31 de julio, 2026 - 08h00Guayaquil es una ciudad que avanza en una región Costa muy acostumbrada a enfrentar desafíos de distinta naturaleza; y es que la sostenibilidad también se ha convertido en una forma de resiliencia, adaptación y visión de largo plazo. Nuestra región ha sido históricamente una zona de movimiento comercial, desarrollo industrial y actividad portuaria; realidad que también ha desarrollado la capacidad de transformación y adaptabilidad de la empresa, academia, sector público y organizaciones de la sociedad civil. Pero hoy nos enfrentamos a un desafío: ¿cómo seguimos creciendo a pesar de las advertencias y escenarios catastróficos, sin comprometer el futuro ambiental y social del país?En las últimas semanas he asistido a distintos espacios en Guayaquil que concientizan sobre la sostenibilidad; espacios de diálogo que toman intensidad y que demuestran que lo que muchos jóvenes algún día soñamos, no solo se está convirtiendo en realidad, sino que lleva años gestionándose y proyectándose principalmente para el mercado internacional. Estratégicamente hablando, el trabajo en sostenibilidad de la Costa está más avanzado de lo que muchos creen, pero sigue siendo poco comunicado y hace falta admirar casa adentro porque hace mucho tiempo se pasó del miedo a la acción.Yo personalmente fui por muchos años parte de ese liderazgo juvenil que concientizaba sobre los efectos de la realidad climática en Guayaquil y alrededores, que hablaba de los riesgos sobre el aumento del nivel del mar y las lluvias extremas asociadas al cambio climático, y aunque lo he seguido haciendo en mis actividades de voluntariado, debo reconocer que mi enfoque principal seguía siendo en los riesgos. Y es que tan solo en Guayaquil se ha experimentado un incremento en emisiones contaminantes y una creciente vulnerabilidad frente a fenómenos climáticos extremos. Por ejemplo, se estima que este año se forme un superfenómeno del Niño, con una intensidad histórica que no ha sido registrada desde 1877. Sin embargo, reducir la sos-tenibilidad únicamente a una narrativa de crisis limita su verdadero potencial. Por practicidad me limitaba a casos de éxito del extranjero, cuando en realidad ya existen empresas ecuatorianas que cuentan con décadas de trayectoria implementando prácticas de economía circular, eficiencia energética, medición de huella de carbono, proyectos sociales de impacto, y mucho más. De allí que destaco una realidad para algunos y oportunidad para otros. Mirar al dinamismo productivo de la región Costa a través del lente de la sostenibilidad –que comunica continuamente sus avances y comparte sus buenas prácticas con otros sectores– pueden posicionar a la región Costa como el motor costero de un avance sostenible sistémico, cuyo efecto multiplicador aporte al desarrollo económico de todo el país. Quizás así, el siguiente gran caso en sostenibilidad que el mundo estudie provenga de la región Costa del Ecuador. (O)