Cuando la actriz Zendaya apareció en el photocall londinense de La Odisea de Christopher Nolan con dos discos de oro convertidos en pendientes, la polémica no tardó en desatarse. Las piezas, de entre 2.000 y 3.000 años de antigüedad, pertenecen al llamado tesoro de Ziwiye, hallado en el noroeste de Irán a finales de los años cuarenta y disperso después entre distintas colecciones internacionales.

La cuenta de una arqueóloga muy popular en redes, conocida como Dr. Z, avivó ampliamente la polémica calificando el gesto de Zendaya como “asqueroso”, al considerar que la procedencia de las piezas resultaba, cuando menos, dudosa. El debate se volvía aún más incómodo por un detalle que no pasó desapercibido: la actriz es estadounidense, precisamente el país que en esos días bombardeaba Irán. Pocos días después, la investigadora Emiline Smith, especializada en tráfico de bienes culturales, publicaba un análisis en el medio Hyperallergic que situaba el caso en un contexto mucho más amplio.

Según explicaba, la joyería Barron London, encargada de comercializar las piezas, aseguraba contar con documentación sobre su procedencia, aunque nunca la hizo pública. Fue el joyero Glenn Spiro quien transformó los discos originales en un par de pendientes engastados en oro de 18 quilates con diamantes, una pieza que el estilista Law Roach eligió después para completar el look de Zendaya.