Es difícil saber si la causa para erosionar la imagen progresista de toda la cadena es la veleidad de los espectadores o aquel diálogo de Ferreras con Villarejo en el que aceptaba dar una información “muy burda”

El verano es tiempo de programas que no requieran mucha atención y series de relleno, aunque las plataformas hayan cambiado algo la cosa. También de poner nota a la temporada. ¿Quién nos iba a decir hace apenas un lustro que Telecinco sería de nuevo la gran perdedora y que Antena 3 encadenaría ese mismo espacio de tiempo arrollando a sus seguidores? Mientras los de Mediaset seguían aferrados a los chismes de Cantora, que cada vez importan menos y lo que sorprende es que todavía importen algo, y a un ecosistema de tentadores, tronistas y exconcursantes de realities a los que aparean y/o enfrentan en favor del share, Antena 3 y su contenido familiar les adelantaron por la derecha. Y ya ni siquiera siente a Telecinco como rival; ese honor le corresponde a una TVE reforzada en todas sus líneas que, gracias al Mundial, termina el mes como líder indiscutible.

¿Quién nos iba a decir también que la lucha más emocionante iba a ser la de las hermanas menores? Con una Cuatro tan potente que ha llegado a sobrepasar a Telecinco gracias a una columna vertebral sustentada por Nacho Abad, Risto Mejide e Iker Jiménez, a los que no me dirán que no les vendrían pintiparados Pedrerol y su Chiringuito para completar el póker del desparrame mediático. Un auge tan impredecible como el declive de La Sexta. La cadena que nació joven y audaz, la cara progresista de Atresmedia, se desangra en audiencia a pesar de mantener intacta su estructura y su capacidad para responder en el acto a cualquier acontecimiento.