El sábado 25 de julio, el ministro de Educación de India, Dharmendra Pradhan, renunció después de varias semanas de protestas juveniles convocadas por el Partido Popular de las Cucarachas, un movimiento nacido en mayo como una campaña satírica en redes sociales que evolucionó rápidamente hasta convertirse en una de las mayores movilizaciones contra el gobierno de Narendra Modi.Se trata de la primera gran concesión política del gobierno autoritario de Modi, quien concentró el poder en el Ejecutivo, ha utilizado las agencias estatales contra sus opositores, restringido la libertad de prensa y sostiene un discurso nacionalista hindú que, según sus críticos, incrementó la discriminación y la presión sobre las minorías, especialmente la musulmana.La dimisión también da una idea del poder de la Generación Z, que se articuló alrededor de un movimiento que comenzó como una protesta por las filtraciones de exámenes nacionales, especialmente el de medicina (NEET), pero terminó expresando el malestar de millones de jóvenes frente al desempleo, la corrupción y la falta de oportunidades en su país."¿Qué pasaría si las cucarachas se juntan?"Abhijeet Dipke, el instigador de 30 años de este movimiento, era hasta hace apenas unas semanas un desconocido estudiante de una maestría en Relaciones Públicas en una universidad de Estados Unidos. De acuerdo con un perfil publicado por The New York Times, Dipke despertó el 16 de mayo con la noticia de que un juez de la Suprema Corte se había referido a los jóvenes desempleados de India como "parásitos" y "cucarachas". Entonces publicó en su cuenta de X una pregunta: "¿Qué pasaría si las cucarachas se juntan?". La respuesta fue tan amplia que lo motivó a crear, con ayuda de inteligencia artificial, una página web para el Partido Popular de las Cucarachas, una parodia del Partido Popular Indio, encabezado por Modi. En apenas dos semanas, la cuenta de Instagram del movimiento reunió más de 20 millones de seguidores.El movimiento surgió pocas semanas después de la cancelación del examen nacional de ingreso a las facultades de medicina (NEET), presentado por 2.2 millones de estudiantes y anulado debido a una filtración de preguntas. El escándalo evidenció un problema crónico de corrupción en el sistema educativo indio y detonó una ola de indignación juvenil por las faltas de oportunidades educativas y laborales en India.Las protestas, organizadas en torno a la no violencia y celebradas en el histórico sitio de Jantar Mantar —un observatorio astronómico en el centro de Delhi que se ha convertido en un lugar emblemático de las manifestaciones públicas— comenzaron a atraer no solo a estudiantes, sino también a padres de familia, profesores y ciudadanos indignados por la falta de rendición de cuentas. La huelga de hambre del reconocido activista Sonam Wangchuk, una de las figuras públicas más respetadas del país en temas de educación, dio mayor legitimidad al movimiento. Además, el respaldo nacional e internacional se fortaleció cuando, el 20 de julio, comenzaron a circular imágenes de jóvenes golpeados por la policía después de que los manifestantes intentaran avanzar hacia el Parlamento.El gobierno sostuvo que algunos participantes recurrieron a la violencia, mientras que los organizadores insistieron en que la marcha era pacífica y denunciaron un uso excesivo de la fuerza. Todo ello aumentó la presión política sobre el gobierno de Narendra Modi y desembocó en la renuncia de su ministro de Educación.La fuerza de la generación ZLas protestas pueden entenderse como parte de una nueva ola de movilizaciones juveniles en el sur de Asia. En Bangladesh, las protestas estudiantiles de 2024 comenzaron como un rechazo al sistema de cuotas en el empleo público, pero rápidamente se transformaron en un levantamiento contra el autoritarismo, la corrupción y la concentración de poder de la primera ministra Sheikh Hasina. La represión dejó centenares de muertos y culminó con la caída del gobierno, convirtiéndose en uno de los mayores cambios políticos de la región en décadas.En Nepal, las protestas de la llamada generación Z en 2025 también fueron impulsadas por jóvenes indignados por la corrupción, el nepotismo y las restricciones a las redes sociales. La movilización escaló hasta provocar la renuncia del primer ministro y la formación de un gobierno de transición.Los expertos hablan de un fenómeno regional: una generación joven, altamente conectada por las redes sociales, que desconfía de los partidos tradicionales y utiliza movilizaciones descentralizadas para exigir transparencia, oportunidades económicas y gobiernos más responsables.