El Carmen de Viboral sigue preservando con orgullo la tradición del oficio alfarero. Sus cerámicas atraen a cientos de miles de turistas cada año. Entre tanto, los artesanos se preparan para el relevo generacional.
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A sus 19 años Berenice Zuluaga se cruzó con los caminos de la cerámica y, sin quererlo, descubrió un talento innato. Fue el día en que le pidió trabajo a don Alfonso Betancur, dueño de Cerámicas Continental, una de las industrias más grandes que existieron en El Carmen de Viboral. “¿Qué sabe hacer?”, le preguntó don Alfonso, y Berenice respondió: “Nada en especial”.
Él insistió: le preguntó para qué era buena en el colegio. Ella le dijo que era buena en pintura. En ese momento don Alfonso estaba buscando una decoradora para cerámica y la citó a prueba. El resultado fue sorprendente: parecía que Berenice llevara toda la vida pintando. “Resultó que yo tenía como el palito para pintar”, recordó. Y sí. Para Berenice, a sus 60 años, hoy es muy natural eso de salir a dar una vuelta, avistar una flor y pintarla en una pieza de cerámica recién salida del horno.
La decoración marcó desde entonces su vida. Fue el oficio que alternó con otros trabajos y que la sacó de la depresión cuando uno de sus tres hijos fue asesinado en 2002. Y ahora, desde que fundó Cerámicas Berez en 2004, su propio taller, es su oficio de tiempo completo.










