Hay momentos en la vida pública de un país en que el silencio deja de ser prudencia y se convierte en complicidad. México vive uno de esos momentos. En días recientes se discute un nuevo paquete de lineamientos sobre el derecho de las audiencias. En el papel, suena técnico, casi inofensivo: reglas, criterios, “protección” al público. En los hechos, es un intento más de un gobierno que ya no sabe qué hacer con las voces que lo incomodan, salvo intentar apagarlas.No es casualidad el momento. Faltan meses para las elecciones de 2027, la primera cita electoral en la que Morena se juega algo que no había tenido que arriesgar en años: la mayoría que hoy controla en la Cámara de Diputados. Y cuando un proyecto político empieza a sentir que puede perder el control absoluto, la tentación de cambiar las reglas del juego —en lugar de mejorar su desempeño— siempre aparece.Lo preocupante es que, en esta historia, la autoridad electoral no está actuando como árbitro. Está actuando como jugador del mismo equipo. En lugar de garantizar condiciones equitativas para la contienda que viene, parece dispuesta a silenciar a quien se atreva a decir en voz alta lo que México —y el mundo— viene señalando desde hace tiempo: que el partido en el poder ha construido puentes con estructuras criminales para asegurar votos, territorio y silencio, a cambio de la vida, seguridad y el patrimonio del pueblo al que decía amar.Esa es, precisamente, la acusación que se pretende silenciar. No un insulto gratuito, no una ocurrencia de campaña: una denuncia que nosotros como partido de oposición tenemos todo el derecho a sostener, con los elementos que hemos ido presentando en distintos foros. Y por eso mismo se busca amordazarnos ahora, antes de que crezca, antes de que la sociedad termine de conectar los puntos.Ya hemos visto esta película. Cada reforma que este gobierno ha impulsado bajo la bandera de “es para el pueblo” ha terminado, en los hechos, debilitando instituciones, concentrando poder y golpeando el estado de derecho. La reforma judicial, los cambios a organismos autónomos, los ataques constantes a árbitros electorales: todo, siempre, envuelto en el mismo discurso de justicia social. Y cada vez, el resultado ha sido el mismo: menos contrapesos, menos transparencia, más poder para quien ya tiene demasiado.Entonces cabe preguntar, con toda honestidad: ¿a quién pretenden engañar esta vez? ¿Desde cuándo a este régimen le ha importado genuinamente “la gente” cuando de por medio está su permanencia en el poder? La evidencia de los recientes años no habla de un gobierno preocupado por proteger audiencias vulnerables de la desinformación. Habla de un gobierno incómodo con la crítica, que confunde el disenso con el enemigo y que ve en cada micrófono libre una amenaza a controlar.México ha pagado un precio muy alto por mirar hacia otro lado cuando las instituciones se doblan al servicio de un solo proyecto político. No podemos permitir que ese precio se pague otra vez, ahora en nombre de “proteger a las audiencias”.No a la censura. No ahora, no así, no nunca. Presidente Nacional del PRI Únete a nuestro canal