“No vine a negociar un programa para Argentina. No lo necesita”. La frase podría pertenecer a la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, quien esta semana en Buenos Aires descartó nuevos dólares para el país. Pero no: fue Christine Lagarde, su antecesora, quien dijo esa frase en marzo del 2018, cuando también vino de visita en el marco del G20 en una charla en la Universidad Torcuato Di Tella. Dos meses después, en mayo, el gobierno de Cambiemos cerró el acuerdo más grande en la historia del organismo por USD 57.000 millones.

Aunque la titular del Fondo paseó junto al presidente de YPF, Horacio Marin, por Loma Campana, el área de principal desarrollo de Vaca Muerta para mostrarle de dónde saldrá una catarata de dólares que pueden cubrir los compromisos con la entidad, el contexto electoral en el que entrará Argentina siembra dudas. ¿Alcanza con la cuenca neuquina y la promesa del Gobierno de que la dolarización preelectoral no volverá a suceder?

El 2027 luce desafiante: casi USD 25.000 millones en vencimientos en moneda extranjera, en un contexto de elecciones presidenciales y una cuenta con el Fondo que se invierte y exige pagar más —USD 7.500 millones— de lo que desembolsará la entidad —USD 1.700 millones—. El ministro de Economía, Luis Caputo, dijo tener todo controlado con la presentación del programa financiero. Pero, aún con la demanda más calma, las ansias dolarizadoras nunca cesaron, cambiaron de forma, y para el próximo año nada asegura que presión financiera estará dormida.