En la era de la acelerada transformación digital y la consolidación de México como uno de los centros financieros y de tecnología más dinámicos de América Latina, la ciberseguridad corporativa e institucional enfrenta un desafío de dimensiones inéditas.

A medida que las organizaciones incrementan de forma histórica sus presupuestos para levantar murallas defensivas, sofisticados cortafuegos y controles internos, las filtraciones masivas de datos y la exposición no autorizada de información estratégica continúan multiplicándose a un ritmo alarmante en el país.Sin embargo, detrás de estos incidentes rara vez se encuentra el mito del ciberataque de ciencia ficción capaz de perforar directamente los servidores centrales de una corporación.

Por el contrario, la puerta de entrada más recurrente, silenciosa y destructiva se localiza en el ecosistema de terceros: la cadena de suministro digital.

Proveedores de logística, consultorías administrativas, desarrolladores de programas informáticos y servicios de mantenimiento conectan sus redes diariamente con grandes empresas y dependencias gubernamentales, convirtiéndose en el eslabón más vulnerable del ecosistema.

Los ciberdelincuentes han descubierto que no necesitan derribar la puerta principal cuando pueden utilizar los accesos e identidades legítimas que las organizaciones otorgan a su red de proveedores.MILENIO platicó con Germán Patiño, vicepresidente senior de Ventas para Latinoamérica de Lumu Technologies, quien compartió su perspectiva para analizar la magnitud de esta ceguera operativa, las implicaciones económicas que devastan el valor de marca y los riesgos directos que estas fugas de datos representan para la seguridad cotidiana.