Durante casi treinta años, sus canciones hicieron cantar y bailar a los italianos. Detrás de esos ritmos, que saben a verano, besos con sal y aperitivos frente al mar, se esconde, sin embargo, un compositor obsesionado con las palabras, los mitos antiguos y la materia física del sonido. Invitado por el Consulado General de Italia en Buenos Aires, llegó al Teatro Coliseo con Musicae Loci, un proyecto que transforma su música en cada lugar donde se presenta, Max Gazzè. Hay artistas cuya fama cruza las fronteras antes que ellos. Otros deben llegar en persona para que una ciudad los descubra. Max Gazzè pertenece, al menos en Buenos Aires, a la segunda categoría. Mientras parte de la prensa porteña se acercaba a la entrevista intentando descifrar por primera vez quién era aquel músico italiano de cabellos largos, bigote impecable y modales de antidivo, para cualquier oído entrenado en las radios y los veranos de Italia su nombre llevaba consigo una banda sonora completa. Vento d’estate, Una musica può fare, Il solito sesso, Sotto casa, La vita com’è, Ti sembra normale: canciones que sonaron en San Remo, en los autos camino al mar, en las fiestas y en los bares, y que terminaron instalándose en la memoria incluso de quienes nunca se detuvieron demasiado a pensar en lo que decían.