Ortega anuncia que no habrá más elecciones; Bukele busca convertirse en presidente eterno; Trump agita, otra vez, el fantasma del fraude, lo mismo que Petro. ¿Por qué las reglas de la democracia dejan de ser sagradas en las Américas?
Por Leonardo Oliva* / CONNECTAS**
“Kim Jong Dos”. El chiste, que circuló por la redes, comparaba a Daniel Ortega con el líder norcoreano después de que el jerarca sandinista anunció que no habrá más elecciones en Nicaragua. El humor a veces permite suavizar la tragedia: en el caso del país centroamericano, el entierro definitivo de la democracia a partir de la sinceridad brutal de Ortega. Un régimen que institucionaliza su dictadura tras años de simular elecciones en medio de una escalada autoritaria sin precedentes.
Nicaragua entró oficialmente así a la lista de las 92 autocracias que existen hoy en el planeta, según el Informe sobre la Democracia 2026 del Instituto V-Dem. Mientras tanto, solo hay 87 democracias, que el semanario The Economist divide entre 24 plenas y 63 defectuosas. Pero la democracia sigue siendo una rareza: el 74% de la población mundial (6.000 millones de personas) vive actualmente bajo regímenes autoritarios.
El Instituto V-Dem, que se dedica a monitorear el estado de la democracia en el mundo, alerta que esta experimenta un retroceso: ha vuelto a los niveles de 1978, con lo que los avances de la llamada “tercera ola”, que comenzó en los años setenta, se han desvirtuado casi por completo.













