En su afán por protegerla, los hijos de Mariana, de 82 años, comenzaron a hacer todo por ella. Incluso aquellas tareas que podía realizar sin mayor dificultad como atarse los zapatos, tender su cama y salir al jardín a arreglar sus flores. Poco a poco, la mujer que quedó viuda a los 40 años y sacó adelante su hogar, comenzó a sentir que su vida perdía sentido y cayó en una depresión que la postró en cama durante dos semanas.

Los médicos no encontraron problemas físicos que justificaran su estado. Sin embargo, la visita de su prima Elena le brindó una salida. Ella, cuya edad no distaba mucho de la de Mariana, recordó cuanto disfrutaban de tejer durante su juventud y le obsequió un manual con diseños en crochet, agujas e hilos.

A las pocas semanas, Mariana no solo había vestido los cojines de su cuarto con cubiertas realizadas por ella misma, sino que empezó a llamar con frecuencia a Elena para compartir fotografías de sus creaciones, a pedirle que le llevara más hilos y recuperó poco a poco la sonrisa. A partir de entonces, sus hijos la inscribieron en cursos de manualidades en línea e incluso comenzó a socializar a través de reuniones de Zoom con otros aficionados a las actividades manuales.