Hacer el pino o dar saltos después de tomar un vasito de vino suena más a un reto que proponerle a un amigo un poco pasado de rosca en la verbena del pueblo que a un plan de domingo. Sin embargo, con muchos matices, es una práctica que no deja de ganar adeptos. Si antes el bar era el punto de encuentro para tomar un carajillo en la barra, echar una partida al dominó o simplemente sentarse en la puerta a ver la vida pasar, ahora algunos locales invitan a hacer justo lo contrario: levantarse. Las hermanas influencers Sara y Marta Baceiredo tienen 27 años. Se hicieron populares en redes, entre otras cosas, por compartir sus rutinas de ciclismo y salir a correr. Abrieron hace poco más de un año la cafetería We are always open, en el Paseo del Marqués de Monistrol, aledaño a Madrid Río. El local se autodefine como sports hub y social café. Si bien se puede tomar el brunch —híbrido entre desayuno y almuerzo—, el local se especializa en desayunos, es decir, en breakfast y punto. Y entre marchas, cafés y tostadas de aguacate, vemos siempre a personas en chándal que vienen de hacer una ruta en bicicleta por la Casa de Campo o de correr por Madrid Río. Algunos días, apartan las mesas para hacer eventos de yoga o pilates allí mismo. El espacio, además de albergar diferentes variedades de cafés, desde un espresso por dos euros a un capuchino por tres con cincuenta, es también un punto de encuentro para eventos deportivos. El lugar se define como pet friendly, bike friendly y laptop friendly. Para los que no sepan inglés: puedes llevarte al perro, a la bici y al ordenador para teletrabajar, a excepción, eso sí, de los fines de semana y festivos para el último caso. Son cada vez más los locales que integran los servicios de bar y cafetería con el deporte. Los hay que practican yoga o pilates allí mismo, trayendo sus esterillas, o los que son un punto de encuentro del club de running o ciclismo del propio local o el retorno para rehidratarse después. Olvídense, en cualquier caso, de la cerveza obligatoria. Los electrolitos se reponen de verdad, sin ironía, para tomar una cerveza. Hay, por supuesto, quien la pide, pero la intención aquí es ofrecer más variedad. Casi todos sus dueños coinciden en algo: quieren ir más allá. Uno de estos locales emergentes es la cafetería Montreal, en la calle Lola de Membrives, muy cercana a Marqués de Vadillo. Tostas, sándwiches y cafés presiden la carta. La pared está forrada con carteles con un cuidadoso diseño que ofrecen todo tipo de actividades: yoga, pilates o club de lectura. Predomina el color rojo de los azulejos y la barra es pequeña. Bajando las escaleras que también llevan al baño, nos encontramos la sala donde se dan las clases deportivas. Claudia Solano es una joven navarra que está detrás de la cafetería Montreal: la fundó al cumplir los treinta años. TE PUEDE INTERESAR Solano ya había trabajado en hostelería anteriormente y es también una gran aficionada al yoga. “Yo cuando llegué a Madrid, iba mucho a Patio Maravillas, un edificio okupado de Malasaña. Había una cafeta abajo, hacíamos yoga, asambleas… Existe en Madrid una cosa que es como la antítesis de ese proyecto, pero que en verdad es lo mismo, que es el Matador, en el barrio de Salamanca”, cuenta a El Confidencial sin dejar de secar platos y vasos tras la barra del Montreal, en referencia a un club privado que ofrece también bar y deporte, pero a un precio elevado. “Mi target es principalmente gente que vivíamos en el centro, pero que se nos ha expulsado y queremos espacios guays en el sur. También viene gente de los 30 a los 40, sobre todo." Cuando le preguntamos a este respecto, asegura estar a favor del bar de toda la vida. “Pero, ¿qué estamos defendiendo? Históricamente ha habido explotación laboral, lo primero, que es como se sustentan esos precios”, explica. “A mí se me ha acusado un poco de gentrificadora. Y no. Quiero decir, puedo pintar el suelo de rojo y no ser gentrificadora. Otra cosa es que promotoras e inmobiliarias me usen para defender el discurso de que Carabanchel es guay y que merece la pena pagar dos mil euros por un alquiler”, declara. “A mí me apetecía salir del bar convencional en el que solo vas a beber o a consumir”, nos dice. “Sitios donde sabes que hay más que hacer. Hacemos también club de lectura y club de cine. Y viene gente muy guay a dar charlas. En septiembre vienen Manuela Carmena, Jonás Trueba...", explica Claudia Solano. Foto: V. V. Respecto a los hábitos de consumo, también nos confirma que la cosa está cambiando. “Claramente, la gente quiere menos alcohol. Cuesta mucho que la gente se pida una tercera cerveza o una cuarta copa. Aquí sacamos mucha limonada casera”. El menú del día aquí no incluye fritos porque no tienen salida de humos. Aun así, nos cuenta, no quería obsesionarse con lo saludable y quería hacer comida de siempre. “Ayer tuvimos de plato del día pollo al limón con patatas panaderas. Son cosas normales, pero hechas con amor." "Hay chicas que vienen a hacer yoga y se quedan por aquí, teletrabajando", declara. "De momento, tengo espacio de sobra... A veces sí que hay el típico que le pones un café y se queda horas. Pero de momento, todo bien. Cuando muera de éxito, le diré: 'Oye, mira, pídete otro, ¿sabes?'", cuenta entre risas. Al preguntar por el plato estrella, tanto Solano como Elisa, la cocinera, coinciden en que es el sándwich mixto o de rosbif. Tienen un precio de siete con cincuenta y diez euros, respectivamente. Una nueva generación de bares 28 y 32 años tenían Javier Díaz y Manuel Verdejo cuando abrieron una tienda de bicicletas llamada Dog Days que acabaría desembocando en que abrieran después el bar Grupeta, en el distrito de Chamberí. Claudia Solano posa en su cafetería. (V. V.) “Grupeta es un bar con dos caras”, nos cuenta Manuel Verdejo, uno de los socios. ”Está la cara de que es un bar normal, con raciones para compartir, bastante relajado. Y luego tenemos toda la parte de comunidad, que es lo que surgió un poco de la tienda de bicis, que es la gente que queda para hacer ciclismo o el club de running”. Cuando le preguntamos cuál cree que es el origen de este tipo de bares, nos cuenta que observan una tendencia a salir menos de fiesta. “La gente está buscando hacer deporte el sábado por la mañana y eso implica que el viernes por la noche no vas a la discoteca. Hay también una tendencia clara de influencers de Instagram que se están pasando al deporte y, al final, todo eso fomenta este tipo de comunidades". Foto: V. V. Desde Grupeta tampoco querían encorsetarse en el concepto de bar de comida saludable. “Tenemos de todo: ensaladilla, torreznos, tablas de embutido…”, nos explica Verdejo. Respecto al alcohol, nota también cierto cambio. “Estamos viendo que las bebidas cero cero o la kombucha están cogiendo mucho valor”, dice. Aun así, hay cosas que nunca cambian. “Se sigue consumiendo cerveza en el postdeporte como en el clásico bar de toda la vida. Lo que pasa es que antes era o Coca-Cola o cerveza y ahora hay más opciones”. Curiosamente, el plato más vendido aquí es también el sándwich de rosbif. Cuesta catorce euros. Qué hay detrás de este fenómeno El sociólogo Ángel Alonso Domínguez, profesor titular del Departamento de Sociología de la Universidad de Oviedo, afirma que lo interesante de esta tendencia es lo que nos enseña sobre las nuevas formas de relacionarnos, especialmente en las grandes ciudades. "Alguien puede empezar porque quiere correr, montar en bici, hacer yoga, pero continuar porque ha conocido a la gente", cuenta a El Confidencial. "También puede ocurrir al revés, que se llega buscando de alguna forma compañía, aunque se presente como una decisión deportiva." Foto: V. V. María Corredor (nombre ficticio) estuvo un tiempo yendo a correr en el club de running del bar Grupeta. Lo conoció gracias a un grupo de amigos que vivían por su barrio. "Está muy bien para hacer piña, apuntarte a carreras populares y se creaban grupos de WhatsApp. Me parece una forma guay de entrenamiento sin tener que pagar una cuota de gimnasio", declara a El Confidencial. "Luego el que quería, después del entrenamiento, se tomaba un refrigerio: una cerveza, una kombucha o un agua con gas". El hecho de que la mayoría de los emprendedores que ponen en marcha estos negocios ronde la treintena tampoco es casualidad. "Estas nuevas generaciones tienen otra perspectiva sobre el ocio, mucho más participativo; no se trata solo de sentarse a consumir, sino de hacer algo con otras personas y una cierta obligación de aprovechar bien el tiempo libre. Entrenar, cuidarse, socializar... En ocasiones también mostrarlo en redes", explica Ángel Alonso. "El deporte contemporáneo o actual no es solamente una actividad, sino que también puede convertirse de alguna forma en una identidad. No se corre solo por ser, no solo se monta en bici, sino que se entra en una comunidad ciclista y se comparten horarios, equipamiento, relatos sobre el esfuerzo y ciertos valores", comenta el sociólogo. TE PUEDE INTERESAR Los amantes de los bares de toda la vida —los de sentarse a comer churros y beber café torrefacto— no tienen por qué preocuparse. Según el experto, España es un lugar donde el bar nunca ha sido únicamente un lugar donde beber o comer. "Siempre ha sido una institución social, un espacio donde coincidir, donde hablar, donde intercambiar noticias, donde reconocer a otras personas", nos dice. "En todas las ciudades permanecen los bares más tradicionales como lugares de ese ocio de proximidad, de encuentro más cercano de siempre. Pero la sociedad demanda nuevas experiencias y, en este sentido, pues estos locales cumplen una nueva función social". Los bares, con barra o esterilla, seguirán, pues, siendo un punto de encuentro muy importante. Donde antes se brindaba, ahora también se estira. En palabras de Ángel Alonso: "Antes las relaciones empezaban delante de una mesa; ahora también pueden empezar corriendo cinco kilómetros".
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