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agosto

23:19El 9 de mayo, a las 10.45 de la ma�ana, el alpinista ruso Konstantin Smirnov coron� el Makalu, la quinta monta�a m�s alta del planeta. Unas horas despu�s, entre las 18.30 y las 19.00, su gu�a nepal�, Bhajuram Gurung, lo dej� atr�s durante el descenso, a unos 7.900 metros de altitud, y continu� solo hasta el campo IV, donde le esperaban una tienda y ox�geno artificial. Smirnov pas� las siguientes 30 horas tumbado en la nieve, sin ox�geno y sin agua, convencido de que no sobrevivir�a. Pero aguant�. Al d�a siguiente, otro sherpa, Lakpa Rinjin, ascendi� para rescatarlo con bombonas de ox�geno, medicamentos y agua caliente. Tambi�n con la fuerza suficiente para ayudarle a descender hasta un punto desde el que fue evacuado en helic�ptero. La congelaci�n le cost� los cinco dedos de la mano izquierda y parte del anular de la derecha.Ahora, su caso puede cambiar para siempre la relaci�n entre los alpinistas que pagan por una expedici�n y los hombres que, en las grandes monta�as del Himalaya, hacen posible que lleguen a la cumbre.El alpinista ruso ha llevado el caso a los tribunales de Nepal. Ha presentado una denuncia penal contra su gu�a y contra la agencia para la que trabaja, Makalu Adventure, ante el Tribunal del Consumidor de Katmand� y la polic�a de Sankhuwasabha. Seg�n ha trascendido, su equipo legal baraja acusar a Gurung de intento de asesinato y no de simple negligencia. La agencia, por su parte, sostiene que actu� correctamente. Su propietario, Mohan Lamsal, alega que una avalancha y el mal tiempo de aquel d�a dificultaron cualquier rescate inmediato y afirma que Gurung inform� de la situaci�n de Smirnov en cuanto lleg� al campamento. Es un caso extremo. Pero precisamente por eso puede convertirse en un precedente.La pregunta inc�modaEl proceso, seg�n coinciden varios medios especializados, podr�a obligar a los tribunales nepal�es a definir con mayor claridad un sector que durante d�cadas se ha regido m�s por las costumbres, la pr�ctica y la l�gica del alpinismo que por unas normas jur�dicas precisas.El negocio de las expediciones a los ochomiles se sostiene, en �ltima instancia, sobre el trabajo de los sherpas y de otros gu�as nepal�es. Son ellos quienes fijan las cuerdas, cargan el ox�geno, abren la ruta y, con demasiada frecuencia, sacan adelante a clientes que jam�s llegar�an a la cumbre por sus propios medios. Esa dependencia plantea la pregunta inc�moda que el caso Smirnov ha puesto sobre la mesa: �Hasta d�nde llega la responsabilidad de un gu�a? Si algo sale mal cerca de los 8.000 metros, cada alpinista responde, en principio, por su propia vida. Pero los sherpas tienen otras preocupaciones adem�s de su propia supervivencia. �Hasta d�nde se puede exigir a un trabajador que arriesgue su vida para salvar a un cliente?Hay argumentos para exigir responsabilidades a los gu�as. El primero es contractual. Cuando un cliente paga varias decenas de miles de d�lares a una agencia por una expedici�n �totalmente asistida�, est� comprando algo m�s que el acceso a una monta�a y un permiso de ascensi�n. Est� comprando un servicio de guiado profesional, con un deber de cuidado que no desaparece al superar ninguna altitud.Nepal, de hecho, parece avanzar en esa direcci�n. La reciente Ley Integrada de Turismo, aprobada por unanimidad en la c�mara alta, endurece los requisitos de seguridad, exige la presencia de un gu�a profesional, crea un fondo para la protecci�n social del personal de apoyo y, en el Everest, establece que tanto el sardar como el gu�a deber�n ser ciudadanos nepaleses. La norma refuerza as� su papel -y, con �l, potencialmente su responsabilidad- dentro de las expediciones. En Espa�a, la jurisprudencia sobre accidentes de monta�a ha evolucionado hacia una exigencia cada vez mayor de diligencia por parte de los profesionales que gu�an a terceros. No basta con que la v�ctima haya asumido el riesgo inherente a la actividad: el gu�a debe demostrar que actu� conforme a las reglas de su profesi�n y con la diligencia exigible en las circunstancias concretas. Un marco semejante, trasladado sin matices al Himalaya, dejar�a muy comprometida la actuaci�n de Gurung tal y como la describe Smirnov.Los l�mites de los sherpasPero tambi�n existen razones para descargar de responsabilidad a los gu�as. La primera, y m�s importante, es f�sica. Por encima de los 7.500 o los 8.000 metros, en la mal llamada �zona de la muerte�, el cuerpo humano se deteriora con tal rapidez que incluso un gu�a experto tiene una capacidad de maniobra muy limitada. All� la frontera entre salvar una vida y perder dos puede ser extraordinariamente fina.La segunda raz�n es estructural. Una parte importante de los gu�as que trabajan para las decenas de agencias comerciales que operan en Nepal no tiene la formaci�n ni las certificaciones internacionales de un gu�a UIAGM. Muchos se enfrentan, como el propio Gurung en su primer ochomil, a la misma inexperiencia en altitud extrema que sus clientes.Cargar toda la responsabilidad sobre sus hombros sin exigir antes una profesionalizaci�n real del sector -algo que la propia reforma legal nepal� trata de empezar a corregir- corre el riesgo de convertirlos en el eslab�n d�bil de una industria dise�ada, sobre todo, para vender cumbres. Una industria en la que el cliente puede llegar a la monta�a con una preparaci�n insuficiente, pagar por una ascensi�n �asistida� y asumir que, llegado el momento, alguien resolver� cualquier problema.La denuncia de Smirnov, cuando llegue a sentencia, obligar� a los tribunales nepal�es a trazar con mayor claridad d�nde termina el riesgo asumido por el cliente y d�nde empieza el deber de cuidado del gu�a. La respuesta no ser� sencilla. Porque a 8.000 metros no existe una relaci�n entre iguales: uno paga por intentar alcanzar la cima y otro se juega la vida para ayudarle a hacerlo. Pero tampoco existe una obligaci�n ilimitada de morir por un cliente.La frontera entre ambas cosas, mientras el Himalaya siga siendo un negocio millonario construido sobre el trabajo de personal local expuesto a un riesgo desproporcionado, seguir� siendo tan peligrosa como la propia monta�a.