Los últimos días de julio son una auténtica agonía para un corresponsal en Bruselas. No pasa casi nada. Justo antes del día nacional de Bélgica, que se celebra el 21 de julio, la capital comunitaria queda prácticamente vacía, con la inmensa mayoría de diplomáticos, funcionarios y trabajadores huyendo, con planes de regresar en la segunda mitad de agosto, cuando los niños vuelven al colegio. Es difícil encontrar algo de lo que escribir. La agenda política europea se encuentra detenida desde hace unos días y no parece que vaya a ocurrir nada. Parece. Porque cuando nadie mira, la UE sigue funcionando y teniendo debates complejos, aunque lo haga por debajo del radar. Antes de cerrar el curso político, los ministros de Asuntos Exteriores de la Unión dejaron dos espinosos expedientes abiertos en canal sin lograr un acuerdo en su última reunión de julio: por un lado, qué medidas se pueden tomar contra los asentamientos ilegales israelíes en Cisjordania, y por el otro, el vigesimoprimer paquete de sanciones contra Rusia. Los jefes de la diplomacia de los Veintisiete no se vuelven a reunir hasta un encuentro informal a finales de agosto, pero esperan que para entonces el primer asunto esté encaminado y el segundo completamente resuelto. ¿Cómo? Mientras nadie mira, la sala de máquinas de la Unión sigue funcionando durante unos días más en una habitación de techo y moqueta colorida, que contrasta con la inexistente luz natural de la sala, que se encuentra en el ya emblemático edificio Europa, o, como se le conoce en la burbuja de Bruselas, el space egg (el huevo espacial). La sede del Consejo, un espectacular cubo de cristal, compuesto por marcos de ventanas traídos de toda la Unión, tiene sus salas de reuniones en lo que su arquitecto defiende que es una linterna dentro de ese cubo de cristal, pero que el consenso bruselense considera inconfundiblemente un huevo. Es el comité de representantes permanentes (Coreper II), la reunión de embajadores de los Veintisiete ante la UE, que son los que en realidad lideran el trabajo del día a día del Consejo de la UE, el órgano que reúne a los representantes de los Estados miembros a diferentes niveles en Bruselas. Mientras el Coreper II se encarga de los asuntos más políticos (economía, política exterior, interior o el presupuesto de la Unión), el Coreper I reúne a los adjuntos de los embajadores y aborda asuntos más sectoriales y concretos (agricultura y pesca, mercado interior, por ejemplo). TE PUEDE INTERESAR Este miércoles, el día en el que habitualmente se celebra la reunión del Coreper II, los embajadores debían resolver los dos expedientes que habían quedado abiertos. En momentos de crisis, los diplomáticos, que están en la cúspide de un organigrama que incluye más de cien grupos de trabajo técnicos, se reúnen varias veces por semana para intentar desbloquear puntos bloqueados. Es el caso del expediente relacionado con las nuevas sanciones a Rusia, que han quedado congeladas por la oposición de Grecia, que está vetando el paquete pidiendo que haya cambios en la decisión de la UE de prohibir por completo que empresas europeas participen en el transporte de gas natural licuado (GNL) ruso a mercados que no son los de la Unión Europea. Los reperes llevaban ya un buen puñado de encuentros intentando desbloquear sin éxito la cuestión, sometiendo a su colega griego, Ioannis Vrailas, un veterano en las cuestiones comunitarias, a una fuerte presión. Parte del sueldo de un embajador representante permanente es aguantar miradas, enfados y ganas de cerrar expedientes y ser capaz de seguir diciendo "no" hasta obtener algo que sirva al Gobierno. Vrailas lo ha conseguido, para frustración de muchos de sus homólogos, que han tenido que dar su brazo a torcer. Claves de la sala de máquinas El órgano es la clave de funcionamiento del Consejo, una de las tres instituciones del proceso legislativo europeo, siendo las otras la Eurocámara y la Comisión Europea. De las tres, el Consejo es el menos conocido, el menos transparente y el más complejo. Y dentro del Consejo, el órgano menos conocido, menos transparente y más complejo es, sin lugar a dudas, el Coreper. En 1992, en Edimburgo, los líderes se comprometieron a dar una mayor transparencia al Consejo, y la entrada de nuevos Estados miembros, especialmente Suecia en 1995, hizo que la institución fuera algo menos opaca, aunque sigue siendo la más hermética. Los embajadores y los embajadores adjuntos son personas muy poderosas dentro de la estructura de la Unión Europea, aunque sean poco conocidos. Tienen que ser capaces de actuar con un alto grado de autonomía y asumir riesgos importantes en la negociación, conociendo bien los límites de lo aceptable para su gobierno nacional, pero en ocasiones teniendo que negociar bajo una importante presión y teniendo que tomar decisiones arriesgadas. Por eso muchos consideran a los 'reperes', como se conoce al embajador representante permanente, como un ministro más del Gobierno al frente de lo que es un auténtico ministerio: la representación permanente ante la Unión Europea suele ser la embajada más numerosa de las que tienen los Estados miembros, con centenares de trabajadores cubriendo todas las áreas sectoriales. TE PUEDE INTERESAR Los reperes están obligados a una vida que gira alrededor de esa reunión, tejiendo alianzas de manera continua, reajustándolas dependiendo de cada dosier, participando en encuentros paralelos con los embajadores que comparten su propio punto de vista u objetivo, con una vida social que en gran medida se articula alrededor de estas relaciones personales. Cena aquí, cena allá, recepción en esta embajada y en aquella otra. Aprenden a conocerse a nivel personal y eso forma parte del trabajo. El Coreper II, el ámbito más político y polémico, es mucho más duro, más agresivo, mientras que en el Coreper I los embajadores representantes adjuntos están obligados a cooperar de forma más permanente y técnica. Katrina Williams, que fue la última embajadora representante adjunta de Reino Unido ante la UE, recuerda en un artículo académico cómo se dividía en la burbuja de Bruselas al Coreper I y el Coreper II: uno era "una pelea en el barro y el otro una fiesta de abrazos". Los últimos días de julio son una auténtica agonía para un corresponsal en Bruselas. No pasa casi nada. Justo antes del día nacional de Bélgica, que se celebra el 21 de julio, la capital comunitaria queda prácticamente vacía, con la inmensa mayoría de diplomáticos, funcionarios y trabajadores huyendo, con planes de regresar en la segunda mitad de agosto, cuando los niños vuelven al colegio. Es difícil encontrar algo de lo que escribir. La agenda política europea se encuentra detenida desde hace unos días y no parece que vaya a ocurrir nada. Parece.
Cuando ya nadie mira hacia Bruselas, todavía quedan 27 diplomáticos manejando la UE
La Unión tiene todo un engranaje que sigue funcionando incluso cuando la agenda política se enfría. Esta semana busca desbloquear dos expedientes importantes








