Carlota Casiraghi encarna perfectamente lo que algunos llaman fin de raza. La ya no tan joven, que cumple 40 el lunes, es el vivo ejemplo de que no se puede mejorar m�s la especie humana ni se puede escalar a�n m�s en los genes de Grace Kelly.Su madre, Carolina, hered� de su abuela Grace todas las gracias, valga la redundancia, pero Charlotte lleg� para apuntalarlas. De momento Carlota no tiene hijas, pero si en alg�n momento las tuviera, seguramente el stendhalazo del alumbramiento producir�a un eclipse solar, que se parase el tiempo, erupcionara de nuevo Vesuvio sobre Pompeya o un fen�meno similar.Bromas y exageraciones aparte, Carlota de M�naco, colmo de la idealidad en camisa y vaqueros, no es princesa sobre el papel, pero lo es, de largo, en maneras y formas. "Es casi como si hubiera nacido envuelta en Chanel, recuerdo fotos de mi madre embarazada de m� vestida de Karl", ha dicho.Nacida en M�naco, no conoci� a su abuela, que falleci� cuatro a�os antes en un accidente de tr�fico. "Cuando veo sus pel�culas, veo en ella a mi madre, su exigencia, su disciplina y su misterio".Carlota es consciente de sus altas cotas de elegancia y belleza, y se sirve pero a la vez reniega de ellas. Da la sensaci�n de que tiene la necesidad de demostrar permanentemente que ella es mucho m�s profunda que la superficialidad que siempre le acompa�a. Por eso seguramente estudi� Filosof�a en La Sorbona, por su intenci�n de cultivar m�s su vida interior y despegarse algo de la fascinaci�n que suscita en su entorno. "He sido reducida a una imagen sobre papel satinado, a una vida de sue�os y privilegios. Mi personalidad casi nunca se revela en esa imagen que se me pega a la piel", ha lamentado.La muerte de su padreCarlota se crio en la campi�a de la Provenza junto a sus hermanos Andrea y Pierre. All� se mudaron tras la terrible p�rdida de su padre, Stefano Casiraghi, en un accidente n�utico cuando ella ten�a s�lo cuatro a�os.Carlota se ha abierto sobre ese episodio que le cambi� la vida en su �ltimo libro, La grieta. Recuerda con ternura c�mo le aliviaba escribirle cartas a su padre aun a sabiendas de que nunca recibir�a respuesta. Se volc�, entonces, en la lectura. "Crec� con una madre brillante y sumamente culta que ten�a est�ndares intelectuales muy altos". Pues eso, insiste en que una cosa es la impecable Carolina del baile de la Rosa y el balc�n del Principado y otra muy distinta la del sal�n de su casa, frente a su biblioteca, con un pitillo encendido.Carlota ha salido a Carolina en casi todo, menos en lo de fumar. Tampoco le interesan mucho los c�rculos royals ni se resiste a dejar de ser princesa como su madre, que no ha querido divorciarse nunca de Ernesto de Hannover para seguir utilizando el t�tulo. Eso s�, lleva un largo carrer�n sentimental muy Grimaldi. Carolina se cas� primero con Philippe Junot, luego con Casiraghi y despu�s de enviudar recuper� la sonrisa con el actor Vincent Lindon, recuerden las fotos ochenteras. Hoy, a la primog�nita de Rainiero se le nota que tras Hannover se ha jubilado del amor y es feliz sin ning�n hombre al lado, disfrutando de sus nietos mientras se peina las canas.Para saber m�sCarlota va por el mismo camino que su madre y su t�a Estefan�a, con otro largo cv amoroso y hoy soltera, aunque ella a�n est� lejos de retirarse de estas lides para fortuna de Paris Match. Muy noviera, le hemos conocido parejas desde bien jovencita. Con el rico heredero brasile�o �lex Dellal estuvo varios a�os antes de retozar con el director de cine Lamberto Sanfelice, con quien vivi� un romance m�s bohemio. A los 27 conoci� al c�mico franc�s de origen marroqu� Gad Elmaleh, su amor m�s t�rrido, y tuvieron un hijo, Raph�el, hoy preadolescente. Estuvieron cuatro a�os juntos, pero nunca se casaron. Con quien s� lo hizo fue con el tambi�n director de cine Dimitri Rassam, hijo de la �ntima amiga de su madre Carole Bouquet. Con �l tuvo otra criatura, Balthazar, de tiene 7 a�os.En la actualidad, Carlota vive en Par�s con el escritor franc�s Nicol�s Mathieu, a quien conoci� en un encuentro filos�fico.