La falta de un mercado de capitales único en la Unión Europea, tal y como denuncia Enrico Letta en su informe Much More Than a Market -Más que un mercado-, que la Comisión ha tomado como hoja de ruta, está haciendo que los ingresos transfronterizos por dividendos, intereses y regalías se graven dos veces: en origen y destino. Las normas actuales de la UE están elaboradas para evitar que esto suceda, pero implican un coste burocrático que asciende, según los cálculos de la propia Comisión, a 5.170 millones de euros al año a los más de 11 millones de inversores que hay en el Viejo Continente. Esto supone una media de 500 euros anuales solo en burocracia para una inversión.El sistema actual aplica una retención de impuestos que obliga a las empresas que pagan dividendos, intereses y regalías a inversores o empresas extranjeras a retener una parte del beneficio obtenido donde radica esa inversión. Es decir, las primeras retenciones fiscales se hacen en el país de origen, en lugar de en la residencia fiscal del inversor. Posteriormente, el fisco de destino volverá a aplicar sus tasas correspondientes, por lo que el contribuyente habrá pagado dos veces.

Por ejemplo, tal y como se ve en el cuadro, una persona o una empresa española que tenga ciertas inversiones en Francia por las que ha recibido dividendos, tendrá que abonar a la hacienda francesa un 3,72% de esos beneficios y, posteriormente, deberá pagar el 5,3% a la Agencia Tributaria.