La casa de Lola Patau, en Vilassar de Mar (Barcelona), parece construida a partir de la memoria. Objetos llegados de Chile y de otras partes del mundo, cuadros pintados por su marido, muebles que esconden mucha historia y fotografías familiares llenan una vivienda donde cada rincón parece tener algo que contar.

A sus 92 años, Lola conserva una lucidez extraordinaria y una memoria capaz de reconstruir con precisión episodios ocurridos hace más de ocho décadas. Su historia trasciende su biografía; es también la de miles de españoles obligados a abandonar su país tras la Guerra Civil.

El 3 de septiembre de 1939 el barco Winnipeg llegaba al puerto chileno de Valparaíso con casi 2.300 refugiados gracias a la iniciativa impulsada por el poeta Pablo Neruda. Mientras Europa asistía al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, aquel viejo carguero, con capacidad para únicamente ochenta pasajeros, se convertía en el símbolo de un símbolo de salvación, el “mejor y más bello poema” para Neruda.

Entre aquellos pasajeros, viajaba una niña de apenas cinco años, Lola Patau. Cuando rememora ahora aquella travesía, lo primero que aparece no es el miedo, sino la mirada limpia de una niña que todavía no alcanzaba a comprender la dimensión de lo que estaba ocurriendo.