Muchas personas opinan sobre vidas ajenas sin haber atravesado las mismas dificultades. Desde la distancia resulta fácil señalar errores, cuestionar decisiones o repartir consejos, especialmente cuando nunca se ha sentido el peso real de determinadas experiencias. Sin embargo, no toda opinión tiene el mismo valor, porque comprender una situación requiere algo más que palabras: exige haber vivido circunstancias similares. En la sociedad actual abundan quienes creen tener respuestas para todo. Hablan de disciplina sin haber enfrentado carencias, de fortaleza sin conocer el sufrimiento y de valentía sin haber tenido que luchar contra el miedo o la incertidumbre. Esa actitud suele nacer más del ego que de la verdadera sabiduría. Corregir a otros puede convertirse en una forma de aparentar superioridad cuando, en realidad, no existe una comprensión genuina del dolor ajeno. Cada persona toma decisiones influenciada por momentos, emociones y dificultades que los demás muchas veces desconocen. Quien observa desde afuera rara vez entiende cuántas veces alguien tuvo que levantarse después de caer o continuar adelante aun estando emocionalmente agotado. Por eso es importante recordar que juzgar resulta sencillo cuando no se han recorrido los mismos caminos. PublicidadLa experiencia también enseña que no todas las críticas merecen atención. Algunas nacen del deseo sincero de ayudar, pero otras reflejan frustraciones personales proyectadas sobre los demás. Escuchar constantemente voces que no comprenden nuestra realidad puede generar dudas incluso sobre aquellas decisiones que, en su momento, fueron necesarias para sobrevivir o seguir adelante. Escuchar consejos puede ser útil, pero cada ser humano enfrenta batallas distintas. (O)Elio Roberto Ortega Icaza, mediador y abogado criminalista, El Coca