01/08/2026 a las 10:00h.
Cuando uno piensa en lugares inaccesibles quizás visualice una guerra. O un despacho de alguien muy importante. O incluso la cumbre de una montaña. Sin embargo, a veces esos rincones están repartidos por las ciudades que habitamos y por las calles que transitamos cada día.
Uno de esos lugares que no sabemos cómo son por dentro ni quienes viven ahí pueden ser, por ejemplo, los conventos. Especialmente, los conventos de clausura, los cuales no suelen abrir sus puertas de manera habitual. Sin embargo, ABC consiguió entrar a uno de ellos para acercarse a la vida de las monjas que allí residen y trabajan.
«Nunca hemos aceptado una cosa así porque queremos conservar nuestra intimidad», decía Sor Ángeles, monja de clausura en el monasterio dominico de la Santísima Trinidad de Orihuela donde residía junto a otras once hermanas. Sin embargo, la protección de su intimidad no es el único motivo por el que estas religiosas no suelen aceptar visitas de este tipo. «No nos fiamos mucho de los periodistas. A veces exageran o cambian las palabras y dicen lo que no queremos decir», confesaba con media sonrisa.
Así es la vida en un convento






