Los sofocos, el insomnio, los despistes o la falta de deseo sexual son síntomas que aparecen en la vida de millones de mujeres de todo el mundo alterando su día a día. Y lo hacen, envueltos en un halo de desconocimiento, incredulidad, e incluso, de negación. Y es que, esas y otras muchas molestias femeninas, responden a una realidad ignorada durante mucho tiempo, o al menos, no lo suficientemente atendida. Ese contexto que enmarca y explica la aparición de dichos síntomas es la menopausia, y también su hermana, la perimenopausia, aún más ninguneada que la anterior.Con el objetivo de acabar con ese desconocimiento, así como de mejorar la calidad de vida de las mujeres, la doctora Silvia P. González lleva más de 20 años investigando acerca de la perimenopausia y la posmenopausia. La ginecóloga, doctora en Medicina y Cirugía por la Universidad de Alcalá de Henares (Premio Extraordinario de Doctorado) y licenciada en Medicina por la Universidad de Salamanca (Segundo Premio Nacional de Fin de Carrera), es una de las especialistas más reconocidas en salud femenina en España.Además, es presidenta de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM), una sociedad que, fundamentalmente, persigue “generar conocimiento científico, formar a especialistas y trasladar a la sociedad información rigurosa y actualizada sobre la perimenopausia y la posmenopausia, dos etapas que durante décadas han estado rodeadas de mitos y de silencio”, apunta la doctora. A lo largo de su trayectoria profesional ha participado en más de 40 proyectos de investigación y ha sido reconocida con becas nacionales e internacionales. También es ponente habitual, nacional e internacional, en congresos científicos y colaboradora en actividades de divulgación sanitaria y formación médica continuada.Además, lleva a cabo una especial dedicación a la atención médica de mujeres en la perimenopausia y la posmenopausia como directora médica en Menoclínica by Palacios, donde ha desarrollado protocolos asistenciales específicos en áreas como salud ósea, metabolismo, terapia hormonal y ginecología regenerativa. Su dedicación plena a la ginecología y a la salud femenina no solo avala cada respuesta de esta entrevista, sino que también es la responsable de una parte importante del progreso de esta área de la medicina.Todavía queda mucho por conocer acerca de perimenopausia. Comencemos por los síntomas…La perimenopausia se caracteriza por ciclos menstruales irregulares, sofocos y sudoración nocturna, alteraciones del sueño, cambios de humor e irritabilidad, dificultad de concentración (la llamada “niebla mental”), dolores articulares y, con frecuencia, sequedad vaginal y descenso del deseo sexual. No todas las mujeres los presentan con la misma intensidad ni combinación: hay quien apenas nota unos pocos sofocos ocasionales (hasta un 15% de mujeres nos cuentan que no tienen síntoma alguno) y quien ve su día a día realmente condicionado. Por eso, insistimos tanto en que la menopausia de cada mujer es como la huella dactilar, personal e intransferible, y merece una valoración individual y no un protocolo genérico.Esos síntomas, ¿cuándo dan la cara?Habitualmente comienzan entre los 45 y los 50 años, aunque hay mujeres que notan los primeros cambios ya a partir de los 40, en lo que llamamos la fase temprana de la perimenopausia. Bien entendido que cuando el cese definitivo de la regla, o sea, la menopausia, ocurre antes de los 40, hablamos de insuficiencia ovárica prematura, que es una situación distinta que merece un abordaje específico y, muchas veces, un impacto emocional añadido por lo inesperado del diagnóstico.Durante mucho tiempo se ha normalizado el sufrimiento como si fuera “ley de vida”, y muchas mujeres han tardado años en consultar al especialistaSilvia P. GonzálezCuando las mujeres comienzan a experimentar esos síntomas, ¿los asumen como algo inevitable o acuden al especialista para aliviarlos?Durante mucho tiempo se ha normalizado el sufrimiento como si fuera “ley de vida”, y muchas mujeres han tardado años en consultar, a veces por desconocimiento y a veces por la idea de que “hay que aguantar”. Por suerte, esto está cambiando: la información en redes sociales y el trabajo de divulgación de sociedades como la AEEM están animando a las mujeres a pedir ayuda antes y a no resignarse a vivir con síntomas que hoy en día tienen tratamiento y solución.¿A qué tipo de tratamiento se refiere? ¿Cuál es el más habitual?El tratamiento hormonal de la menopausia (THM) sigue siendo la opción más eficaz para los síntomas vasomotores y genitourinarios intensos que deterioran la calidad de vida cuando está indicada, y las guías actuales avalan su seguridad en la mayoría de las mujeres sintomáticas si se inicia en el momento adecuado. Junto a ella disponemos de opciones no hormonales (como el fezolinetant), fitoterapia en forma de complementos nutricionales con evidencia científica y medidas de estilo de vida: ejercicio, sueño, alimentación y manejo del estrés. El tratamiento siempre debe individualizarse según los síntomas, los antecedentes, la historia clínica y las preferencias de cada mujer.Los sofocos son comunes durante esta etapa vital. Getty Images¿Durante cuánto tiempo persisten esas molestias?De media, la fase sintomática de la transición dura entre 2 y 8 años, pero hay mujeres en las que se prolonga más de una década, especialmente los sofocos, que pueden persistir bien entrada la posmenopausia (un 9 % de las mujeres tiene sofocos más allá de los 70 años). Es una de las cosas que más sorprende a las pacientes: piensan que con la última regla “se acaba todo” y, en realidad, el cuerpo sigue acomodándose durante bastante tiempo.La menopausia llega “oficialmente” después de un año sin menstruar. A partir de ese momento, ¿continúan los síntomas?Sí, en muchos casos. Los síntomas vasomotores pueden mantenerse varios años tras la última regla, y algunos, como el síndrome genitourinario de la menopausia (SGUm) (sequedad, molestias urinarias, dolor en las relaciones), no solo no desaparecen, sino que tienden a progresar si no se tratan, porque dependen de un déficit hormonal mantenido y no de una fase transitoria de adaptación.Lee también¿A qué edad suele ocurrir la menopausia?En España la edad media de la menopausia se sitúa en torno a los 51-52 años, con un rango considerado normal entre los 45 y los 55. Influyen factores genéticos, el tabaquismo (que la adelanta), algunos tratamientos oncológicos y, en menor medida, el estilo de vida, aunque el peso de la genética suele ser el más determinante.Perimenopausia y menopausia son dos etapas distintas. Pero ¿cuál es la principal diferencia entre ellas?En la perimenopausia, el ovario todavía funciona, pero de forma errática, con oscilaciones hormonales bruscas que explican la variabilidad de los síntomas de un mes a otro. En la posmenopausia, el nivel de estrógenos es bajo y estable, y el reto cambia de naturaleza: se pasa de “sobrevivir a los altibajos” hormonales a proteger a largo plazo el hueso, el músculo, el sistema cardiovascular y la salud genitourinaria (además del cerebro), que son los grandes pilares de la salud de la mujer a partir de entonces.En cuanto a las similitudes, ¿comparten síntomas?Hay solapamiento, pero el patrón cambia con el tiempo. Los síntomas vasomotores suelen alcanzar su pico al final de la perimenopausia e inicio de la posmenopausia, y después van remitiendo poco a poco con los años, aunque no en todas las mujeres al mismo ritmo. En cambio, el síndrome genitourinario de la menopausia no sigue esa curva descendente: es progresivo y, sin tratamiento, tiende a empeorar con el tiempo en lugar de mejorar, lo que a menudo sorprende porque no encaja con la idea de que “todo mejora solo”.El síndrome genitourinario puede empeorar. Pero ¿qué ocurre con la salud ósea?La pérdida de masa ósea se acelera especialmente en los primeros cinco años tras la última regla, pudiéndose perder hasta un 25 % de la masa ósea durante ellos, coincidiendo con la caída más brusca de estrógenos, por lo que la prevención del riesgo de osteoporosis y fractura debe reforzarse justo en ese periodo, con ingesta adecuada de calcio, suplementación con vitamina D, ejercicio de carga e impacto y, cuando procede, tratamiento específico.Junto a la osteoporosis, la sarcopenia es otra de las grandes preocupaciones de la mayoría de las mujeres. ¿Es mucho más incisiva en la posmenopausia que en la perimenopausia?Sí. El descenso de estrógenos favorece la pérdida de masa y fuerza muscular, y esto se suma a la disminución de actividad física que suele acompañar a la edad. Por eso, el entrenamiento de fuerza y un aporte proteico adecuado son parte imprescindible del abordaje en la posmenopausia, no un complemento opcional: la fuerza muscular condiciona la autonomía funcional de las mujeres en las décadas siguientes.El entrenamiento de fuerza y un aporte proteico adecuado son parte imprescindible del abordaje en la posmenopausiaSilvia P. GonzálezEn el caso de la salud cardiovascular, ¿es igual antes y después de la menopausia?No. Existen diferencias, y son relevantes. Los estrógenos ejercen un papel protector sobre el endotelio de los vasos sanguíneos y el perfil lipídico (colesterol principalmente), y su descenso hace que el riesgo cardiovascular de la mujer se aproxime progresivamente al del hombre tras la menopausia, algo que durante años ha pasado desapercibido en la práctica clínica. Es un motivo más para vigilar de cerca la tensión arterial, el azúcar en sangre, el colesterol y los hábitos de vida en esta etapa, y no solo a partir de que aparezca algún problema.Por último, en cuanto al abordaje terapéutico, ¿se tratan de la misma manera la posmenopausia y la perimenopausia?En gran parte se aplican los mismos tratamientos, pero con matices importantes: en la posmenopausia, el THM se ajusta en pauta y dosis según el tiempo transcurrido desde la última regla y el perfil de riesgo de cada mujer. Además, cobra especial relevancia el tratamiento local, hormonal o no hormonal, del síndrome genitourinario, que suele necesitarse de forma mantenida en el tiempo, a diferencia de otros síntomas que con los años se van atenuando por sí solos.
Silvia P. González, ginecóloga: “En los primeros cinco años tras la última regla, las mujeres pueden perder hasta un 25% de masa ósea”
La presidenta de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM) aclara las diferencias entre la perimenopausia y la posmenopausia e invita a las mujeres a no resignarse ante los síntomas










