Cuando uno se adentra en la histórica fábrica de Volkswagen, situada en su cuartel general en Wolfsburg (Baja Sajonia), se da cuenta de las dimensiones de la compañía y de la industria de automoción de Alemania. Con una superficie global del complejo, la fábrica más grande del mundo, de 6,5 millones de metros cuadrados, algo más que Gibraltar, es una ciudad en sí misma con líneas de autobuses y trenes para transportar a 60.000 trabajadores y hasta 4.000 coches diarios fabricados y sus componentes. Pero todo eso puede cambiar drásticamente en el futuro inmediato debido a la profunda crisis tanto del grupo como de la industria de automoción de Alemania, el primer fabricante de vehículos de Europa.

La locomotora industrial del continente empieza a griparse. Tras décadas siendo el motor económico de Europa gracias a gigantes como Volkswagen, Mercedes-Benz o BMW y a una poderosa red de proveedores (como Bosch o ZF), el sector afronta la mayor reestructuración desde la posguerra. Los anuncios de despidos ya superan los 150.000 empleos entre los grandes fabricantes y suministradores, un 20% del empleo del sector, mientras las estadísticas oficiales confirman que la destrucción de puestos de trabajo ya ha comenzado.