31 de julio de 202603:003'minutos de lecturaA tan solo 30 minutos de lancha desde Tigre, Isla Chaná ofrece una experiencia poco habitual en el Delta. Concebida como una reserva natural privada, la isla combina conservación, hospitalidad y propuestas de bienestar en un entorno donde el silencio y la biodiversidad son protagonistas. Pequeños cursos de agua delimitan el lugar y aportan encanto a la escenaInes ClusellasLa historia comenzó hace casi dos décadas, cuando sus propietarios buscaban un lugar donde desembarcar y vivir el Delta de una manera más profunda. Acostumbrados a recorrer la zona en lancha, encontraron una isla abandonada que antiguamente era conocida como “la playa”. El nombre no era casual: el lugar posee un raro banco de arena natural, formado por la influencia del río Uruguay, algo poco frecuente en el Delta, donde la mayoría de las playas fueron generadas artificialmente. Lo que terminó de enamorarlos fue la amplitud del paisaje. A diferencia del típico arroyo angosto y sombreado, Isla Chaná se abre hacia un gran frente de agua, con vistas despejadas. El muelle da la bienvenida bajo un plátano. A su lado, una garza mora, la garza más grande de AméricaInes ClusellasLa reserva incluye un cañaveral, especie naturalizada, además de otras exóticas que son típicas del paisaje del Delta. Durante el recorrido aparecen puentes artesanales realizados en madera, material que se mimetiza con el entorno. La historia del lugar está atravesada por relatos que forman parte del imaginario isleño. Muy cerca de la isla se encuentran los llamados “Bajos del Temor”, una zona de bancos de arena donde antiguamente encallaban embarcaciones que navegaban entre Colonia del Sacramento, Montevideo y Buenos Aires. Según la tradición oral, estos accidentes eran aprovechados por piratas que saqueaban los barcos varados. El recorrido se realiza a través de senderos, donde se van descubriendo especies de plantas, hongos y avesInes ClusellasLa figura de Mariquita sobresale en las leyendas: una mujer que habría sido la más temida de la región. Cuentan que, tras ser capturada junto a su banda, fue condenada a morir en estas aguas. Algunos isleños aseguran que, en noches de luna llena, todavía pueden escucharse los ecos de aquellos gritos. La reserva incluye un cañaveral, especie naturalizada, además de otras exóticas que son típicas del paisaje del Delta
Crearon una reserva natural privada en una isla abandonada del Delta
Una pareja proyectó un espacio de disfrute donde la naturaleza se expresa con una intensidad que sorprende incluso a quienes conocen bien la región









