Durante el atardecer del próximo 12 de agosto, casi todos los ciudadanos que se encuentren en España mirarán hacia arriba. En la franja que cruzará el país de A Coruña a Palma, la Luna morderá el Sol hasta taparlo por completo y devolverá, durante poco más de minuto y medio, una noche impostada al final de la tarde. Será el primer eclipse total visible en España en más de un siglo. Un puñado de científicos, sin embargo, no estará pendiente del cielo, sino del suelo, donde colocarán sus grabadoras para escuchar el eclipse: quieren saber qué hacen los animales, en concreto aves y murciélagos, cuando anochece una hora antes de lo previsto.El proyecto se llama Ecoeclipse y surgió en la cabeza de varios investigadores. Entre ellos, Airam Rodríguez, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y especialista en el impacto de la contaminación lumínica sobre la fauna, e Irene Mendoza, de la Universidad de Sevilla, especializada en ecoacústica. La inspiración viene de Estados Unidos, donde un equipo colocó grabadoras durante los eclipses de 2023 y 2024 para estudiar los paisajes sonoros. En España vienen tres eclipses: el total de 2026, otro total el 2 de agosto de 2027 y uno anular en enero de 2028. Por eso, media docena de expertos que barruntaban la misma idea a pequeña escala se han encontrado y coordinado para hacerla a lo grande.La mecánica es sencilla y, sobre todo, barata. Cada investigador colocará grabadoras autónomas (cajas pequeñas que se dejan en el campo y registran solas) en algún punto de la sombra del eclipse, y las dejará grabando cinco días: dos antes del eclipse, el día 12 y dos días después. La idea es comparar qué “paisajes sonoros”, como dicen los investigadores, suenan a la misma hora los días sin eclipse, para después cotejarlo con el 12 de agosto y comprobar qué cambia. La ambición es llegar a unos 300 puntos en toda la península, Portugal incluido. Hay una condición contraintuitiva: los micrófonos no estarán donde mejor se observe el eclipse, sino en lugares aislados donde no se esperen visitantes. Como lo que ocurra en el cielo no es tan relevante, lo importante es que sean sitios donde, en ese momento, solo haya animales. “Nos da igual que no se vea bien: lo que queremos es escucharlo, no verlo”, resume Mendoza. “No queremos un montón de personas eufóricas viendo el eclipse”, explica Rodríguez. Esos puntos están separados al menos un kilómetro entre sí y en entornos naturales, no en pleno casco urbano.Las estrellas del experimento son los murciélagos, y la culpa la tiene el horario. Este eclipse ocurre al caer la tarde, más o menos una hora antes de que estos animales salgan de sus refugios a cazar. “Es fantástico, porque nos adelanta el atardecer”, dice Rodríguez. Con las aves la apuesta es más incierta: en agosto, la mayoría ha terminado de reproducirse y canta menos, aunque siempre queda alguna vocalizando en el crepúsculo. También se sumarán, por interés de otros colaboradores, grillos, saltamontes y cigarras, e incluso anfibios, aunque ahí, reconocen los investigadores, la tecnología aún cojea.Los animales suelen trastornarse con la noche en pleno día que provoca un eclipse. En 1932, la Sociedad de Historia Natural de Boston creó un comité que recopiló casi 500 observaciones de guardas, naturalistas y curiosos durante un eclipse total sobre el noreste de América del Norte. El repertorio es siempre parecido y algo teatral: los pájaros callan y se recogen, las abejas vuelven a la colmena, los grillos rompen a cantar como al anochecer y los animales nocturnos se activan, para regresar desconcertados a sus escondrijos cuando la luz vuelve de golpe. Un observador de New Hampshire lo dejó anotado con precisión de bibliotecario: durante la totalidad no se oyó nada salvo el chirrido de innumerables grillos. En el gran eclipse estadounidense de 2017, un rastreo de casi 700 observaciones ciudadanas confirmó el patrón, con las aves como protagonistas: unas enmudecían, otras arrancaban a cantar.La reacción depende del reloj interno de cada especie. Un estudio previo detectó que los animales de hábitos nocturnos tienden a vocalizar más durante el eclipse, y los diurnos, menos. De ahí que Rodríguez y Mendoza mantengan cierto debate sobre qué eclipse dará más juego: el de este verano al atardecer o el de 2027 a media mañana, cuando la oscuridad pille a las especies diurnas totalmente a contrapié. “Es la pregunta del millón”, dice Mendoza. La respuesta, de momento, es que habrá que verlo. O, en este caso, oírlo.Irene Mendoza cuenta que le mueve un interés adicional: la contaminación lumínica. Un eclipse, dice, “es como un experimento natural pero invertido”. Si cada año hay más luz artificial borrando la noche, aquí ocurre lo contrario: se apagan todas las luces de golpe. Y con ventaja añadida, porque a esa hora muchas farolas ni siquiera estarán encendidas, y en municipios como Pamplona se ha pedido al Ayuntamiento apagarlas durante la totalidad para lograr la mayor oscuridad posible. Es la ocasión perfecta para medir la plasticidad de cada especie: cómo de sensibles son a que la luz desaparezca de repente, y si las poblaciones más habituadas al resplandor urbano reaccionan distinto que las que viven a oscuras.Nadie va a escuchar a mano los miles de audios que se acumularán; sería imposible. El trabajo lo harán algoritmos de identificación automática como BirdNET, gratuito y ya afinado para aves y, con más esfuerzo, para murciélagos. Con anfibios e insectos la inteligencia artificial todavía no llega, así que las grabaciones se colgarán crudas en un repositorio abierto, disponibles para cualquiera. La idea es que dentro de unos años, “cinco o 500″, dice Mendoza, se pueda comparar lo que sonó bajo el eclipse de 2026. En paralelo, el equipo espera tener lista para la cita una app de ciencia ciudadana (EcoEclipse) para que cualquier ciudadano grabe con el móvil los sonidos de ese minuto y los suba. La idea, para este eclipse y el del año que viene, es responder a una curiosa pregunta: ¿Qué se escucha cuando, por un momento, se apaga el mundo?
Así es el proyecto que ‘escuchará’ el eclipse de Sol: ¿qué se oye cuando se apaga el mundo?
Una docena de investigadores repartirá grabadoras por España para registrar cómo reaccionan aves y murciélagos al falso atardecer del 12 de agosto












