OpiniónEl proceso fue planteado en varias etapas y la primera contempla reemplazar 319.000 medidores por equipos de tecnología volumétrica o estática.Acueducto de Bogotá hará cambios de medidores. Foto: Empresa de Acueducto de Bogotá02.08.2026 22:01 Actualizado: 02.08.2026 22:01

Imagine que recibe una comunicación de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá. Le informan que el medidor de su vivienda debe ser reemplazado, que el cambio es obligatorio y que el costo del equipo y su instalación aparecerá en la factura. No necesariamente porque esté dañado o porque una prueba haya demostrado que mide mal, sino porque la empresa considera que existe una tecnología más precisa. Esta situación comenzará a repetirse en miles de hogares. El proceso fue planteado en varias etapas y la primera contempla reemplazar 319.000 medidores por equipos de tecnología volumétrica o estática, inicialmente en predios residenciales y comerciales de Usaquén, Chapinero y Suba.Según la EAAB, el 82,7 % de los medidores instalados en Bogotá necesita una actualización tecnológica. La cifra deja varias preguntas. ¿Cuál es el estudio que concluye que 83 de cada 100 medidores deben ser reemplazados? ¿Cuántos están realmente dañados? ¿Cuántos dejaron de medir correctamente? ¿Cuál fue el universo analizado? ¿Cuántos equipos fueron evaluados y cómo se distribuyeron por localidad, antigüedad, tecnología y estrato?Medidores de agua deberán ser cambiados. Foto:Acueducto de BogotáNadie niega que algunos medidores pierden sensibilidad con el tiempo y pueden dejar de registrar consumos leves. Pero de ahí a pretender renovar el 83 % de los equipos hay una enorme distancia, sobre todo cuando un ciudadano puede ser obligado a comprar uno nuevo sin demostrar que el suyo funciona mal.La empresa sostiene que buena parte de los medidores está rezagada frente a la normatividad técnica vigente y que una tecnología moderna permitirá mayor precisión en la facturación. Sin embargo, afirmar que un equipo está tecnológicamente rezagado no equivale necesariamente a demostrar que está averiado o que mide incorrectamente. LEA TAMBIÉN La EAAB fundamenta la decisión en el artículo 144 de la Ley 142 de 1994, que permite exigir el reemplazo cuando el instrumento no funciona adecuadamente o cuando el desarrollo tecnológico ofrece equipos más precisos. Pero esa facultad no convierte una sustitución masiva en una decisión incuestionable.La Superintendencia de Servicios Públicos ha señalado que estos cambios no pueden ser arbitrarios. La empresa debe explicar las razones, informar al usuario y darle un plazo para adquirir un equipo compatible. Si no lo hace, podrá instalarlo y cobrarlo.La Superintendencia de Servicios Públicos ha señalado que estos cambios no pueden ser arbitrarios. Foto:Empresa de Acueducto de BogotáAntes de la instalación, cada usuario debería conocer la edad de su medidor, su lectura acumulada, el criterio por el cual fue seleccionado, la mejora que ofrecerá el nuevo aparato, su precio, el costo de instalación y las alternativas para adquirirlo con otro proveedor.Nada de esto debería quedar escondido en resoluciones técnicas. Cuando una decisión afecta el bolsillo de miles de familias, la información debe llegar con la misma claridad con la que llegará el cobro. LEA TAMBIÉN También es necesario explicar con claridad qué problema busca resolver esta medida. Cambiar los medidores domiciliarios no soluciona las fugas de la red pública, no reemplaza tuberías deterioradas ni combate el agua que se pierde por conexiones ilegales, problemas que explican buena parte del agua no contabilizada en la ciudad. Su verdadero impacto está en reducir las llamadas pérdidas aparentes o comerciales, es decir, el agua que llega a los hogares y se consume, pero que no queda registrada con precisión y, en consecuencia, no se factura. En otras palabras, mejorar la medición para incrementar los ingresos de la empresa.No hay nada ilegítimo en cobrar correctamente el agua consumida. Lo cuestionable es presentar la intervención como una política exclusivamente ambiental o tecnológica, cuando también tiene un objetivo comercial y de recaudo. Medir mejor también significa facturar más.Natasha Avendaño García presentó los nuevos medidores de agua. Foto:MAURICIO MORENOPor eso resulta indispensable saber quién suministrará los medidores, cómo fue seleccionado, cuánto costará cada equipo, qué empresas realizarán la instalación y quién supervisará el proceso.A las dudas económicas se suma la falta de claridad sobre la priorización territorial. La primera intervención comenzó en Usaquén, Chapinero y Suba. La empresa debería explicar por qué fueron seleccionadas, qué indicadores de submedición presentan y cómo se comparan con las demás localidades. Cuando una política obligatoria comienza en unos territorios y no en otros, el criterio debe ser público y verificable.No se trata de oponerse a la tecnología ni de defender aparatos obsoletos. Se trata de impedir que una mejora que también beneficia financieramente a la empresa se convierta en una obligación que los hogares deben pagar sin recibir explicaciones suficientes.Si el 83 % de los medidores de Bogotá debe cambiarse, la ciudadanía tiene derecho a conocer la evidencia.OMAR ORÓSTEGUI**Director de Govlab de la Universidad de La Sabana Sigue toda la información de Bogotá en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.