En las entrañas del Museo Franz Mayer, flanqueado por oficinas y protegido por estrictas medidas de seguridad, hay un pequeño espacio donde las joyas de esta colección, la más importante de artes decorativas y diseño en el país, son atendidas de emergencia o con la delicadeza que requiere un paciente de siglos de antigüedad. En esta visita realizada por Confabulario, sobre la mesa donde esos valiosos objetos son atendidos para revisión o intervención hay uno que atrapa la atención de inmediato: un abanico del siglo XIX proveniente de China hecho con materiales preciosos como marfil, sándalo, carey y madre perla. Sobre el papel que forma la parte central (o país) se despliegan escenas con personas paseando por un frondoso jardín chino enmarcado con detalles florales. “Como pueden ver, tiene caritas de marfil”, detalla Mariana Sainz, directora de Colecciones del museo mientras resalta las particularidades de esa pieza que ha recuperado su forma y colores vibrantes tras un proceso de conservación. “Tenía intervenciones anteriores y en la restauración se notó que había cosas que no pertenecían al original, las retiramos y se colocaron tiras de papel japonés que son compatibles con el abanico y permiten que otra vez tenga la posibilidad de abrir y cerrar”, explica Ana Julia Poncelis, una de las tres restauradoras que tiene a su cargo el cuidado cotidiano de los cerca de 60 mil objetos que hoy comprenden la colección de este recinto que abrió sus puertas hace 40 años, el 15 de julio de 1986 en el antiguo Hospital de San Juan de Dios. Lee también: Estados de confinamiento. El arte relacional de Luis Manuel Otero AlcántaraCaja china en laca negra de finales del siglo XVIII. Este objeto fue sometido recientemente a un arduo trabajo de restauración. Crédito: KARLA GUERRERO/EL UNIVERSALColocado cuidadosamente sobre una base a su medida, ese abanico forma parte de una colección de 12 valiosas piezas de ese tipo y que están entre “los objetos más lujosos y delicados” del acervo. Donado en los años 90, es también uno de los cinco abanicos restaurados recientemente mediante el programa Conservar para el futuro, una campaña de recaudación anual con la que el museo logra financiar la restauración y conservación de su vasta colección, que incluye libros, muebles, fotografías, platería, relojes, pinturas y otras artes. “El año pasado la campaña fue muy exitosa y logramos la participación de muchas personas donantes que quieren que sigamos manteniendo los acervos y que sigan siendo accesibles. Es también una manera de recordar este regalo que Franz le hizo al pueblo de México”, subraya en entrevista Giovana Jaspersen, directora general del museo. Con ese programa, el museo también ha logrado dar continuidad al proyecto de digitalización de su acervo bibliográfico. [Publicidad]Lee también: Hazlitt y su modesta felicidad, por Christopher Domínguez MichaelPara cuidar de manera cotidiana los más de 60 mil objetos de su colección, el museo tiene un equipo especializado, entre los que están tres restauradoras. En la imagen, Tomás Sánchez, a cargo del control y registro de las piezas , extiende un sarape de Saltillo del siglo XIX. Crédito: KARLA GUERRERO/EL UNIVERSALEn el laboratorio de conservación, que también es la antesala de las bodegas del recinto, hay otras piezas que han sido restauradas recientemente. Tomás Sánchez, a cargo del registro y control de las colecciones, despliega delicadamente sobre la mesa un sarape de Saltillo del siglo XIX cuya tela se había corrido en varias zonas, por lo que los expertos tuvieron que estabilizarlo. [Publicidad]“Estos sarapes son muy coloridos, pero lo van perdiendo con la luz o si son prendas de uso, que es el caso de este y muchos de los objetos que tenemos. Son piezas que terminaron en alguna casa de subastas o en alguna herencia, pero se usaron entonces, traen siglos o años de daños”, explica Mariana Sainz. Ahí está también una caja china en laca negra de finales del siglo XVIII que bajo luz ultravioleta revela la etiqueta de la casa de antigüedades donde Franz Mayer la adquirió en su momento. “Tenía toda la laca levantada, tenía grietas. Parecía queso parmesano, lajas y lajas levantadas. Lo que se hizo fue estabilizar las grietas con adhesivos y bajar las lajas de laca para que se volvieran a adherir a la madera. Después se hizo una reintegración cromática con pinturas al barniz”, detalla Poncelis. Franz Mayer comenzó su valiosa colección de artes decorativas con la idea de abrir un museo a futuro. En la imagen, piezas de la colección original en su casa.