Vaca Muerta dejó de ser una promesa geológica para convertirse en una realidad económica. La producción de petróleo y gas crece de manera sostenida, las inversiones comienzan a consolidarse y la Argentina vuelve a ocupar un lugar relevante en el mapa energético mundial. Sin embargo, el verdadero debate recién comienza: ¿el país se limitará a exportar recursos naturales o aprovechará esta riqueza para impulsar un proceso de desarrollo industrial, tecnológico y logístico capaz de transformar su estructura productiva?
La respuesta excede al sector energético. De ella dependerá si Vaca Muerta queda en la historia como un exitoso proyecto extractivo o como el motor de una nueva etapa de crecimiento económico para la Argentina.
Las cifras permiten dimensionar la oportunidad. Diversas estimaciones sostienen que la formación aún no alcanza el 4% de su potencial de desarrollo. Si esa proyección se concreta, la cuenca neuquina podría superar en el mediano plazo los actuales niveles de producción de Brasil y posicionar a la Argentina entre los principales productores de energía del hemisferio.
Kristalina Georgieva se saca la foto en Vaca Muerta mientras busca garantizar que haya dólares para pagar








