0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialNo sabemos qué hacer. Miramos fijamente al pajarito en el asfalto. Parece aturdido, con los ojos vidriosos. Se diría que es una cría de vencejo caída de un nido, pero a saber. A lo mejor se ha tirado. El enigma es por qué no vuela. Una chica opina que tiene rota un ala: está más alicaída, si te fijas. Me fijo. Aquí vamos a echar la mañana. Yo veo las dos igual de flojas, pero me lo callo. Solo comento discretamente que quizás le ha dado un golpe de calor y, si lo refrescamos, tal vez se recupere. Lo digo porque, hace años, resucitamos a un pajarito que tenía aún peor aspecto, con gotas de agua. No dábamos un duro y salió volando. Fue lo más vivo que sucedió aquel verano. WP / CCLa chica sigue a lo suyo. Mal asunto, un ala rota, dice. Yo insisto, para mis adentros, en el golpe de calor. Al final, solo vemos el mundo desde nuestra colección de anécdotas. Ella sugiere buscar en el móvil una unidad de socorro para aves, pero se va a comer. Yo busco unos versos de Bukowski que solía recitar un actor querido, no puedo evitarlo: “Hay un pájaro azul en mi corazón que quiere salir, pero soy demasiado duro con él, le digo, quédate ahí dentro, no voy a permitir que nadie te vea”. Pobre Bukowski, pobres hombres duros remojados en alcohol y pobre pajarito bajo el sol, pienso. Y, con un pañuelo, suavemente, como quien sostiene entre los dedos un corazón de alcohólico, lo llevo a la sombra de un limonero. Y voy a buscar agua.Al final, solo vemos el mundo desde nuestra colección de anécdotasA mi vuelta, hay un niño mirando el pajarito. No está donde lo dejé alicaído y, con aparente paciencia, logro que el crío confiese que lo ha movido él. Le digo que los pajaritos no se tocan, y menos este, que está a mi cargo. Pero el ave ahora corretea, no sé si por efecto de la sombra o del pánico. Cuando se detiene, como ido, le acerco al pico una hoja de hortensia con agua del vaso que dejo que sujete el niño, para que se sienta útil. No es cuestión de que se eche a llorar, o se endurezca de por vida, azulado como un Bukowski.El pajarito bebe que da gusto y nosotros nos vamos a comer con la mañana solucionada. Nunca sabremos si después no lo encontramos porque voló o porque se lo tragó un gato, pero al menos no quedó atrapado, azul, en nuestro corazón.