Fare casinoNadie parece advertir que el ciclo del corrupto est� a punto de volver a empezarV�ctor de Aldama, a la salida del Tribunal Supremo.EFEActualizado Lunes,

julio

23:39Audio generado con IADurante los recesos del Tribunal Supremo las periodistas devoraban a V�ctor Aldama con la mirada. Sobre todo una, agarrada a su estela como las WAGs se agarran a los balones de los futbolistas. Hab�a un peloteo hip�crita en los corrillos. Es obligatorio re�r las gracias a las fuentes, aunque hagan malabares con los delitos mientras esperan a que se reanude su juicio en la Sala Segunda del Tribunal Supremo. Pero los ojos no mienten. Aldama ya era considerado, antes de ser reconocido judicialmente su estatuto de liberado delator, el mejor aliado del antisanchismo, la furia opositora que sostiene la teor�a de la persecuci�n al Gobierno, otra magufada difundida por los camellos que pasan el argumentario y por los comunicadores a sueldo. La derecha rebelde, de serie B, canalla como un carpe diem tatuado en el empeine, tan indignada con la corrupci�n, acoge al corrupto Aldama. Darle cobijo, sacarlo de la mendicidad p�blica, manda mensajes contradictorios sobre limpiar las instituciones y regenerar la democracia. Nadie parece advertir que el ciclo del corrupto est� a punto de volver a empezar. Aldama abraz� a Espinosa de los Monteros en la presentaci�n de la Fundaci�n Atenea. Posee una parcela en los plat�s de televisi�n, donde canjea su sue�o de obtener la credencial de famoso. Al final ha conseguido ser alguien reconocido como una superestrella, aunque sea como mascota del post 78, esta �poca donde ya no quedan asuntos importantes. Solo virales.Los aspavientos han acabado matando el parte m�dico. As�, el muerto, o sea, Pedro S�nchez, siempre est� vivo. Hay una oportunidad de redenci�n. Julio Mart�nez, Julito, el amigo de Zapatero, ha decidido largar. A favor de la democracia juega que no tiene la percha de bombero de Aldama, lo que siempre acaba por complicar las cosas. Podr�a estar bien no montar alrededor de su confesi�n una celebraci�n en Cibeles, amarrar a algunos crooners de la informaci�n, mantener el tipo. Disimular, a fin de cuentas, que somos un pa�s sin remedio, tan cateto para los asuntos del prime time: se le perdona todo a cualquiera que haya estado cerca de cualquier meollo. Estar�a bien recoger la confesi�n que puede condenar al faro moral de la izquierda y despu�s enterrar a Julio Mart�nez en un sarc�fago a medida para que no pueda contagiar su corrupci�n. Por muchas periodistas que quieran sacarle todo el jugo.