Retratos Contempor�neosEl masivo asedio a la frontera de Ceuta, facilitado por las autoridades marroqu�es, es otro aviso para Europa y un poco m�s para Pedro S�nchez, que entreg� a las gentes del S�hara al r�gimen de Mohamed VI sin dar una explicaci�n humanitaria. Los 'vecinos' le han dado oro a la extrema derechaMigrantes cruzan desde Marruecos hacia Ceuta.APActualizado Domingo,
agosto
00:00Este asalto al territorio espa�ol por la frontera de Ceuta no aloja espontaneidad. Ning�n acontecimiento capaz de convocar a 50.000 personas en un paisaje de alambradas sucede tan natural, como sin premeditaci�n, sin una orden, sin planificar, sin calentamiento previo. Marruecos decidi� zarandear el jueves la operaci�n salida espa�ola sacando por su cuenta a miles de mujeres, ni�os, hombres, adultos y adolescentes marroqu�es de cualquier manera, enga�ados mayormente. Tambi�n tendr� que enterrar a m�s de 60 muertos, seg�n las �ltimas estad�sticas. De entre los convocados a este rito desasosegante, malnadar bordeando El Tarajal, parece que la mayor�a ha regresado a casa o alrededores (cifras rar�simas difundidas con una seguridad a�n m�s rara). Pero en Ceuta a�n permanecen demasiados (este dato tampoco existe) y el allanamiento pone en jaque a Europa.Como todo el mundo sabe, a la �lite marroqu� le caen mal los marroqu�es pobres, m�seros, sin horizonte. Y con ellos juegan a la catapulta. Aprovechan tambi�n los cuerpos malhadados de los subsaharianos que siguen ruta de escape por desiertos hasta llegar a la cornisa marroqu� buscando la manera de cruzar el Estrecho. Esta es la mercanc�a con la que el r�gimen de Mohamed VI hace palanca y gana espacio y cosas, aunque en Moncloa intenten negarlo. Pedro S�nchez entreg� el S�hara Occidental en un ejercicio de servilismo injustificable, condenando a la extinci�n al casi medio mill�n de saharahuis que a�n habita el desierto que es su tierra. Ning�n presidente en democracia se atrevi� a una indecencia deshumanitaria de este tama�o. Qu� informaci�n combustible maneja Marruecos de este Gobierno. Unos versos del poeta �rabe del siglo X Ibn Zaydun dicen esto: "Podr�a haber entre nosotros, si quisieras, algo que no se pierde,/ un secreto jam�s publicado, aunque otros se divulguen". Qu� recado traen esos miles de seres humanos abalanzados sobre un territorio que no puede acogerlos, menos a�n de la forma en que atropellan la frontera, y que tampoco los necesita de esa manera. Marruecos sabe que no hay pa�s capaz de manejar un desembarco tan abundante. Es su fuerza y su amenaza. Tambi�n la tasa de fragilidad de S�nchez.El asalto es una invasi�n inducida que lleva dentro su contraorden: incordiar y regresar. Una "violaci�n de la integridad territorial de Espa�a", tiene raz�n el presidente. Y tambi�n pone en alerta, otra vez m�s, sobre Marruecos y su condici�n de socio del que recelar. Los servicios secretos marroqu�es no se dejar�an colar una bacal� como esta. En un momento de prioridad nacional y el reverdecer de la dial�ctica racista en beneficio de la pureza -y la seguridad, y la raza, y los puntapi�s al orden mundial-, Marruecos hace un regalo disparatado a esa misma escuela de salmueras que es la ultraderecha y sus aleda�os: deja claro que miles de chavales quieren escapar de ah� y Espa�a es el primer destino. Qued� enterrado el tiempo de la fraternidad y la divinizaci�n de los derechos humanos. Ahora los otros son la peste. No se trata de temer al moro, sino de entender qui�nes tienen el poder y la posibilidad de lanzar a chorro contra una frontera a 50.000 ciudadanos de su pa�s, parias expectantes ante lo que podr�a ser, mirando de su orilla a la nuestra, la oportunidad de algo mejor. Pero eso es mentira. Que emigrar va en serio uno lo empieza a comprender casi siempre m�s tarde. El falso rumor de "Ceuta abierta" que echaron a rodar intencionadamente desde mil lugares era una trampa, una estafa y un desaf�o. Quienes la sufren en primera fila son los habitantes de Ceuta y de Melilla. Despu�s los de Canarias. El tri�ngulo de oro del elefante espa�ol en la habitaci�n de Marruecos.Cruzan mayormente hombres j�venes a los que el r�gimen marroqu� tiene muy recalentados. Peri�dicamente se producen los asaltos a las vallas de Ceuta o de Melilla, rematadas en cuchillas, pero este �ltimo anuncia asedios de nueva generaci�n, como los fuegos. Las avalanchas masivas son un morse de poder m�s all� de los cuerpos en tromba: unas veces las manejan los mismos desharrapados y otras son sus verdugos quienes los utilizan como boyas intimidatorias. Marruecos habla a Pedro S�nchez con un alfabeto hecho de 50.000 criaturas an�nimas que desconocen su condici�n de peones en el juego aut�crata de su patr�n y creen que en la estampida reside la salvaci�n. No existe un sistema m�s diab�lico, pues lo infesta todo de odio: el de los desamparados que escapan y no alcanzan m�s que frustraci�n y el de los amenazados por su presencia porque no hay dios ni hijo de dios capaz de contener a una turba desesperada.Esta crisis humanitaria, territorial, soberana, diplom�tica y de autoridad s�lo beneficia a terceros. No parece un efecto llamada por las regularizaciones espa�olas. Las mafias de la inmigraci�n tampoco pinchan demasiado en esta verbena. Es m�s un ajuste de cuentas, un af�n inductor de atormentar y activar de rebote el cord�n sanitario sobre Espa�a por parte de algunos amigos europeos: Italia, Alemania, Dinamarca... No hay proporci�n posible entre la intimidaci�n masiva de la autoridad marroqu� y la posibilidad espa�ola de frenar la marea humana programada.Como este mogoll�n vendr�n m�s. Es el uranio enriquecido de Marruecos, su ej�rcito de drones en chanclas. El r�gimen somete a varias generaciones a la miseria y obtiene as� torpedos gratis. De S�nchez, por lo que sea, parece que conocen alg�n asunto de confianza �til para tenerlo agarrado por la bragueta y canjearlo cuando sea preciso, si no de qu�.











