Los analistas consideran que el pacto pone la pelota en el Gobierno de Netanyahu y corre el riesgo de descarrilar sin avances de las partes en paralelo
Nickolay Mladenov, el exministro búlgaro que dirige la Junta de Paz que ha logrado el pacto para desarmar a Hamás en Gaza, lo advirtió este viernes, al anunciarlo: “Lo que dice el acuerdo importa. Lo que suceda después importa aún más”. Es decir, que los 15 puntos del documento —diseñados teniendo en cuenta la nula confianza entre Israel y Hamás, sobre todo por los incumplimientos del primero de sus compromisos en los nueve meses de alto el fuego— solo saldrán adelante si ambas partes se implican en un proceso que se antoja largo y tiene suficientes rendijas para atascarse. Su éxito choca, además, con los tiempos políticos. El primero, Israel celebra elecciones en octubre y el primer ministro, Benjamín Netanyahu, difícilmente dará carnaza política a sus adversarios cumpliendo las impopulares obligaciones necesarias para que Hamás y el resto de facciones armadas de Gaza empiecen a entregar las armas.
Andreas Krieg, analista de riesgos geopolíticos en Oriente Próximo y Norte de África y profesor asociado en la Escuela de Estudios de Seguridad del King’s College de Londres, asegura que Hamás ha hecho una “maniobra táctica” con la firma del acuerdo que “devuelve la pelota a Israel”. “En esencia, está diciendo: hemos puesto el desarme sobre la mesa, así que veamos si Israel cumple con la retirada, la reconstrucción y las concesiones políticas prometidas. Dado el reiterado incumplimiento de compromisos anteriores por parte de Israel, Hamás podría prever que el proceso fracase de ese lado. De esta forma, podrá decir a los palestinos y al resto del mundo: estábamos dispuestos a llegar a un acuerdo, pero Israel no”, asegura a este periódico.











