“Habitar la belleza”, es la propuesta que en un mundo convulso y contradictorio nos hace la directora artística de Torroella, Montse Faura, para esta edición del Festival. Nada menos… Y abre las puertas a ello con una programación central de 15 importantes conciertos, algunos por la calidad del trabajo de nuestros intérpretes, como este inaugural Beethoven de la OBC y Josep Colom que acabamos de disfrutar. En él, la musicalidad y fuerza expresiva del pianista catalán fue bien comprendida por la OBC y su director, el joven bielorruso Vitali Alekseenok, actual titular de la Deutsche Oper am Rhein de Düsseldorf y Duisburg, que pinta muy bien en cuanto a comprensión del lenguaje y gestualidad clara.Si Colom nos dejó el viernes la belleza íntima del Concierto n.º 5 de Beethoven, con un sentido segundo movimiento, el director parece comprender muy bien las líneas de fuerza que animan la música beethoveniana, especialmente en una estupenda versión de la Sexta sinfonía , vital, sutil en momentos, vibrante también, que rubricó con propina mozartiana y largos aplausos. Todo ello con una respuesta magnífica de la orquesta, esta vez vestida de festival; buenas maderas y vientos, concentración, atención, buen sonido, y una cuerda muy sutil.Vitali Alekseenok rubricó la vital y sutil 6.ª de Beethoven con una propina mozartiana, con largos aplausosLo que sigue en este horizonte de Torroella es también de ilusión. Este Festival dispone de una historia singular como fruto de las Joventuts Musicals y, a diferencia de otros eventos catalanes similares veraniegos, una parte muy importante de su población se da cita en los conciertos, algo que seguramente han de asumir las nuevas generaciones. Así, al entrar a la sala, después de saludar a Faura y a Víctor Medem, director de L’Auditori de Barcelona, que muestra feliz renovación, encontramos la sonrisa entusiasta de Josep Lloret, artífice magno de lo que ha sido esta experiencia artística de casi medio siglo y también primer director de L’Auditori. Y poco después siguieron las sonrisas de algunas de las personas que propiciaron y acompañaron esta experiencia esperada cada año de reencuentro en la iglesia de Sant Genís, con un festival que abría cofres musicales desde el Renacimiento al barroco-clasicismo.Ahora –en el Espai Ter– el gran sinfonismo romántico que en aquellos años pasó por la plaza de Torroella con complejos artilugios acústicos que dejaron numerosas anécdotas musicales, nos acompañará en esa “habitación de la belleza” que comentaba al comienzo. Ejemplo, la original y ya veterana (aunque siempre renovada) Mahler Chamber Orchestra, que aúna juventud y la experiencia de Daniel Harding en el podio y el sinfonismo de Brahms y Dvorák… o el concierto del día 8 con Leonskaja y la tradición que significa la English Chamber y repertorios afines, como la 5.ª Sinfonía de Schubert o el Concierto n.º 12 de Mozart; también mozartiano será el de la Freiburger del 16...Se acaba la respiración en esta frase, pero la recuperamos por lo que supone la potencia de la propuesta de estos veinte días de Festival en su edición 46. Contenidos que sorprenden al señalar un nuevo perfil programático y que hoy por hoy, tras una brillante historia de festivales de clásica del verano en Catalunya con sus altibajos, Torroella parece configurarse como el espacio más significativo.El Quartet Diotima en su 30.º aniversario aborda hoy el mundo de Ravel y Debussy y estrena És , cuarteto encargo del Festival a Joan Magrané... Un festival potente, sí, en diferentes ámbitos estéticos, y que no olvida sus antiguos derroteros. Así podremos disfrutar en la iglesia con The Tallis Scholars y obras de Palestrina o Lassus, o también con los “sueños” de John Dowland. También el día 7 Cantoría, que dirige Jorge Lozano, rememora esencias musicales del barroco cercano, mientras que el 21, Le Poème Harmonique trae el carnaval del s. XVII a escena.Esta invitación a “habitar la belleza” con contenidos de probada calidad y variedad, nos lleva a reflexionar sobre la importancia de esta historia veraniega de Catalunya, de la significación de la iniciativa privada, de la importancia del apoyo que debemos –empresas, administración pública, gentes, que creemos que en la belleza se encuentra lo trascendente– a proyectos de este carácter que rememoran tiempos históricos del Modernismo que unían música, arte y naturaleza, y que configuran señas de identidad en las que participan en estos momentos muchas personas, en diferentes proyectos en el país, con iniciativas quizás más pequeñas pero con carácter, propuestas que desde fuera dejan ver un ilusionante concepto de la cultura, lamentablemente, tan teñida ahora en los medios de mero espectáculo.