El banco central de EEUU ha decidido continuar con los tipos de interés en el rango entre el 3,5% y el 3,75% por quinta vez consecutiva en la reunión celebrada este miércoles, la segunda con Kevin Warsh al frente de la institución. Ha sido una de las citas más controvertidas, con los mercados divididos respecto a la posición de la Fed hasta el último momento. En las horas previas, la probabilidad de que los tipos se congelaran en el rango establecido desde finales de 2025 era inferior al 70%, según reflejaba la herramienta FedWatch, de CME Group. Lo habitual es una probabilidad del entorno del 90% sobre el rango que acaba siendo anunciado por la Fed. Esta incertidumbre se debe tanto a la evolución de la inflación como al cambio en el último cuadro de puntos elaborado por el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés). En el documento, actualizado en junio, los gobernadores anticiparon una posible subida de tipos en 2026, en contraste con el recorte previsto hasta entonces. La duda es cuándo se producirá el aumento, algo para lo que la nueva Fed de Warsh da pocas pistas. Por el momento, la decisión traslada el debate a septiembre, aunque ya se ha producido este miércoles. Muestra de ello es que tres de los doce gobernadores han votado en contra de mantener los tipos y apostaban, en su lugar, por elevarlos ya en 25 puntos básicos. Estos han sido Beth Hammack, Neel Kashkari y Lorie Logan, de manera que Kevin Warsh y Jerome Powell han estado de acuerdo en mantener. A la espera de la rueda de prensa de Warsh, la Fed explica en su comunicado que la actividad económica se ha expandido "a un ritmo sólido a pesar de la elevada incertidumbre" por el conflicto en Oriente Medio y que el crecimiento de la productividad y la inversión de capital "son fuertes". Sí reconocen que la inflación "se mantiene elevada", pero lo circunscriben a "perturbaciones de oferta" en ciertos sectores, como el energético, y añaden su compromiso con la estabilidad de precios. Tras la decisión, las principales bolsas de EEUU han continuado en rojo. Especialmente el Dow Jones, con pérdidas del entorno del 1,4%, mientras que el S&P 500 solo del 0,3% y el Nasdaq del 0,1%. El contexto es difícilmente interpretable por varios motivos, tanto en el plano macroeconómico como en el puramente político de la institución. Por una parte, la inflación se sitúa considerablemente por encima del 2%. En mayo, tanto el CPI como el PCE, las dos mediciones de referencia en EEUU, informaron de que los precios del consumo habían crecido un 4,2% y un 4,1% interanual, respectivamente. La cifra de junio del CPI (equivalente al IPC de España) ha bajado hasta el 3,5%, en línea con la relajación de los precios energéticos ese mes por el acuerdo de paz entre EEUU e Irán, que prácticamente se volvió a romper en julio. La inflación de EEUU se sitúa ahora más de un punto por encima del nivel de 2025. Pero, al margen de la volatilidad de los precios, tanto el crecimiento del PIB como el desempleo se mantienen con un tono positivo, con un avance de la economía en el primer trimestre del 2,1% en términos anuales y una tasa de paro del 4,2% en junio. Por otra parte, a diferencia de la previsibilidad existente con Powell por su política de comunicación, las nuevas directrices de Warsh sugieren que la incertidumbre antes de cada reunión será más la norma que la excepción. En junio, el nuevo líder de la Fed defendió una reducción de la "orientación futura" que hace la institución a los mercados y a los agentes económicos sobre su política monetaria y anunció la puesta en marcha de grupos de trabajo para implementar reformas al respecto. Se espera que los cambios se empiecen a ejecutar a finales de año y queda en duda si la Fed seguirá elaborando el actual cuadro de puntos y las previsiones macroeconómicas trimestrales. El FMI pide comunicar la política monetaria Sin mencionar expresamente a la Fed, el FMI ya hizo una advertencia respecto a las políticas de comunicación de los bancos centrales en su último documento de previsiones, publicado en julio. En él defendía que, en un contexto de "elevada incertidumbre" como el actual, "la comunicación es en sí misma una herramienta de política monetaria", por lo que "los bancos centrales deberían indicar claramente cómo los datos que se van conociendo modifican el equilibrio de riesgos". También instó a preservar la independencia jurídica y operativa de los bancos centrales de las presiones políticas, especialmente cuando el episodio de inflación pospandémico ya ha “mermado la credibilidad”. En opinión del FMI, cuando las presiones inflacionistas son evidentes, pero temporales, y las expectativas de inflación permanecen ancladas, los bancos centrales deberían mantener los tipos reales. Sin embargo, si hay presiones de demanda y se procede de una situación previa de la inflación por encima del objetivo, los efectos de segunda ronda son más probables, por lo que "puede que sea necesario mantener la política monetaria más restrictiva durante más tiempo o endurecerla aún más para evitar el desanclaje". El BCE ha puesto en práctica ya esta segunda interpretación, subiendo los tipos en 25 puntos básicos en la reunión de junio y apuntando hacia un nuevo incremento en septiembre a pesar de que la inflación en las economías del euro ha repuntado menos que en EEUU y de que el crecimiento económico es sustancialmente inferior. Próxima ampliación El banco central de EEUU ha decidido continuar con los tipos de interés en el rango entre el 3,5% y el 3,75% por quinta vez consecutiva en la reunión celebrada este miércoles, la segunda con Kevin Warsh al frente de la institución. Ha sido una de las citas más controvertidas, con los mercados divididos respecto a la posición de la Fed hasta el último momento.