La presión repetida contra el terreno engrosó la piel de unas plantas infantiles y dejó manchas oscuras asociadas a caminatas prolongadas. Los cambios químicos conservados en el cabello siguieron ese desplazamiento y situaron el ascenso final a la montaña como la última etapa de un trayecto mucho mayor. Esas señales pertenecen al Niño del cerro El Plomo, un menor de ocho o nueve años ofrecido durante una ceremonia inca de Capacocha en el siglo XV.
El largo viaje preparó al menor para la ceremonia inca
El análisis de isótopos de oxígeno e hidrógeno indica que el menor recorrió entre 2.600 y 2.800 kilómetros durante unos nueve meses, desde Cuzco hasta el valle del Maipo-Mapocho. Durante el trayecto, las comunidades de la ruta pudieron ofrecer alojamiento y alimentos a la comitiva.
Aquel recorrido formaba parte de una ceremonia organizada por el Imperio inca para unir territorios alejados con su centro político y religioso, mientras preparaba al niño para el sacrificio mediante desplazamientos prolongados y comidas rituales.
Cuando el cuerpo apareció en 1954 a unos 5.400 metros de altitud, los daños observados en los dedos llevaron a pensar que el menor había muerto por hipotermia. La nueva investigación, liderada por la Universidad de Valencia, publicada en Science Advances y difundida por Live Science, no halló inflamación ni degeneración compatibles con lesiones sufridas en vida por frío extremo.







