrollo científico y militar permitiera convertir la fisión nuclear en un arma transportable por avión. Aquella detonación dejó además materiales capaces de conservar, a escala microscópica, información sobre lo ocurrido en esos segundos.

Una partícula conservó restos microscópicos de la detonación

Esa información reaparece ahora en una aleación rica en silicio localizada dentro de una partícula vítrea de la bahía de Hiroshima. El estudio, publicado en Science Advances y dirigido por Luca Bindi, geólogo y cristalógrafo de la Universidad de Florencia, describe una composición metálica y una estructura cristalina que no habían sido documentadas hasta ahora. El grano surgió cuando distintos materiales urbanos se vaporizaron y se enfriaron a gran velocidad tras la explosión.

La rareza del hallazgo se entiende mejor al observar el tamaño diminuto de la muestra examinada por el equipo. Mario Wannier, geólogo jubilado, encontró en 2019 pequeñas partículas de vidrio mientras revisaba arenas de la bahía, y esas piezas recibieron el nombre de hiroshimaítas.