NoticiaEl gestor cultural llegó a la institución en diciembre de 2025. Esta es la visión que trae del arte y los proyectos a los que le apostará. Rafael Tamayo, nuevo director del MAMM Foto: CortesíaPERIODISTA03.08.2026 18:01 Actualizado: 03.08.2026 18:01
Nueve artistas pusieron las mejores obras en la galería La Oficina, en 1978. Los jóvenes, con ganas de abrir un espacio para ellos, se unieron con empresarios y líderes de la ciudad y crearon un museo de la nada: sin seda, sin colección. Ese espacio, a casi 50 años de esa fecha, se ha transformado en uno de los símbolos más importantes en la cultura paisa: el Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM). El espíritu juvenil de los fundadores aún está impregnado en la colección del museo y en cómo se piensa la institución y es con lo que piensa continuar el nuevo director, Rafael Tamayo Franco que llegó a la institución desde diciembre del 2025. La directora anterior (María Mercedes González) estuvo 13 años al frente del museo y "recibió una oferta laboral que le resultó muy interesante y también sintió que el ciclo de lo que quería desarrollar en el museo había concluido. Presentó su renuncia y la junta directiva decidió conformar una terna para escoger a la nueva dirección", cuenta Rafael, el elegido entre todas las opciones. Tamayo es doctor en Historia por la Universidad Nacional de Colombia, magíster en Derecho Internacional de la Université Paris II Panthéon-Assas (Francia), especialista en Derecho de los Negocios de la Universidad Externado de Colombia, abogado y teólogo de la Universidad Pontificia Bolivariana, consolidando un perfil que integra la gestión cultural, el pensamiento académico y la experiencia en el diseño y liderazgo de instituciones públicas. Su recorrido incluye la dirección del Museo de Memoria de Colombia y de BibloRed, la Red Distrital de Bibliotecas Públicas de Bogotá, además de consultorías con la UNESCO y responsabilidades de cooperación internacional en el Ministerio de Cultura. Museo de Arte Moderno de Medellín. Foto:Jaiver Nieto Álvarez / ETCELo que planea durante su dirección es conservar la joya juvenil que hace que el MAMM sea una parada obligatoria en la ciudad. Este 14, 15 y 16 de agosto continuará con el MAMM Fest, que es el evento de recaudación de fondos. "Muchos museos organizan galas con entradas de alto costo para recaudar recursos, pero sentimos que ese formato no representa el ADN del MAM. Preferimos un festival con una boletería mucho más asequible, abierto a públicos diversos y donde convivan distintas manifestaciones artísticas", cuenta. Por esos días, las instalaciones del museo estarán plagadas con música experimental, electrónica, cumbia, dance, reguetón, bingo bailable, mercado de segunda mano, empanadas, food trucks y muchas otras actividades. Después llegará el segundo ciclo expositivo, que se inaugurará el 9 de septiembre, con tres nuevas exposiciones. En la nave central estará Pedro Gómez-Egaña, artista colombiano radicado en Oslo y profesor de procesos artísticos, quien presentará una gran instalación. A ellos se suma Street González, con una exposición centrada en temas afro. Con una producción que haga las obras de Débora Arango inmersivas; conversatorios abiertos al público cada quince días; y otras estrategias, el MAMM arranca una nueva etapa, de la mano de Rafael Tamayo. Esto es lo que cuenta el director sobre el arte y el futuro. ¿Con qué visión llega al MAMM? Tengo dos grandes propósitos. El primero es impulsar un proceso de internacionalización y el segundo, contribuir a la transformación de las ciudades desde la cultura. En Medellín están pasando cosas muy importantes en la música, en los medios audiovisuales y en muchas otras manifestaciones culturales. Creo que es fundamental que el museo dialogue con todo ese ecosistema y no permanezca aislado. El museo ya tiene un reconocimiento nacional y también ha hecho un trabajo en la región y tiene todo para convertirse en un gran museo latinoamericano. Gracias a mi experiencia en cooperación y relaciones internacionales siento que puedo aportar a que eso suceda. Pero también hay un tema fundamental: quiero pensar el MAMM como un museo joven. Creo que muchas instituciones culturales en Colombia seguimos atrapadas en una dicotomía que, al menos en la teoría, ya fue superada y que se ve en la separación entre alta cultura y cultura popular. En ella caben el arte clásico y el grafiti, la música clásica y el reguetón. ¿Cómo se articulará el museo con la ciudad? Hoy el MAMM es el corazón cultural de Ciudad del Río y, además, está atrayendo nuevas instituciones. La Alcaldía tiene proyectada la construcción de la Cinemateca en un lote diagonal al museo y el Banco de la República planea desarrollar allí una nueva sede que incluirá un componente cultural. Son proyectos de largo plazo, pero si se concretan fortalecerán muchísimo la actividad cultural de la zona. Toda esa área terminará articulándose con el desarrollo de Barrio Colombia y su conexión con Perpetuo Socorro, donde también están ocurriendo procesos culturales muy interesantes. La sostenibilidad financiera siempre es una lucha constante, especialmente para organizaciones sin ánimo de lucro como el MAMM. Desde el sector público existe apoyo mediante proyectos específicos. Por ejemplo, la Alcaldía participa en programas de formación de públicos y reconoce recursos asociados a esos procesos. También existen estímulos culturales, aunque suelen ser pequeños porque buscan distribuirse entre muchas organizaciones de la ciudad. Rafael Tamayo, nuevo director del MAMM Foto:Cortesía¿En qué reto trabajará primero? La relación con organizaciones y colectivos que todavía no ven al museo como un interlocutor natural. Y debemos encontrar un equilibrio entre la representación de los artistas locales y la presencia del arte internacional. El museo tiene la responsabilidad de acercar a Medellín propuestas de arte contemporáneo que de otra manera difícilmente llegarían a la ciudad. Pero, al mismo tiempo, debe abrir oportunidades para que los artistas locales exhiban su trabajo, hagan residencias y puedan proyectarse internacionalmente. ¿Qué buscan cuando deciden trabajar con un artista? Colombia tiene una tradición importante de escuelas de arte; solo Medellín cuenta con cuatro escuelas muy fuertes. Lo que veo es que las instituciones se interesan por procesos muy honestos y personales. Es decir, por artistas que desarrollan una investigación consistente alrededor de una materialidad, una temática o un lenguaje propio durante un periodo prolongado. Esos procesos suelen despertar mucho interés. También influyen las preguntas que los curadores quieren abordar en cada exposición. Por eso es importante que los curadores conozcan qué están produciendo los artistas y estos, a su vez, entender qué conversaciones están impulsando los museos. ¿Qué rol tienen los museos en las carreras de los artistas? Hace poco cerró la galería Cometa y eso demuestra que todavía hacen falta más espacios privados para exhibir arte. La idea es que, cuando un artista salga de la universidad o tenga una práctica consolidada, pueda recorrer ese camino: ser representado por una galería, exhibir en centros culturales, participar en espacios no convencionales y, finalmente, llegar al museo. Ese también es un reto de ciudad: encontrar mecanismos para que los artistas jóvenes, aunque todavía no tengan una gran retrospectiva individual, sí puedan estar en contacto con el museo y con el resto de la cadena artística. ¿Cómo se construye hoy la colección del museo? Hacer crecer la colección es uno de los grandes retos, porque el mercado del arte contemporáneo cambia constantemente y adquirir obras implica recursos importantes. Aun así, tratamos de adquirir, al menos, una obra de arte contemporáneo cada año. Muchas veces escogemos obras de artistas emergentes porque los recursos son limitados, pero buscamos que tengan todas las características para dialogar con la historia del museo, con las temáticas presentes en la colección moderna y con las obras contemporáneas que ya hacen parte del acervo. Tener 248 obras de Débora Arango, muchas declaradas Bien de Interés Cultural, constituye una colección extraordinaria, pero también implica una enorme responsabilidad. Conservar una colección de ese nivel requiere control permanente de temperatura, humedad e iluminación, además de limitar los tiempos de exhibición para garantizar su preservación. Hay casos como el del MALBA, donde detrás existe una fundación privada o una familia con una fuerte tradición de mecenazgo que financia la adquisición de obras. El MAMM ha estado marcada por obras fundacionales, la colección de Débora Arango, la donación de Hernando Tejada, donaciones realizadas por algunos de los artistas fundadores con el paso de los años y adquisiciones que hacemos durante la feria de arte de Bogotá. Museo de Arte Moderno de Medellín. Foto:Jaiver Nieto Álvarez / ETCE¿Hoy están replanteando esa política de adquisiciones? Estamos construyendo una nueva política de colecciones que busca responder: ¿qué queremos que sea la colección del museo en los próximos años? Nos preguntamos si debemos crecer más, concentrarnos en conservar mejor lo que ya tenemos o acercarnos a coleccionistas privados para proponer nuevas donaciones. Estamos intentando encontrar un equilibrio entre los costos, el valor patrimonial de las obras y las posibilidades reales del museo. También tenemos muy claro que la colección, aunque es fundamental, no es lo único que define el trabajo de un museo. El próximo año presentaremos una gran exposición de Feliza Bursztyn con más de treinta obras. Algunas pertenecen al Banco de la República, otras al Museo La Tertulia y otras provienen de colecciones privadas. Eso demuestra que es posible realizar grandes exposiciones gracias al préstamo de obras. Nosotros, por ejemplo, tenemos un tapiz de Olga de Amaral que prácticamente se ha convertido en nuestra "obra viajera". Solo entre el año pasado y este ha participado en cinco exposiciones internacionales en distintos países. Cuando otra institución solicita una obra en préstamo, asume los costos de transporte y seguro. ¿Qué valora más el público: que la colección crezca o descubrir constantemente nuevos artistas? Esa es una de las preguntas más importantes que nos hacemos los museos. Creo que, para la mayoría de los públicos, resulta mucho más valioso aprender, descubrir artistas, encontrarlos en las exposiciones, vivir nuevas experiencias y que el museo sea un espacio de encuentro. Es mucho más significativo eso que saber que, en una reserva técnica ubicada en un sótano —a la que solo acceden especialistas y donde existen estrictas normas de conservación—, hay un gran número de obras almacenadas. Todos se cuestionan permanentemente dónde invertir más recursos: si en fortalecer los procesos técnicos de conservación o en desarrollar mejores programas para los públicos, traer obras de todo el mundo, invitar artistas a conversar con la gente y crear nuevas experiencias culturales. En los museos de arte contemporáneo existe un margen mayor para encontrar un equilibrio entre conservar el patrimonio y seguir construyendo experiencias significativas para los visitantes. El arte es político, ¿qué línea se maneja en el museo? Los artistas tienen una visión del mundo y los curadores también. La responsabilidad está en convertirse en una plataforma donde las voces puedan expresarse: nunca será completamente neutral, pero sí debe ser equilibrada. Ahí cobra importancia el trabajo colectivo. Las decisiones se construyen entre la dirección del museo, los equipos de comunicaciones y otras áreas. Museo de Arte Moderno de Medellín. Foto:Jaiver Nieto Álvarez / ETCEPuede ocurrir que una exposición reúna determinadas voces y que la siguiente presente perspectivas completamente diferentes. Lo que el museo no debería hacer es imponer una postura institucional a través de la museografía o de los textos curatoriales. La idea es presentar las obras de manera que el visitante pueda construir sus propias interpretaciones y sacar sus propias conclusiones. Hoy, por ejemplo, tenemos en exhibición a un artista palestino cuya obra está profundamente marcada por el conflicto en Medio Oriente. El hecho de exhibir su trabajo no significa que el museo adopte una posición política sobre ese tema. Lo que creemos es que, si la propuesta artística tiene la calidad suficiente y el artista necesita expresar esa mirada, el museo es precisamente el lugar adecuado para hacerlo. María Jimena Delgado DíazPeriodista de CulturaMjimena_delgadod Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.








