0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialCuando el Sol desaparece, algunas vacas regresan al establo, los grillos empiezan a cantar y ciertas aves guardan silencio. Unos minutos después, cuando vuelve la luz, hay especies que entonan un segundo amanecer. No ocurre siempre ni en todos los animales, pero los eclipses solares ofrecen una oportunidad única para observar hasta qué punto la vida está gobernada por la luz. El próximo 12 de agosto, científicos de toda España aprovecharán la totalidad para intentar responder una pregunta que lleva más de un siglo intrigando a la biología. ¿Qué ocurre cuando la naturaleza cree que anochece en pleno día?Reacciones animales al falso anochecerLos eclipses solares totales son tan poco frecuentes en zonas habitadas y son tan breves que resulta extraordinariamente difícil estudiarlos. Los científicos apenas disponen de unos minutos para observar el comportamiento de los animales y cada eclipse atraviesa ecosistemas distintos, por lo que los resultados son difíciles de comparar. Aun así, más de un siglo de observaciones, desde los primeros registros sistemáticos en la década de 1930 hasta los estudios realizados durante los eclipses de Indonesia en 2016 y Norteamérica en 2024, dibujan un patrón común. Muchos animales reaccionan a la oscuridad repentina, aunque cada especie lo hace de manera diferente.La clave está en los ritmos circadianos, los relojes biológicos internos que sincronizan la actividad de los seres vivos con la alternancia diaria de luz y oscuridad. Estos mecanismos regulan cuándo conviene alimentarse, descansar o reproducirse. Pero un eclipse no dura lo suficiente para reajustarlos. Los cronobiólogos hablan de masking, un fenómeno por el que un cambio ambiental modifica temporalmente el comportamiento sin alterar el reloj interno. Los animales no interpretan que la noche haya llegado antes de tiempo; simplemente reaccionan a una oscuridad inesperada.Las respuestas más evidentes se observan en especies cuya actividad depende estrechamente de la luz, como los insectos. Las abejas reducen casi por completo sus vuelos y muchas regresan al panal durante la totalidad. En cambio, grillos y cigarras comienzan a emitir los sonidos propios del anochecer. En Indonesia se observó que los escarabajos peloteros interrumpían su actividad y se enterraban hasta que volvía la luz.No todos las especies ni individuos reaccionan igualLas aves protagonizan las observaciones más completas. Durante el eclipse total de Norteamérica de 2024, más de 10.000 voluntarios registraron el comportamiento de 52 especies mediante una aplicación móvil y una red de grabadoras automáticas. El análisis reveló que 29 modificaron significativamente sus vocalizaciones y que muchas iniciaron un inesperado “coro del amanecer” cuando reapareció el Sol, como si el día volviera a empezar.Durante un eclipse solar en mayo de 2012, los lémures de cola anillada del Centro de Monos de Japón en Inuyama se saltaron el desayuno y treparon entre árboles y postes para observar lo que sucedía AP PhotoEn los mamíferos también se han descrito cambios de comportamiento, aunque menos uniformes. Vacas y ovejas suelen interrumpir el pastoreo y agruparse como si el anochecer se hubiera adelantado. Algunas especies de murciélagos adelantan su salida, mientras que otras, como los zorros voladores observados en Indonesia, permanecen inmóviles. Los macacos de Célebes llegaron incluso a interrumpir su actividad y reunirse alrededor del macho dominante emitiendo vocalizaciones de alarma. En cambio, perros y gatos no muestran una respuesta característica, su comportamiento parece depender más del entorno y de la reacción de las personas que del eclipse en sí.La oscuridad repentina también altera el ambiente de lagos y océanos, donde se aprecia aumentos de la bioluminiscencia, reducción del movimiento natatorio de ciertos peces, menos movilidad en la columna de agua y cambios en la coloración corporal en algunos cefalópodos. Sin embargo, tras casi un siglo de observaciones, la principal conclusión es que no existe una respuesta universal. La intensidad de la oscuridad, la temperatura, la nubosidad, el momento del ciclo reproductor o incluso la presencia de seres humanos influyen en la reacción de cada especie.El eclipse del 12 de agosto ocurrirá al final de la tarde, cerca del anochecer en buena parte de la península Ibérica. Esa proximidad hace prever respuestas menos llamativas que en un eclipse a mediodía. Según los especialistas, para muchos animales supondrá poco más que un ligero adelanto de la hora de descansar.Sin embargo, el fenómeno ofrecerá una oportunidad única para ampliar ese conocimiento. Proyectos de ciencia ciudadana, como Ecoeclipse y TriEclipse, registrarán la respuesta de la fauna en centenares de puntos de la península. El primero instalará grabadoras para analizar cómo cambian las vocalizaciones, especialmente de aves y murciélagos, mientras que el segundo filmará el comportamiento de animales salvajes, de granja y de zoológico con la ayuda de voluntarios. A estas iniciativas se sumará la Asociación Ibérica de Zoológicos y Acuarios (AIZA), que coordinará grabaciones en una docena de parques para crear el mayor registro ibérico del comportamiento animal durante un eclipse total.