1 de agosto, 2026 - 07h00“Cuando alguien se suicida, deja muchas preguntas inconclusas en quienes lo rodeaban, como familiares o amigos, aun si deja una carta de despedida”. Con esta frase empezó Ernesto Carrión un pequeño conversatorio que organicé con uno de los clubes de lectura que dirijo con motivo del análisis de su más reciente obra Catálogo de aves muertas, que conseguimos a través de librería Ataraxia. Fue interesante sentir que éramos las primeras lectoras en Latinoamérica, porque hasta el momento que escribo estas líneas su obra solo se ha vendido en Europa y todavía no llega a Ecuador.De esta manera, también quiero reconocer que Ernesto Carrión es el primer ecuatoriano, y valga la precisión guayaquileño, que es publicado por esta prestigiosa editorial española, sin mencionar la fila de premios y reconocimientos que lo preceden. Por tanto, fue un honor poder contar con su tiempo y es que esta novela, que aunque no ha tenido lanzamiento oficial en Ecuador, ya está dando de qué hablar en Europa porque trata de un tema sensible y polémico, pero el escritor desde su habilidad logra abrir algunas aristas que usualmente no se manejan, por ejemplo, en el libro se plantea que los animales también buscan quitarse la vida bajo ciertas circunstancias, pero entonces surgen más preguntas: ¿los animales también pueden hacer un análisis y tomar decisiones aun en contra del instinto básico de supervivencia? El debate realmente se puso interesante tomando en cuenta que el “suicidio” de los cuvivíes es un extraño fenómeno natural –sin explicación científica– en el que cientos de aves migratorias aparecen muertas en las lagunas de Ozogoche, ubicadas en la provincia de Chimborazo, cada mes de septiembre. Este es el inicio y el hilo de Ariadna que abre un interesante abanico de subhistorias dentro de la novela.También, en esta obra, se presenta la presencia de la inteligencia artificial como una herramienta para sobrellevar la pérdida y el duelo, entonces uno como lector se cuestiona ¿hasta qué punto esto es solo una distopía literaria o puede convertirse en nuestra realidad en un futuro no tan lejano? Así que dejo estas inquietudes para criterio de los futuros lectores de esta novela que realmente remueve convicciones y plantea muchas preguntas alrededor de temas que a veces preferimos no tratar por considerarlos demasiado sensibles o inapropiados, pero suceden muchas más veces de lo que creemos. Personalmente, disfruté mucho que esta obra parte de un evento que ocurre en Ecuador y la India al mismo tiempo y en el mismo mes. Muy curioso, ¿verdad? Finalmente, la reunión con Ernes-to sirvió para que sus primeras lectoras latinoamericanas pudie-ran tener detalles sobre cómo se escribió esta novela, sus procesos creativos y todos los elementos y eventos que se tomaron en cuenta para poder escribirla. Estoy segura de que esta obra generará muchos conversatorios y entrevistas cuando llegue a Ecuador. Por lo pronto me quedo con las palabras de Toni Morrison: “Escribir es un acto de resistencia, una forma de desafiar al mundo y dejar una huella duradera en él”. Estoy segura de que Catálogo de aves muertas lo hará. (O)