Nacida en Milán en 1963, Tagliabue rebosa genética italiana por todos lados: su presencia envolvente y su elegancia indiscutible combinan a la perfección con un carácter indomable y una convicción a la hora de describir su vida que muchos querrían para ellos. Pero quizá estas convicciones no vienen dadas únicamente por sus raíces, sino también por una vida muy intensa.Dejó su Italia natal cuando no había entrado tan siquiera en la adolescencia y fue en Nueva York cuando conoció al hombre de su vida, el también arquitecto Enric Miralles. Juntos se trasladaron a Barcelona, donde abrieron su estudio Miralles Tagliabue EMBT en 1994, desde donde firmaron el Parlamento Escocés en Edimburgo, el Rectorado de la Universidad de Vigo, la sede de Gas Natural Fenosa o el Mercado de Santa Caterina en Barcelona. Pero la muerte prematura de Miralles en el 2000 la obligó a seguir en solitario el liderazgo del estudio, asumiendo diez obras inacabadas de Miralles y arrancando otras tantas. A sus 63 años, Tagliabue lidera hoy un estudio con sedes en Barcelona, Shanghái y París que trabaja en todo el mundo.En Longevity nos centramos en el paso del tiempo, la evolución, la perspectiva, la reflexión y la vejez. Un aspecto que con frecuencia las personas nos empeñamos en camuflar, pero que en arquitectura supone un valor añadido…A mí me encanta, quizá porque me he educado en Italia, en Venecia, una ciudad de la que precisamente te enamora el paso del tiempo. Es esta cosa de la humedad, de la naturaleza que se va comiendo los edificios, de forma que la ciudad se vuelve natural y coge cierta belleza romántica. Me gustaría que los edificios que hacemos parecieran que siempre han estado allí.Cuando usted proyecta una construcción, un edificio, ¿el tiempo le condiciona? Es decir, ¿trabaja pensando que ese edificio tiene que ser capaz de superar épocas y modas?¡Claro que lo pienso, sí! Pero haces lo que puedes porque evidentemente estás condicionada por tu época, por los materiales que encuentras, por la manera de pensar del momento... Cuando ves un edificio, normalmente sabes a qué época pertenece, y ese es un juego que yo hago con frecuencia por las calles históricas de Italia: adivinar de qué época es cada edificio. Algunos edificios de determinadas épocas todavía están vivos, todavía hablan y todavía son vigentes, y esto es lo que intento cada vez que levanto uno, darle aquella fuerza. No es fácil, pero es una cosa que sí tenemos muy presente.Hace poco tiempo, precisamente el Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España le ha otorgado el Premio a la Permanencia, que reconoce aquellas obras que destacan, una vez transcurridos veinte años, por su adecuado envejecimiento y capacidad de adaptación. En concreto, se lo han otorgado por el Mercado de Santa Caterina en Barcelona. ¡Muchas felicidades!¡Gracias! Es una buena iniciativa, porque es un premio que han instituido hace poco y que justamente invita a mirar veinte años atrás para ver cuál de los edificios que se hicieron en aquel momento todavía llega al corazón. El año pasado ganamos con la Universidad de Vigo y este año repetimos con Santa Caterina.Benedetta, ¿y por qué cree que las personas hacemos todo lo contrario e intentamos esconder los años?¡Tiene toda la razón! En arquitectura hay un sentimiento colectivo, pero a nivel personal no nos gusta la idea de morir. Nadie quiere desaparecer y por eso hay esta lucha individual contra el tiempo. Pero si no muriéramos, la sociedad no iría adelante. ¡Sería un desastre! Imagínese si todos los que estamos vivos lo estuviéramos por siempre jamás. ¡No podríamos tener más niños, no evolucionaríamos y sería una cosa tremenda! Esta estética de edificios naturales y románticos que comentábamos no la podemos aplicar a las personas, pero es lo que nos pasa cuando morimos, que nos convertimos en parte de la tierra. Tendríamos que ser capaces de respetarlo, pero tenemos una contradicción entre nuestra individualidad y el bien colectivo, que a veces entran en conflicto.En arquitectura hay un sentimiento colectivo, pero a nivel personal no nos gusta la idea de morirBenedetta TagliabueNo sé si esta voluntad de permanencia también intenta buscarla en su vida personal. ¿Le preocupa el legado que dejará, lo que quedará de usted el día que ya no esté?¡Claro que me preocupa! La vida espiritual ahora se lleva menos, pero a mí me interesa mucho. Creo que es muy importante tener una manera de hacer y de comportarse, y ser un ejemplo y un modelo para las generaciones que vienen detrás.Teniendo los pies en el suelo y hablando de cosas más mundanas, un modelo de vida es el italiano. La buena comida, un buen coche, unos paisajes de película, el “dolce far niente”... ¿Cree que los italianos son un ejemplo a la hora de disfrutar la vida y los pequeños placeres?Creo que sí. Italia ha sido un lugar muy complicado y con una historia también muy complicada. En la época romana quizá éramos un gran imperio, pero después hemos pasado por guerras y no hemos acabado de tener claro qué era nuestra nación, nuestro líder, nuestro rey. Esto ha hecho de los italianos un pueblo que siempre se ha adaptado y que tiende a vivir el momento, apreciando las pequeñas cosas.Lee también¿A qué edad dejó Italia usted, Benedetta?Cuando tenía catorce años y fui a estudiar a Suiza. Después volví para estudiar en la universidad en Venecia, y después me fui a Nueva York. Allí conocí a Enric Miralles y ya vine hacia Barcelona.¿Cree que ha cambiado mucho aquella Benedetta que empezaba a defenderse dentro del mundo de la arquitectura de la actual?Seguramente, porque en aquel entonces era muy pequeña. Pero creo que más o menos ya tenía las mismas ganas de hacer muchas cosas y bonitas. Ahora entiendo que esta inquietud, este emprendimiento, viene mucho de mi genealogía, del lugar de donde vengo. En el norte de Italia hay muchos pequeños emprendedores y la gente trabaja muchísimo. Ese mismo espíritu, las ganas de hacer, las ganas de inventar, lo sentí muy pronto. Es lo que decíamos: pensamos que somos individuales, pero en el fondo somos colectivos.Esta actitud de probar, de lanzarse y de innovar no siempre tiene éxito. Al menos al primer intento. ¿Considera que en ciertos momentos de la vida se ha equivocado?Sí, pero hacer cosas también me da mucha seguridad porque, si resulta, te das cuenta de que esta fuerza de creer en ti misma y de insistir es importante. Más que probar y equivocarte, a menudo tienes que adaptarte. Ibas en una dirección, te encuentras un muro y te paras. Y vas hacia un lado… ¡Y encuentras una salida! Creo mucho en esta posibilidad de adaptación que tenemos los humanos.Benedetta Tagliabue. Joan Mateu Parra / Shooting / Colaboradores¿Ha tenido que adaptarse mucho en este momento de la vida? ¿Hace las cosas muy diferentes a como las hacía antes?Me gustaría, pero me parece que en este sentido todavía soy muy adolescente. Tengo la misma impulsividad que siempre he tenido. Pero quizá una cosa que sí he aprendido es a tener respeto, respeto hacia los otros, a intentar mantener unas buenas formas, porque a menudo vamos muy rápido y tenemos una especie de desprecio los unos por los otros. La vida me ha enseñado que el respeto por quienes te rodean es fundamental. Nunca sabes de dónde vienen las cosas, el porqué, y por eso durante mi vida he intentado no aplastar a nadie.¿Qué es importante para usted, Benedetta? ¿Qué no puede faltar en su vida ahora?No soy una persona muy constante y no tengo rutinas que tenga que hacer inevitablemente cada día, pero creo que hay muchas cosas importantes. Levantarme por la mañana, respirar profundamente, ir al parque y dar un paseo con mi perro cada día, por ejemplo. También hago taichí con un grupo de amigos y a veces voy al mar con el perro. Y ver a los amigos y cultivar la familia. ¡Hay mucho trabajo porque además tengo el estudio y el trabajo!Nunca sabes de dónde vienen las cosas, el porqué, y por eso durante mi vida he intentado no aplastar a nadieBenedetta Tagliabue¡Exacto! Precisamente sigue a un ritmo muy intenso de trabajo, Benedetta. ¿No se ha planteado tomárselo con más calma?La verdad es que no soy capaz de plantearlo. Este proceso depende un poco de la genética. Cuando era pequeña, pregunté a mi padre cuándo se jubilaría y me dijo que nunca. Tenía su pequeña industria y, cuando la dejó, siguió con sus intereses, su jardín… ¡E incluso ahora ha empezado a escribir libros de historia! Vas cambiando tus cosas, pero lo importante es tener siempre algún proyecto en la cabeza.¿Cuál es el interés que ahora mismo ronda por la suya?Estoy entre el estudio y la Fundació Enric Miralles, que es un lugar donde hacemos más bien cultura, donde hablamos de los temas de arquitectura y lo hacemos en público, porque montamos exposiciones e invitamos escuelas internacionales a venir a hacer cursos y workshops. Este equilibrio entre el trabajo duro del estudio, que es producción, y el trabajo cultural de la fundación, que es reflexivo, es bonito. Quizá con el tiempo daré más peso a la fundación.¿Algún interés futuro, algún sueño que todavía tiene entre ceja y ceja realizar?Cuando me hacen esta pregunta, nunca sé qué contestar. Pero si pienso… Cuando era joven, me imaginaba ser arquitecta para hacer una sociedad más bonita en que todos trabajáramos juntos y viviéramos en comunidad. Creo que este propósito de crear comunidad todavía es uno de los objetivos que me gustan más. No es un proyecto que haces una vez y lo acabas, sino que es una filosofía que vas aplicando a cada trabajo.¡Esperemos que por muchos años pueda seguir aplicando este objetivo! ¡Tendremos ciudades más amables y más humanas!¡Sí! Pero… hay una cosa que no le he dicho, y es que a partir de cierta edad, que no le diré cuál es, he dejado de celebrar cumpleaños. Monto cumpleaños colectivos con los amigos que han nacido cerca de mí y, sobre todo, celebro el cumpleaños de mi perro. Así puedo esconder mi edad.¿Y ya no sopla las velas?Sí… ¡las velas de mi perro!
Benedetta Tagliabue, arquitecta: “Tengo la misma impulsividad que tenía de adolescente, pero la vida me ha enseñado que el respeto por quienes te rodean es fundamental”
La arquitecta italiana, establecida en Barcelona, fue galardonada hace unos meses con el Premio a la Permanencia por el Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España, y su estudio ya cuenta con sedes en ciudades internacionales como Shanghái y París







