Con la aprobación de la Constitución, la consolidación de la democracia, la llegada del consumo de masas y el estallido cultural de la Movida, España cambió de piel. Mientras lo hacía, millones de personas seguían reuniéndose cada noche frente a un único televisor porque la pantalla también contó la Transición.PublicidadUn país en construcciónLa televisión pública dejó de ser el altavoz de un régimen para convertirse, poco a poco, en el escenario donde una sociedad aprendió a debatir, descubrió nuevas formas de ocio y educó a una nueva generación de espectadores. Los programas de aquellos años reflejan las aspiraciones, los miedos y las transformaciones de un país en busca de identidad.Entre la muerte de Franco y finales de los años ochenta: espacios de información, concursos, ficción, programas infantiles y musicales dibujaron un retrato de esa España 'en construcción'. Desde los debates de La clave hasta la libertad creativa de La bola de cristal; de la pedagogía de Barrio Sésamo a la revolución cultural de La edad de oro; de la infancia compartida de Verano azul al auge del consumo que simbolizó El precio justo.El reportaje informativoEl primer gran programa semanal de reportajes de actualidad de TVE, Informe Semanal, nació con Pedro Erquicia en el año 1973 y se convirtió en referente del periodismo televisivo español: narró acontecimientos como las primeras elecciones democráticas, el 23-F o el ingreso en la CEE. Sigue en emisión y es el informativo de gran formato más longevo de Europa.PublicidadInforme Semanal profesionalizó el reportaje informativo y sigue acompañado los grandes acontecimientos en Televisión Española desde hace más de medio siglo. En aquella época, se emitía en la Primera Cadena, con una cobertura prácticamente nacional y su relevancia queda reflejada en su permanencia como referencia informativa del país durante sus, de momento, 53 años en emisión.Volver a discutirAdemás, la televisión pasó de transmitir un discurso único a convertirse en un espacio de pluralidad y debate. Durante finales de los 70 y hasta casi los 90, el panorama televisivo pasó de emitir espacios puramente informativos o de divulgación científica y contenidos pedagógicos destinados a público infantil, a ser partícipe de la transformación cultural y ver nacer nuevas formas de entretenimiento.La clave abrió por primera vez en televisión pública debates políticos y sociales plurales en plena Transición, convirtiéndose en síntoma de una libertad de expresión en recuperación. El espacio, dirigido y presentado por José Luis Balvín, se emitió entre 1976 y 1980 en la Segunda Cadena UHF.PublicidadComenzaba con la proyección de una película y reunía después a políticos, intelectuales y expertos para debatir temas hasta entonces impensables en la televisión estatal: partidos políticos, divorcio, aborto, autonomías, terrorismo o la propia Constitución.El potencial del debateEn 1978, otro programa supo ver el potencial y apostó por la historia. Con José Antonio Silva como presentador y dirigido por Luis Ignacio Seco, Tribuna de la Historia se estrenó también en el Segundo Canal de TVE. Con el mismo método que usaba José Luis Balbín antes del debate, se emitía un breve documental sobre el tema a tratar. Después, cuatro historiadores o especialistas debatían sobre un acontecimiento o personaje histórico.El espacio se canceló el 18 de abril de 1981, apenas dos meses después del 23F, en un momento de importantes cambios en la dirección del ente público. Según fuentes oficiales, el entonces director en funciones del ente, Luis Ezcurra, presionó con éxito para recuperar el cancelado programa tras su censura política en 1981.La censura fue provocada por presiones políticas de los sectores más conservadores de la UCD tras un polémico debate sobre las relaciones entre la Iglesia y el Estado y la revisión crítica del franquismo.No volvió con el mismo nombre, pero dos meses después, el 20 de junio de 1981, renació como La víspera de nuestro tiempo. Diálogos con la Historia, manteniendo al director Luis Ignacio Seco y al presentador José Antonio Silva.Crecer en democraciaEn apenas tres décadas, la televisión pasó de ser un lujo al alcance de unos pocos a convertirse en el principal medio de comunicación de los españoles. En 1960 entre el 5% y el 10% de los hogares tenía un televisor, por lo que muchas familias seguían la programación en bares, teleclubs, radios o a través de vecinos.PublicidadEn cambio, en 1989, más del 99% de los hogares ya contaba con al menos un aparato, coincidiendo con la llegada de las primeras cadenas privadas y consolidando la televisión como un elemento imprescindible de la vida cotidiana.Además, los niños de la democracia crecieron con una televisión muy distinta a la de sus padres. La programación infantil y juvenil también experimentó una profunda transformación durante la época. Espacios como Barrio Sésamo introdujeron nuevas formas de aprendizaje a través del entretenimiento. Otros como La bola de cristal rompieron los moldes con un lenguaje irreverente y que marcó a toda una generación.Más instalado en la nostalgia, Verano azul convirtió las inquietudes y la adolescencia en un retrato inolvidable de la España de los ochenta.PublicidadEn general, la creciente oferta de programación infantil consolidó la televisión como un elemento central en la educación, el ocio y la socialización de los más jóvenes.La cultura traspasa la pantallaLa televisión también se convirtió en el escaparate de una nueva efervescencia cultural. A comienzos de los años ochenta, coincidiendo con el auge de la Movida madrileña, TVE empezó a dar cabida a propuestas que rompían con lo tradicional y acercaban al gran público las nuevas corrientes musicales y artísticas.Por ejemplo La Edad de Oro, dirigido y presentado por Paloma Chamorro. Entre 1983 y 1985, el espacio dio voz a grupos y creadores hasta entonces alejados de la televisión generalista, mientras otros espacios musicales y culturales ampliaron la presencia del pop, el rock y las vanguardias.La pequeña pantalla dejó de reflejar únicamente la cultura oficial para convertirse también en un altavoz de las nuevas expresiones artísticas que definieron la España democrática.La España del consumoCon la consolidación de la democracia llegó también una nueva forma de consumir: la televisión también acompañó la modernización económica y los nuevos hábitos de consumo. Los concursos y los grandes formatos de entretenimiento familiar reflejaban una sociedad con mayor poder adquisitivo, más tiempo de ocio y nuevas aspiraciones ligadas al bienestar.Programas como El precio justo, estrenado en TVE en 1988, transformaron el consumo en espectáculo. El concurso, presentado por Joaquín Prat, se convirtió en uno de los más populares de TVE. Su mecánica, basada en adivinar el precio de productos cotidianos, desde electrodomésticos hasta automóviles, reflejaba el auge del poder adquisitivo y la llegada de nuevos hábitos de compra.PublicidadMás allá del entretenimiento, el programa actuó como un escaparate de la modernización económica del país, mostrando a millones de espectadores los bienes que comenzaban a formar parte de la vida cotidiana.En 1990, la pantalla ya había demostrado su capacidad para informar, entretener y acompañar la llegada de nuevas corrientes culturales como la sociedad del consumo, contribuyendo a normalizar sus nuevos hábitos.La Transición se escribió en los boletines oficiales, en los parlamentos y en las calles, pero también quedó grabada en la pequeña pantalla. La televisión pública acompañó a una sociedad que dejaba atrás viejas estructuras y aprendía a mirar con nuevos códigos: entre debates, ficciones, concursos y música, la pantalla dejó de ser únicamente un reflejo del país que cambiaba para convertirse en uno de los motores que acompañaron esa transformación.