Las últimas elecciones en Andalucía dejaron a Moreno Bonilla, el supuesto referente moderado (ma non troppo) de la derecha española, sin mayoría absoluta. A continuación, le obligaron a sumarse a la cada vez más extensa lista de dirigentes regionales del PP cautivos de Vox. No hubo más remedio que ceder para volver a habitar el Quirinale. Pero estas consecuencias disimulan otras menos evidentes, aunque no por eso menos trascendentes.El 17M es la primera evidencia categórica –las urnas, igual que el oráculo de Delfos, no siempre son claras y diáfanas, pero jamás nos engañan– de que el ciclo político conservador en el sur de España, ocho años después de su comienzo, ha alcanzado su cénit. Empieza el descenso. Moreno Bonilla ya conoce su techo electoral y sabe que tiene que ponerse a trabajar en serio para que su insuficiente suelo de votos no descienda más.A su vez, los comicios de esta calurosa primavera, los últimos del carrusel autonómico, certifican otro fenómeno político de largo alcance: la descolonización del imperium que, durante más de tres décadas y media, disfrutaron y administraron en solitario los socialistas en Andalucía.Esta etapa, en estos momentos, es un hecho tan remoto como el acta de emancipación de Estados Unidos de la metrópoli británica o la proclamación de la independencia de la India. Ninguno de ambos sucesos ocurrió de forma súbita: fueron el desenlace de procesos subterráneos previos, pero constantes, que acabaron por alterar el mapa del mundo.El portavoz de Adelante Andalucía, José Ignacio García, a su llegada a la sesión de control al Gobierno en el Parlamento andaluz EFE / José Manuel VidalLa decadencia del PSOE en el Sur, que tiene importancia en sí misma, pero también una clara lectura estatal porque sin un saldo electoral robusto en Andalucía conservar la Moncloa es una quimera, ha dejado de ser coyuntural para convertirse en estable y, quizás, también en irreversible.No solo porque los socialistas andaluces hayan extraviado su norte después de haber perdido el poder en el sur, o porque Moreno Bonilla sea ya, aunque es verdad que todavía a una década larga de distancia con respecto a Manuel Chaves, el presidente más duradero de la autonomía.El cambio obedece a una mutación sociológica dentro del electorado de izquierdas, cuyo viraje en las pasadas elecciones no fue fruto de una desafección puntual. Respondía a la aparición de otro referente político.El PSOE ya no es visto en Andalucía, su antiguo feudo, donde construyó la autonomía a su gusto, y de la que han vivido tres generaciones sucesivas de estirpes familiares, como una alternativa competitiva. Ahora representa un pasado que cada vez es más lejano. Para muchos jóvenes es el pretérito.La traducción electoral de esta desafección fue uno de los elementos más novedosos del 17M: los votantes de izquierdas, que no se quedaron en casa –la participación subió con respecto a convocatorias anteriores–, huyeron, igual que almas que lleva el diablo, de las listas socialistas. Y lo hicieron, por vez primera en la historia del autogobierno, de forma activa, no pasiva.2. La candidata del PSOE a la presidencia de la Junta, María Jesús Montero, comparece para analizar los resultados electoralesEFE/Julio MuñozSencillamente: prefirieron dar su apoyo a Adelante Andalucía, una fuerza política de origen anticapitalista e inspiración soberanista, similar a la CUP catalana, pero mucho más populista que dogmática, antes que al proyecto que encabezaba María Jesús Montero o votar al que lideraba, desde la confluencia entre Podemos y los comunistas, el veterano Antonio Maíllo.El sorpasso de Adelante Andalucía sobre Izquierda Unida –tres escaños más y 138.000 votos de diferencia en favor del nuevo partido andalucista que fundase Teresa Rodríguez, exmilitante de Podemos, y ahora dirige el gaditano José Ignacio García– es consecuencia de un hecho biológico.La vieja izquierda obrera, que nunca ha logrado salir de su condición de minoría parlamentaria, incluso durante la legislatura en la que gobernó en coalición inestable con los socialistas en Andalucía –primero con José Antonio Griñán, y después con Susana Díaz–, ha ido perdiendo el contacto con la calle y con la realidad. Sus líderes han envejecido y su discurso está atrapado dentro de unas retóricas y unas dialécticas antiguas.Andalucía es una sociedad contemporánea donde la economía digital ha multiplicado precariedad social, visible en el acelerado empobrecimiento de las antiguas clases medias, un mercado de vivienda imposible y la transformación del trabajo en un coste sometido a abaratamiento constante, en lugar de ser visto como un derecho y una herramienta de prosperidad.Adelante Andalucía, a pesar de profesar ideas colectivistas, ha sabido formularlas con un lenguaje nuevo y vincularlas con un nacionalismo andaluz que no es mayoritario, y que en buena medida enmienda al andalucismo de la segunda generación histórica, que se situó en sus comienzos en el socialismo de época, pero sin dejar de ser la expresión política de la idea de Andalucía que tenían las propias élites meridionales. No está preso de la obstinación identitaria, aunque la agite y la rentabilice.El candidato de Por Andalucía a la presidencia de la Junta, Antonio Maíllo, analiza los resultado electorales EFE/Mauri BuhigasLa competición entre las dos siniestras andaluzas parecía excluir al PSOE, convertido en una fuerza en decadencia, pero que, hasta ahora, parecía retener su condición de hipotética alternativa a la derecha. Esto ya no es así. El sanchismo es el gran lastre del PSOE en Andalucía. Y la tendencia de la sustitución, tras el pacto de gobierno PP-Vox, se ha acelerado.El último barómetro del Centro de Estudios Andaluces –una suerte de CIS meridional– desvela que, aunque Sánchez mejorase, en unas hipotéticas elecciones generales, los resultados electorales de María Jesús Montero, del mismo modo que Moreno Bonilla continúa siendo mejor candidato que Feijóo, es Adelante Andalucía –ahora por delante del PSOE– la fuerza emergente en el ámbito de la izquierda meridional y el posible embrión (social) de una alternativa contra la hegemonía de las dos derechas.Un 16% de los encuestados, frente al 12% que todavía confían en los socialistas, piensa que el soberanismo andaluz sería más eficaz a la hora de enfrentar los problemas de la región, que son –por este orden– el acceso a la vivienda, el grave deterioro sanitario, el desempleo y la clase política.La estima social de Adelante, traducida en los resultados electorales que dejaron al PP sin su mayoría parlamentaria, no es ya un problema solo para Izquierda Unida. Lo es también para el PSOE, a pesar de la gran distancia electoral que todavía mantiene con su nuevo competidor político.Adelante Andalucía no deja de ser una minoría parlamentaria –13 puntos y más de 546.000 votos saca el PSOE a los andalucistas de izquierdas–, pero su llamativa progresión electoral no parece un hecho anecdótico ni se debe solo a su condición de estación refugio. Está más vinculada al descontento del electorado progresista con PSOE e IU que a su programa soberanista.Los votantes de izquierdas buscan una marca política más cercana que no esté tan contaminada por los casos de corrupción y no parezca estéril en términos sociales. Es en esta grieta del PSOE, junto a la esclerosis de IU, donde Adelante Andalucía cuenta con potencial de crecimiento.Esto que sucede en Andalucía es un fenómeno político general. Las últimas elecciones regionales señalan que el descenso de los socialistas beneficia a los partidos de izquierdas con un sesgo regionalista o independentista.La crisis del PSOE no va a ser súbita porque, como ha escrito el historiador José María Fradera, los imperios no colapsan en una fecha concreta, sino que antes mutan e intentan conjurar su propia decadencia. Tampoco es necesaria una hegemonía alternativa al viejo ascendente imperial, que en el caso concreto de los socialistas meridionales está ya limitada al ámbito de la izquierda sentimental, para que se desate este proceso de sustitución.Basta con que comience. Puede incluso dilatarse en el tiempo. Pero, una vez que ha comenzado, difícilmente se detiene. “Cuando un imperio decae o comete errores, sus competidores aprenden de esta experiencia”, escribe Fradera. En Andalucía, este largo viaje ya ha comenzado para el PSOE. “La gloria es fugaz, la oscuridad es para siempre”, escribió –dicen– Napoleón.
Los socialistas y el final del ‘imperium’ meridional, por Carlos Mármol
Las últimas elecciones en Andalucía dejaron a Moreno Bonilla, el supuesto referente moderado (ma non troppo) de la derecha española, sin mayoría absoluta. A continuación, le obligaron a sumarse a la cada vez más extensa lista de dirigentes regionales del PP cautivos de Vox. No...






