0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialAbrí el chat de mi barrio y supe que un vecino había perdido a un pato. Un aluvión de respuestas inundaba la pantalla. Docenas de vecinos ofrecían colaboración para encontrar al palmípedo: el chat enloquece cuando un vecino pierde a su mascota y el hilo era tan largo que no llegué a detectar el inicio del suceso. Me habría gustado saber cómo había llegado el pato a la vida de mi vecino, si era un pato extraviado al que refugiaba o si lo habría adquirido como mascota. Aproveché para averiguar si esto último es posible o normal y, de paso, si es legal. Averigüé que la ley permite tener patos en casa o bien “como animales de traspatio” que se crían para autoconsumo (no creo que fuera el caso), o bien como mascota, aunque esto último dependerá del futuro “Listado positivo de aves” de la ley de Bienestar Animal. Dani DuchEn resumen, que mi vecino perdió a un pato y que un gran número de vecinos volcaron en la pantalla un disgusto de proporciones bíblicas y una erupción volcánica de emoticonos afligidos, desesperados e incluso aterrados. Visto así, puede parecer hermoso. Solo que una semana más tarde se perdió un abuelo. Y me sorprendió que apenas media docena de vecinos nos interesáramos por su suerte. El silencio me resultó, digamos, interesante. Quiero pensar que fue por respeto. Tal vez, tras las docenas de declaraciones de amor y compasión prodigadas al pato, ya no se les ocurría cómo manifestar una aflicción que estuviera a la altura del abuelo, que a priori debía de parecerles (aunque nada es seguro) una desgracia más seria. Tampoco hay que descartar que a alguno le parezca más triste la pérdida del pato que la del humano.Se perdió un pato y un gran número de vecinos volcó un disgusto de proporciones bíblicasEl pato reapareció al día siguiente y fue recibido con cientos de aplausos y un pirotécnico de emoticonos felices. Del abuelo, nada se supo. Tal vez quien colgó el aviso pensó que no merecíamos ni las gracias. O que la disparidad de respuestas ante una y otra desgracia había sido demasiado notoria.Lo mejor de la experiencia fue que se me atascó en la cabeza O pato, una bossa nova del genial João Gilberto que en mi mente suena en bucle, aunque de la letra solo me sé un verso que me chifla: “A voz do pato era mesmo um desacato”. Y como es tremendamente pegadiza, cuando salgo a la terraza, la canto involuntariamente sin parar. También la bailo.
El pato, por Imma Monsó
Abrí el chat de mi barrio y supe que un vecino había perdido a un pato. Un aluvión de respuestas inundaba la pantalla. Docenas de vecinos ofrecían colaboración para encontrar al palmípedo: el chat enloquece cuando un vecino pierde a su mascota y el hilo era tan largo que no...









