Keiko Fujimori, que fue investida presidenta de Perú el martes pasado, y Abelardo de la Espriella, que tomará posesión en Colombia el próximo domingo, no solo consolidan la ola ultraconservadora que se cierne sobre América Latina, sino que quieren apuntalar la deriva hacia la militarización y la represión para garantizar la seguridad ciudadana y la cooperación con Estados Unidos, deseoso de aplicar la doctrina ‘Donroe’ para combatir al narcotráfico.Al menos las primeras promesas y medidas de ambos van en ese sentido. La hija del dictador que acabó siendo sentenciado por crímenes de lesa humanidad en su lucha contra las guerrillas comunistas de Perú ha nombrado a un militar como nuevo ministro de Defensa, rompiendo la tradición de que ese cargo estaba reservado para un alto mando policial. El líder de la ultraderecha colombiana, por su parte, ha anunciado que va a poner fin a la paz total que impulsó su predecesor, Gustavo Petro, y que va a cooperar militarmente con Washington.Fujimori no necesita inspirarse en el modelo Bukele, el presidente salvadoreño que cambió la violencia de las pandillas por la de las fuerzas de seguridad y que ha instaurado un estado de excepción permanente gracias al que ha podido encarcelar a más de 91.000 personas en cuatro años dejando un reguero de torturas, muertes bajo custodia y detenciones arbitrarias que algunas instituciones cifran en el 36% del total. Fujimori ya aprendió en la Casa del Gobierno de Lima, cuando ejercía de primera dama de su padre, cómo utilizar las fuerzas armadas sin los límites del estado de derecho.El primer paso adelante de Keiko Fujimori ha sido el nombramiento del general retirado César Astudillo, que fue uno de los miembros de los comandos que acabaron con el asalto a la residencia del embajador japonés en Lima en 1997 -durante la época autoritaria de Alberto Fujimori- y que escaló posiciones hasta ejercer de jefe del comando conjunto.Lee tambiénCésar Astudillo, de 66 años, llegó a militar en el partido de ultraderecha Renovación Popular, cuyo líder, Rafael López-Aliaga, perdió en la primera vuelta de las presidenciales frente a Fujimori y el progresista Roberto Sánchez, y que será un aliado fundamental de la Fuerza Popular de Fujimori para poder aprobar las “herramientas especiales” que va a solicitar al parlamento. Astudillo se encargará ahora de las operaciones contra el crimen organizado, que incluirá la declaración de zonas de emergencia, como anunció Keiko Fujimori en su discurso inaugural.La hija del dictador de Perú ha nombrado a un general retirado como nuevo ministro de InteriorPerú sufre una crisis de seguridad atizada por bandas criminales que hacen de la extorsión su principal actividad, lo que también ha provocado que la tasa de homicidio casi se haya triplicado desde 2018. Fujimori quiere centrar la lucha contra la delincuencia expulsando a los migrantes irregulares -la fórmula de José Antonio Kast en Chile, que también ha puesto al ejército al frente de esta misión- y la creación de tribunales con jueces anónimos.Abelardo de la Espriella ya ha mandado mensajes muy claros antes de ponerse la banda presidencial colombiana. Para empezar, intentó que la ceremonia de investidura tuviera lugar en un cuartel militar para enfatizar su proclama de que va a acabar con la paz total que impulsó el gobierno de izquierdas de Gustavo Petro. El todavía presidente ha impedido que la ceremonia se desarrolle en un espacio militar, pero la polémica muestra las intenciones del primer presidente que tendrá tres nacionalidades, la colombiana, la italiana y la estadounidense.En su gabinete, De la Espriella reserva un espacio para los militares también, aunque solo en el ministerio de Defensa, cuyo titular será el general mayor Jorge Eduardo Mora, que fue retirado en 2022 por discrepancias con Petro. Mora deberá “recuperar la seguridad del país” según el nuevo presidente, contener la expansión de los grupos armados ilegales y combatir el narcotráfico, la minería ilícita y la violencia. Interior estará en manos de un civil, Rodrigo Lara Restrepo, hijo de Rodrigo Lara Bonilla, exministro de justicia asesinado por los sicarios de Pablo Escobar.Con el nuevo rumbo de Perú y Colombia, una tercera parte de la población de América Latina vivirá bajo gobiernos de ultraderecha, a la espera de lo que pueda suceder en Brasil el próximo mes de octubre, donde el ultraderechista Flávio Bolsonaro, que se perfila como máximo rival del presidente Lula da Silva está dispuesto a autorizar que Estados Unidos persiga narcotraficantes incluso en la bahía de Guanabara (Río de Janeiro).Ecuador, el único país que hasta ahora ha autorizado a Trump, una operación armada de Estados Unidos en su territorio, aplaude el giro político de Perú y Colombia y su ingreso en el Escudo de las Américas. El presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, es un fiel alumno de Trump y de Bukele, de quien ha copiado su querencia por el estado de excepción. En enero de 2024, un mes después de asumir el poder, Noboa decretó “el estado de conflicto armado interno” y desplegó el ejército en las calles. Lo ha mantenido desde entonces y ha aprovechado para decretar hasta siete toques de queda parciales.El nuevo presidente de Colombia quería jurar el cargo en un cuartel militar, pero Petro lo ha impedidoNoboa ha añadido la construcción de una megacárcel y la represión de opositores, como el alcalde de Guayaquil, encarcelado por un extraño caso de supuesta venta ilegal de hidrocarburos. Pese a la militarización del país y las redadas durante los toques de queda, la criminalidad de Ecuador, del 51 por mil en 2025, seguía siendo la más alta de Latinoamérica.Ecuador demuestra que aunque los votantes den respaldo a opciones políticas de extrema derecha, no siempre están dispuestos a ciertas renuncias en su derechos. Así, Noboa vio cómo buena parte de sus planes se frustraban en 2025 cuando los ecuatorianos rechazaron en referéndum sus propuestas para crear una nueva asamblea constituyente, permitir las bases militares de EE.UU. en el país, reducir el número de parlamentarios y dejar de financiar a los partidos políticos.El Escudo de las Américas exigirá mñas gasto militar a sus miembrosAbelardo de la Espriella ha entregado la cartera de Exteriores de Colombia al economista y diplomático Omar Bula Escobar, simpatizante MAGA y trumpista declarado. El presidente electo ultraderechista ha asegurado que Colombia ingresará al Escudo de las Américas, el grupo de aliados de EE.UU. en América Latina para coordinar acciones contra el narcotráfico, los cárteles, el crimen organizado transnacional y la migración irregular, además de contrarrestar la influencia de China en el continente. Aprovechando la coyuntura favorable en Amércia Latina, la administración Trump piensa intervenir más en el continente. El jefe de política del Pentágono, Elbridge Colby, lo explicó recientemente en Cuzco, donde dio prioridad a operaciones conjuntas con países afines. Y, también, a un aumento del gasto militar. “No hay ninguna razón por la que ningún país, en ‌particular aquellos que se enfrentan a importantes amenazas narcoterroristas, deba gastar tan poco en defensa”, defendió Colby.Periodista, reportero y viajero. Redactor jefe de Narrativas Visuales de ‘La Vanguardia’. Profesor asociado del máster de periodismo BCN-NY de la UB. Premio Unicef (2001), Premi del Consell de Benestar Social (2002) y Premio Tiflos (2010)