Cuando finalizó la Guerra Civil en España, Joaquina Medón atravesó, junto a sus dos hijos, los Pirineos para encontrarse con su esposo, Manuel Lázaro. Él, de filiación anarquista, había partido antes a Francia, donde colaboraba con el poeta chileno Pablo Neruda en la elaboración de las listas de las personas que embarcarían el Winnipeg, un carguero que arribó a las costas chilenas de Valparaíso con más de 2.200 republicanos que escapaban del franquismo en 1939; incluyendo a la familia Lázaro Mendón. Casi 90 años después, este recuerdo forma parte de una colección de archivos que el Centro Cultural de España en Santiago cedió al Museo de la Memoria y Derechos Humanos de Chile (MMDC) para no olvidar las historias de los refugiados y qué los obligó a dejar su patria. El proyecto se llama Memorias Compartidas. Democracia, Exilio y Derechos Humanos entre España y Chile y es parte del programa Democracia de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Fue lanzado en enero y durante todo este 2026 ofrecerá una programación cultural abierta al público: ciclos gratuitos de teatro y cine, conferencias, música y charlas. Sin dudarlo, María Fernanda García Iribarren, directora del museo de la memoria, asegura que este espacio no es solo para reflexionar sobre el pasado, sino para pensar en la democracia en estos tiempos. “Las historias de las dictaduras chilena y española se asemejan mucho y no solo porque los dictadores eran cercanos, sino porque las víctimas tenían un perfil común. Muchas personas fueron perseguidos o desaparecidos por razones ideológicas y políticas”, dijo la gestora cultural, que el 6 de mayo recibió el Premio Rey de España de Derechos Humanos concedido a la institución que preside. En los archivos digitalizados, donados al museo y que se pueden ver abiertamente en línea, hay testimonios escritos, cartas, recortes de prensa de la época, tarjetas de permanencia transitoria, carnés de identidad, fotografías en blanco y negro o sepia, y otros documentos personales que fueron cuidados durante décadas por los exiliados y luego sus descendientes. Son 33 fondos documentales organizados por grupos familiares o individuos refugiados. El apartado dedicado a la familia Costa Pareja, por ejemplo, cuenta cómo algunos de sus miembros salieron de Málaga a Francia en 1939, donde fueron capturados e internados en un campo de concentración. Tras estar separados durante ocho meses, casi todos en esta familia se reencontraron para viajar a Chile. Tres décadas después, algunos de los exiliados españoles fueron víctimas de la dictadura de Pinochet, como uno de los hijos del matrimonio Lázaro Medón, Manolo, que fue detenido y torturado tras el golpe de Estado contra el Gobierno del socialista Salvador Allende, el 11 de septiembre de 1973. Solo fue liberado debido a la intervención del Consulado de España en Chile. “Muchos de los españoles que llegaron a Chile cerca de las décadas del cuarenta y el cincuenta vivieron un doble exilio después de que se instaló la dictadura de Pinochet, que los llevó a retornar a España o irse a otro destino”, comentó García, quien plantea que finalmente estas memorias que se entrelazan con las de los chilenos que fueron víctimas del régimen militar.Los archivos de los exiliados se están construyendo en tiempo real, ya que se espera conseguir nuevos testimonios y documentos que aporten en la reconstrucción de las historias. “El valor de todo estos registros está en no olvidar. Esperamos que no se repita lo vivido por estas personas y tener esas garantías, que de alguna manera se pueda transmitir a las nuevas generaciones que hay horrores y errores que no se pueden volver a cometer. Nos gustaría que a través de estos archivos, literatura, cine y arte podamos conmover a las personas que acogen o, a veces, no lo hacen tan bien”, señaló García.“No son solo historias de migrantes”La comunidad española en Chile ascendía, en enero de 2025, a más de 71.300, cerca de un 4,5% de los 1,6 millones de migrantes. La mayoría de los extranjeros residentes en el país sudamericano son procedentes de Venezuela, Perú, Colombia y Haití. Sobre los que están en situación irregular, más de 330.000 (principalmente venezolanos), actualmente pesa una advertencia del Gobierno de derecha de José Antonio Kast de que serán expulsados. García afirma que, un proyecto como el de los exiliados españoles, busca empatizar a través de los relatos: “No son historias solo de migrantes. Detrás de cada uno hay una persona, una familia, sueños, vidas. Tratamos de aportar con un pequeño grano de arena al fortalecimiento democrático de nuestro país y, en general, de todos los países”.Los vínculos de España con el museo de la memoria se han afianzado en los últimos años, al punto de que fue visitado por el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, en agosto de 2018. El proyecto de memorias compartidas ha abierto una nueva dimensión al museo, más universal, y se espera que acoja otros capítulos, como el de los niños robados y adoptados ilegalmente en el régimen de Pinochet (en muchos casos fueron enviados al exterior), para no olvidar los horrores de las dictaduras.